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Sociedad

La octogenaria que escupió el dogal

Romana, que vive sola sin calefacción ni agua en un pueblo abandonado, ‘apura’ una vida indómita basada en la libre decisión

Julio Matute
16/04/2017

 

 Sola, sin agua ni luz y con la ochentena más que superada en un pueblo remoto, Valdenegrillos, fronterizo con La Rioja y abandonado, por diferentes motivos, en más de una ocasión. Así, con descarnada modestia, vive Romana, cuya existencia explicada aquí con afán meramente descriptivo, llegó hasta las Cortes de Castilla y León, tras pregunta de dos procuradores sorianos, interesados en saber cuáles eran las atenciones que recibía esta mujer tras haber hecho un inusual camino de vuelta, hace ya casi cuatro años, optando por una vieja vía vital, la misma que décadas antes ya había tomado en compañía de su difunto esposo, Zacarías, fallecido en 2013, año en el que se produjo este insólito regreso hasta más allá de los límites de Sarnago.

Sobre el terreno del pueblo habitado más próximo los vecinos cuentan, muy discretos, que a la vida de Romana, una octogenaria vertiginosa que no admite dogal, «le queda un poner». Lo mismo que ella dice de su chaqueta o de su par de botas gastadas, con las que estas últimas semanas todavía seguía haciendo kilómetros. Los que la separan del pan o del agua, recorriendo las siete leguas que conforman su real gana. Indómita en un escarpado pueblo, deshabitado y solo, es la rara dueña de su destino. Y de su vida. Mucho más de lo que la mayoría puede decir. Sin luz, calefacción, compañía o agua corriente, es la trucha en su propio río revuelto.

Esquiva con causa hace y deshace. Lo mismo ultima un ingenioso parapeto para proteger su pequeño huerto de la voracidad de corzos y jabalíes que se hace silencio para no contaminarse del ruido de la curiosidad ajena, algo que puede confirmar el equipo de DIARIO DE SORIA que se desplazó hasta Valdenegrillos, el probable punto de no retorno «para una mujer lúcida mentalmente», explica Jesús Hernández, alcalde de San Pedro Manrique, esta vez, y de modo excepcional, parco en palabras para proteger el derecho a la intimidad de una mujer que no tiene que ser vista como una rareza.

«El pueblo morirá cuando lo haga ella», dicen de modo coincidente distintas personas de los núcleos colindantes. Valdenegrillos está viviendo una segunda vida, una propina inesperada desde la vuelta de Romana a sus sorprendentemente hermosas calles. Este ‘renacimiento’ se recogió en septiembre de 2013 en el blog de Mikel R. Nieto, que alertó del regreso de la mujer tras una fallida experiencia en Soria acontecida después de la muerte de su marido Zacarías, cuya esquela colgó de la Concatedral de Soria de modo casi clandestino. Así al menos lo reflejó el enorme Abel Hernández en su blog ‘El canto del cuco’.

«No se amoldó a la capital y prefirió volver», explican sin valorar los mismos que se pasman por su resistencia al frío o al miedo. Los más viejos recuerdan cómo bajaba en el serón de una montura a sus hijos al colegio. Alguien que tampoco se quiere identificar revela que su única petición al alcalde de San Pedro Manrique ha sido una nueva portezuela para el camposanto en el que al parecer descansan los restos mortales de alguno de sus hijos. Zacarías lo hace en el capitalino cementerio de El Espino.

El respeto de quienes conocen la historia es más que notable. Este comportamiento también lo observan de modo extraordinariamente escrupuloso las instituciones. Desde la Diputación de Soria solo se quiere detallar que a través de la labor de los Centros de Acción Social (CEAS) se realizan visitas domiciliarias periódicas para prevenir el aislamiento social, labores de mediación y la cobertura de las necesidades de alimentos por la dificultad de acceso a algunas compras.

«En definitiva, lo que se hace es un seguimiento para comprobar que está bien y que tiene todo lo que necesita. Todas las semanas suben a verla, bien desde los CEAS o bien el alcalde. O, en su defecto, alguien del Ayuntamiento [de San Pedro Manrique] porque intentan tenerla controlada por si le falta o sucede algo».

En cuanto a las prestaciones ‘típicas’ de teleasistencia o ayuda a domicilio no se pueden asumir. La razón es simple, la ausencia de demanda por parte de la protagonista. Como es conocido, tiene que haber una petición por parte del potencial usuario y no es el caso. Además, como asunto complementario, el entorno no permite siquiera ofrecer alguna de las coberturas que se dan en otros ámbitos. El caso de la teleasistencia es paradigmático. Para prestar este servicio es necesario que haya telefonía «y allí no tiene ni luz». Con la ayuda a domicilio también hay dificultades objetivas «porque como no se puede acceder fácilmente a su casa, eso también lo complica todo», resumen desde la institución provincial.

Efectivos tanto de la Guardia Civil como del servicio médico también giran sus inspecciones recurrentes con las que garantizar los mínimos. También otras almas conocidas, y bien recibidas por Romana, que siempre reconfortan. Cuerpo y espíritu. Paz ydespués gloria.

Este retrato de una opción, el de una soledad buscada, no significa necesariamente abandono por parte de los próximos, que también tienen derecho a la intimidad más completa, sin recorte ni prejuicio alguno. Tal vez, y solo como hipótesis, pueda esconder también una inusual forma de ejecutar el derecho al olvido, desdiciendo a quienes piensan que la vejez está en las antípodas del criterio, propio y autónomo, y de la consecuente toma de decisiones. Por más que no sepamos entender y por más que el abuso y la tendencia al espectáculo de los medios de comunicación hayan ensuciado y manoseado lo que parece el legítimo y estremecedor uso de esta forma de libertad.

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