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El sargento Castillo regresa a San Esteban

El agente de la Guardia Civil ha estado seis meses en una operación de la ONU en El Líbano

Ana Hernando
22/05/2018

 

El sargento de la Guardia Civil del cuartel de San Esteban de Gormaz, Francisco Castillo Abeijón, regresa hoy de El Líbano a San Esteban de Gormaz, después de seis meses de trabajo en la base Miguel de Cervantes de Majaryún donde ha formado parte de la Operación Libre Hidalgo 28 de la ONU junto a otros casi 600 efectivos militares, entre los que se encontraban 12 agentes de la Benemérita.

Vuelve con una grata experiencia y «muy contento y orgulloso», como destacó el agente desde la base militar. Desde el punto de vista laboral ha logrado «cumplir un sueño», y ha logrado aprender mucho, ya que durante estos 24siete, como denominan internamente al sistema de trabajo que conlleva permanecer activos 24 horas al día los siete días de la semana, trabajando con contingentes de otros países y tratando de «entender lo que se entiende», en referencia al conflicto entre Libia, Siria y Líbano, que es «indefendible», pero donde existe un gran contraste en la realidad local, ya que mientras en Beirut existe un poder adquisitivo alto, con personas disfrutando de un nivel de vida superlativo, en la zona sur, sus habitantes no tienen ni para comer, ni para vestir, según explica Castillo, recordando a los refugiados. Precisamente, al sargento sanestebeño uno de los aspectos que más le marcó, fue cuando visitó Ein El Hilweh, el mayor campo de refugiados palestinos en el Libano, situado al sur de Sidón donde en dos kilómetros cuadrados viven 90.000 personas, y donde no entra ni policía ni ejército debido a la peligrosidad que existe. «Imagínate meter a toda la provincia de Soria en dos metros cuadrados, todos refugiados palestinos», explica Castillo quien destaca «el polvorín que puede ser eso». «Fue un sitio peculiar que contrata», recuerda el agente.

El Líbano tiene una extensión de 10.450 kilómetros cuadrados y unos cinco millones de habitantes, de los que 1.500.000 son refugiados, un tercio de la población. La densidad de población es de 400 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los nueve que tiene, por ejemplo Soria. Y además tienen racionamiento de suministro eléctrico por parte del Estado ante la falta de recursos energéticos e infraestructuras y la población solo dispone de electricidad unas horas al día y a las seis de la tarde se corta el suministro y se apagan las farolas, por eso solo los que dispongan de generadores privados podrán seguir contando con luz, como ocurre en los edificios particulares, que suelen ter generador particular.

En estos seis meses ha recorrido 15.000 kilómetros realizando reconocimientos y patrullas por casi todo el país o Israel, contemplando los contrastes tan extremos que existen y así también ha conocido o visitado a representantes de las 18 religiones que conviven en el país, como maronitas, ortodoxos, melquitas o drusos entre otros.

Pero, para el sargento ribereño, lo que más pesa de esta experiencia es «la distancia de la familia», «empiezas a valorar las cosas», asegura el sargento sanestebeño, quien reconoce que en el Líbano ha aprendido a dar prioridad a determinadas cosas de la vida diaria, de hecho «ordenaría de nuevo las prioridades de mi vida», afirmando que aspectos que antes podrían figurar al final de la lista ahora les daría más valor, una enseñanza que «todo el mundo debería vivir», porque como él mismo explica «estamos acostumbrados a mirar hacia delante, pero no a mirar hacia nuestro lado y no nos vendría nada mal». «Se hace uno más humano en todos los aspectos, el 24siete te marca muchísimo», añade, asegurando que la vida en España continúa y al estar en el Líbano, los compañeros se convierten «en el brazo en el que te apoyas».

En lo laboral, además, para Francisco Castillo estar en el Líbano «es un orgullo venir representando a España y hacerlo como Guardia Civil» y durante estos seis meses se ha dado cuenta del reconocimiento que tiene el cuerpo de la Benemérita entre el resto el resto de las naciones. «Gozamos de un gran prestigio y hemos podido mantenerlo», explica, mientras añade que gracia a su puesto de trabajo en la base ha podido viajar mucho, acompañar a personalidades, cruzar la frontera y visitar Israel y ver el conflicto desde un lado y otro de la valla.

