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TRIBUNALES

El marido de la Duquesa Roja sí dejó embarazada a la criada

HDS
06/12/2018

 

Rosario Bermudo es efectivamente hija de Leoncio González de Gregorio, el marido de la XXI duquesa de Medina Sidonia, Luisa Álvarez de Toledo, y persona muy vinculada a la comarca del Izana. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 77 de Madrid sentenció que la hija de la criada lo era también del duque consorte. Más allá de la filiación, el reconocimiento oficial abre la puerta a un nuevo reparto de herencias que puede sacudir una de las ramas más rancias de la nobleza española.

La demanda recogida el 15 de enero de 2014 manifestó «que el nacimiento de doña Rosario Bermudo Muñoz fue fruto de las relaciones íntimas extramatrimoniales» entre su madre y el marido de la conocida como Duquesa Roja cuando la primera «entró a trabajar como sirvienta» en una vivienda de la familia, trasladándose incluso a Badajoz con ellos durante el verano.

Siempre según la demanda recogida en la sentencia una vez conocido el embarazo «por los propietarios de la casa en la que trabajaba, los mismos prescindieron inmediatamente de sus servicios por tratarse de relación extramatrimonial entre personas de diferente estatus económico–social». No obstante Leoncio González de Gregorio la reconoció «como hija suya en testamento abierto otorgado».

El proceso, eso sí, deja por el camino detalles dignos de una novela. Por ejemplo la demanda señaló «que doña Rosario ha contado con escaso número de pruebas que pueda presentar como indicio de la filiación extramatrimonial, especialmente por el mutismo con que su madre ha mantenido siempre su relación con don Leoncio, por lo que contrató los servicios profesionales de un detective» para recabar datos que sostuviesen su pretensión.

Una de ellas se logró «tras llevar a cabo las investigaciones pertinentes y el seguimiento oportuno», cuando «se hizo con una botella de agua que tras ser bebida» por uno de los hijos reconocidos «fue arrojada por el mismo a una papelera» en su lugar de trabajo. Del recipiente se extrajo el ADN, concluyendo que la probabilidad de que hubiese una media hermandad ascendía a un 99,58528%.

Hubo herederos reconocidos de González de Gregorio que contestaron a la demanda reconociendo los hechos «por manifestación directa y expresa de la madre de los mismos, mostrando su conformidad con la demanda a excepción de que se les impusieran las costas». El hermano que había bebido la botella de agua, eso sí, manifestó «el disgusto por la manera en la que se había logrado la prueba de ADN» por una «posible conculcación de derechos, además de que se había roto la cadena de custodia». Incluso otro de los herederos reconocidos directamente se opuso a toda la demanda al entender que sólo una exhumación de su padre –como así ocurrió– brindaría una prueba irrefutable.

Como se refleja, ni siquiera entre hermanos hubo unidad en este asunto. Finalmente se procedió a «la exhumación de los restos cadavéricos de don Leoncio González de Gregorio» y el Servicio de Biología emitió su dictamen el 17 de abril de 2017, a la postre definitivo para la sentencia.

En el juicio Rosario Bermudo afirmó que por ejemplo su madre, al nacer ella «la iba a dejar en la inclusa pero decidió que si sus padres la cuidaban dejársela a ellos»; que Leoncio González de Gregorio sabía de su existencia porque su madre se lo transmitió al duque consorte; o «que en su pueblo era público y notorio quién era su padre y la llamaban La Condesita».

La prueba al cuerpo del duque consorte, tomando muestras de «mucosa oral» y de «pieza dental proveniente del cadáver exhumado», arrojó un resultado claro. «El informe es definitivo respecto de la paternidad de don Leoncio respecto de doña Rosario Bermudo Muñoz» tras emplear «técnicas de amplificación genética». En cifras, la «probabilidad de paternidad es del 99,999999999994%», o de una entre 15 billones de que nos sea así.

De esta forma, «el Registro Civil Único de Madrid debe proceder «a la rectificación del primer apellido de la inscrita como Rosario Bermudo Muñoz, que pasará a apellidarse González de Gregorio». Las costas recaen en los hasta ahora únicos herederos, que tendrán 20 días para recurrir la sentencia.

 

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