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Los matemáticos ya no quieren ser profesores

Faltan 300 en España, 100 de ellos en los institutos de Castilla y León. Gozan de pleno empleo porque se los rifan las empresas tecnológicas, financieras y auditoras. Las erráticas oposiciones de los últimos años, con plazas a cuentagotas, han dado la estocada a la menguante vocación docente

ESTHER NEILA / VALLADOLID
04/10/2018

 

Es la asignatura hueso por antonomasia y lo seguirá siendo si no hay profesores capaces de contagiar su pasión por las cifras. Las oposiciones de Secundaria han vuelto a poner sobre la mesa un problema que los expertos veían venir hace una década:los profesores de matemáticas están en números rojos en España.

Las plazas sin cubrir tras esta convocatoria son 300 en el conjunto del país, según el sindicato Csif, un tercio de ellas en Castilla y León: 100 puestos se han quedado sin dueño. El dato hay que ponerlo en contexto: en los institutos de la Comunidad trabajan, en total, 705 docentes de esta asignatura. De ellos, 307 son interinos, lo que sitúa su tasa de interinidad por las nubes, en el 44%, frente al 18% de media en Secundaria. 
Varios factores concurren para explicar este déficit de profesores. En primer lugar, «la fuerte demanda del sector privado» está absorbiendo las hornadas de egresados, que ya no ven en la docencia la «salida principal» al mundo laboral, explica Philippe Giménez, coordinador del grado de Matemáticas en la Universidad de Valladolid (UVA).

El auge de las compañías tecnológicas, de innovación, marketing o de procesamiento masivo de datos, así como empresas financieras y auditorías se rifan estos perfiles. Por su versatilidad, ahora mismo los matemáticos pueden ser reclutados «tanto para dirigir campañas electorales como para trabajar con big data».

Reduciéndolo mucho, podría decirse que un matemático se dedica a solucionar problemas. Y esa cualidad resolutiva es muy demandada por los gestores de recursos humanos. «La sociedad es cada vez más compleja y los problemas que se plantean también lo son», sostiene el responsable de la titulación en la UVA. «Los estudios nos entrenan para resolver de forma sintética y eficaz cualquier tipo de problema», agrega.

Los planes de estudios aportan «una formación generalista» muy valorada por las empresas, que «prefieren a alguien que sepa un poco de todo para luego formarle en algo específico», apostilla Edgar Martínez, profesor de la UVA y miembro de la comisión de oportunidades laborales de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).

Los matemáticos meten en su mismo saco a otros colegas de la rama de Ciencias como físicos o estadísticos, que también eran «bichos raros» hace no tanto en las facultades españolas y ahora comparten esa situación de pleno empleo tan envidiada en otros sectores desde que estalló la crisis. 
Por ejemplo, el pinchazo del ladrillo y la pírrica contratación de obra pública condenó al desempleo a numerosos arquitectos e ingenieros cuyo futuro pintaba boyante diez años atrás. Son, precisamente, esos perfiles los que ahora reconducen su futuro hacia la docencia. Desde la Consejería de Educación aseguran que la mayoría de los aspirantes a dar clase de mates son titulados de otras carreras. ¿Resignación o vocación docente tardía? Es de suponer que habrá de todo.

Ese ‘intrusismo’ puede explicar, en parte, la tasa de suspensos en la fase de oposición: de las 160 plazas que salieron en primavera, sólo hubo 60 aprobados. La «dificultad» de la prueba y el «escaso tiempo» para realizarla son factores que añade Isabel Madruga, responsable del área educativa en Csif, que reclama una prueba única que evalúe los conocimientos y la capacidad pedagógica de los futuros profesores.

Edgar Martínez corrobora que la carga matemática ha menguado en los planes de estudios de otras titulaciones. Antes un arquitecto o un ingeniero podía tener tres o cuatro asignaturas a lo largo de la carrera. Ahora, algunos alumnos sólo la cursan en primero.