«Te da la impresión de que el problema pasaría por ceder alguna de las dos partes», explica Castillo, quien pone como ejemplo que «en esta vida siempre tienes que perder algo para ganar» y por eso destaca el papel de la Naciones Unidas que intenta solucionar este conflicto, aunque «no tiene la varita, no depende de ella sino de las dos partes». Por eso el método de trabajo también cambia, como cambia el entorno, ya que cobra más fuerza la seguridad de los ciudadanos. «Cada vez gana más aceptación entre la población libanesa el trabajo que desarrolla la Guardia Civil», explica mientras reconoce que se han impartido charlas de seguridad vial, de riesgos de internet, similares a las que imparte en centros escolares o asociaciones del municipio de San Esteban de Gormaz, solo que se han impartido entre la población musulmana del Líbano, entre los que han tenido muy buena aceptación.

Ha habido muchos momentos para recordar, algunos de contrastes de seguridad, como ver cuando están a 40 kilómetros de Damasco llevando una vida normal y al como al otro lado de la ladera del monte del Golán se están desarrollando conflictos tan devastadores como los que salen en las noticias. «Esto no tiene fin, es un país de contrastes, puede estar cayendo misiles y bombas al sur del país y en la zona norte tener una vida política y social de absoluta normalidad», explica Castillo, para el que el diálogo con la población local ha sido muy enriquecedor porque también le ha permitido observar como el país está llevando a cabo un ligero desarrollo, al que también han contribuido desde la Guardia Civil, «hemos formado a la policía que antes no existía, se ha formado a la población en agricultura, ganadería, para que aprenden a vacunar a sus animales», explica el agente gallego afincado en San Esteban de Gormaz. Aunque «es más lo que aportamos que lo que recibimos», según reconoce Castillo, lo cierto es que «nos damos cuenta de que nuestro avance podemos explotarlo y hacérselo llegar al resto de países».
En el día a día se observa que los habitantes del Líbano conviven con absoluta normalidad, al margen del desarrollo bélico o político, con el que han aprendido a convivir y no están ante un país parado, porque la población considera que repetirán la guerra, pero eso no frena su desarrollo.

Una experiencia que no solo han obtenido lo agentes desplazados en misión al Líbano, sino que observa que también realizan tanto asociaciones como ONGs o personas anónimas que trabajan a favor de los habitantes del Líbano, como el caso de los hermanos maristas españoles que han creado un colegio donde dan de comer y educación a niños refugiados sirios.

La misión en Líbano, comenzó cuando se inició el conflicto entre Líbano e Israel hace once años, tras una guerra civil que duró hasta los años noventa, a la que siguió un proceso de recuperación hasta el año 2006, cuando sufrieron la guerra del Líbano con Israel, en la que intervino la ONU. Entonces se aprobó la resolución 17/01 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2006 que estableció un despliegue para el cese de hostilidades y apoyo a la independencia del Líbano como país, ejerciendo una función de mediador y llevando la presencia de hasta 15.000 del contingente del ONU, que actualmente está formado por 10.000 efectivos de Serbia, Italia, Líbia, Francia, China o España que están trabajando en el fin de las hostilidades.

Ahora, que llega el momento de retornar sigue manteniendo el agradecimiento de cuando se fue, «a los de siempre, porque venimos aquí pero detrás hay muchas personas que hacen posible que nuestro trabajo se pueda llevar a cabo», en su caso su familia y el vínculo con San Esteban de Gormaz, que gracias a las nuevas tecnologías hacen posible comunicaciones frecuentes y poder recibir mensaje de ánimo y cariño de la localidad soriana o de Galicia «que son los que te hacen tirar para adelante», explica a pesar de que en ocasiones se sienten impotentes ante la situación de conflicto.

En su maleta cuando aterrice mañana en España se traerá también las vivencias con personas con las que ha trabajado estos seis meses, cuyo círculo se ha ido abriendo en este tiempo. Además de buenas sensaciones, recuerdos y la satisfacción de un sueño cumplido.

Ayer, cuando sobrevolaba el lugar donde ha estado trabajando estos seis meses también recordaba que durante medio año, en el corazón de Líbano ondeó la bandera que le entregó el pueblo de San Esteban de Gormaz el pasado 12 de octubre, en la conmemoración de la festividad del Pilar, «un amplio porcentaje del contingente español ha oído la palabra San Esteban».

Ante tan grata experiencia no tendría inconveniente en repetir dentro de un tiempo, aunque ahora su sueño más inmediato es volver a abrazar a su familia.

 

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