En un informe de 2007, la Sociedad Matemática en colaboración con la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) alertó de la falta de matemáticos. Ya entonces se veía «la tendencia». Los recortes educativos –con la paralización de oposiciones y plazas sacadas a cuentagotas– han dado la estocada a la maltrecha vocación docente, acentuando este «grandísimo trasvase» al sector privado. «Sí que hay chicos decididos a hacer el máster de Secundaria y opositar, pero tienes que invertir dinero y varios años y si entre medias se cruza una empresa con una oferta...», reflexiona Martínez. «A lo mejor ahora no se valora tanto tener un puesto estable, pero más de uno se lo pensaría si salieran más oposiciones», agrega.

Quienes llevan años ejerciendo al pie de la pizarra cuentan que, en su época universitaria, estaban abocados a dar clase. Su «meta» era «sacar el CAP» y ser profesores de instituto. Hoy las opciones se han multiplicado. Sólo la RSME publica cada semana una docena de ofertas de trabajo en su boletín. Es raro encontrar alguna en Castilla y León.

Este escenario acentúa la sangría demográfica que esta tierra ya sufre sin torniquete. Exceptuando «tres o cuatro empresas fuertes de Boecillo», la Comunidad carece de un tejido empresarial capaz de integrar este talento. Ylos graduados seguirán mudándose para fichar por multinacionales y grandes consultoras implantadas en grandes ciudades como Madrid o Barcelona.

La falta de profes «preocupa» y mucho «a todos los estamentos educativos», indica Encarnación Reyes, profesora de la UVA y presidenta de la Asociación Castellana y Leonesa de Educación Matemática Miguel de Guzmán, que engloba a 330 profesores, en su mayoría de Secundaria, pero también de colegios y universidades.

En su opinión, la solución pasa por «tratar bien a los enseñantes» y revalorizar la profesión docente. El espejo a «imitar» está en los países nórdicos, donde los puestos de profesor están ocupados por los mejores de cada rama de conocimiento y gozan de gran reconocimiento social.

Edgar Martínez apunta que el «desprestigio» de la labor docente va más allá del nivel salarial. «Nunca he oído a los profesores quejarse tanto por el sueldo como por su estatus social o por las presiones que sufren por parte de los padres y de la administración», argumenta. Eso es lo que provoca el «gran desánimo» entre los «colegas de instituto».

Aun no siéndolo todo, el salario contribuye a la cotización del oficio. Un profesor raso cobra 30.000 euros brutos al año en Castilla y León, un sueldo que puede ir creciendo con la experiencia y alcanzar los 42.000 euros con complementos y sexenios. Si, además, se ocupa un puesto de responsabilidad, llegaría a 49.000 euros. Ese es el techo económico y profesional, porque las posibilidades de promoción terminan ahí, en el despacho del director.

En las empresas, entretanto, el sueldo empieza siendo menor, pero enseguida engorda. Y no hay más límite que la oferta y la demanda, lo cual ahora mismo favorece jugosas nóminas. Según los datos de la Sociedad Matemática, el 25% de los matemáticos empleados en una empresa gana más de 45.000 euros. Y el 14% supera los 50.000.

Estos datos se sostienen porque hay pleno empleo. La tasa de paro es estructural, del 8%, según la EPA. Quien no trabaja es porque no quiere. 
Ese mensaje de que ‘su futuro está garantizado’ ha ido calando y ahora hay lista de espera en las facultades. En consecuencia, el acceso a la carrera está reservado a los alumnos que conforman la élite del bachillerato.

La carrera se estudia ya en 34 facultades del país. En Castilla y León sólo se imparten grados de Matemáticas en las universidades de Valladolid y Salamanca.

La UVA ofertaba hace una década 30 plazas en la licenciatura y bastaba un cinco raspado para entrar porque ni siquiera se cubrían todas. Hoy, pese al aumento de plazas –55 este curso– es una de las carreras más deseadas. Y las notas de corte no dejan de crecer:un 10,66 sobre 14 para el grado simple, un 11,97 para el doble grado con Informática y un 13,06 para el doblete con Física, la puntuación más elevada de la UVApor segundo año.

En la USAL, otro tanto de lo mismo. Este curso se han matriculado 49 nuevos alumnos, todos con una nota superior a 11. Y está previsto que acaben la carrera una treintena, frente a los 13 que lo hicieron en 2010.

 

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