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DEMOGRAFÍA

Primera subida de la natalidad en la década

La esperanza de vida llega a 84 años y medio

ANTONIO CARRILLO / ALBA CAMAZÓN
20/06/2019

 

Encontrar buenas noticias entre las cifras demográficas de Soria es una misión complicada, pero los datos publicados ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE) tienen escondida alguna perla. La mayor de ellas, que por primera vez desde 2010 en Soria se incrementó la cifra de nacimientos. Hasta ahora la gráfica había ido inexorablemente cuesta abajo. En 2018 remontó, no mucho, pero sí lo suficiente como para romper la tendencia.

Así, el último año dejó el nacimiento de 606 bebés, ningún fallecido en las primeras 24 horas y una tasa de mortalidad infantil del 0%. Un año antes nacieron 591 sorianos, con lo que en esta ocasión se ganaron 15 habitantes de cuna, un 2,5%. El dato todavía se aleja de aquellos primeros años 80 en los que se pasaba del millar de bebés, pero logra poner en positivo este capítulo.

En 2016, por ejemplo los nacimientos fueron 626; ; en 2012 aún eran 707; y en 2010, 748. El descenso ha sido continuo y de hecho por cada cinco nacimientos a principio de esta década ahora se producen cuatro. En los próximos ejercicios habrá que comprobar si realmente ya se tocó fondo y toca remontar o si ha sido un cambio puntual de tónica, pero sin duda es un detalle positivo para la provincia.

Curiosamente, el INE también desmonta el dicho de que ‘quien sanjuanea, marcea’. Los meses con más nacimientos fueron enero (66) y mayo (60), con el tercer mes del año en un discreto sexto lugar. Noviembre (40) y febrero, octubre y diciembre (42 en cada caso) fueron los períodos menos fructíferos.

En el caso de la mortalidad los datos son más irregulares en los últimos años y es difícil observar una tendencia clara. En 2018 fallecieron 1.153 sorianos, bastante por encima de los 1.088 de 2017. Sin embargo un año antes fueron 1.215 y en 2015 ascendieron a 1.189. Básicamente, un año sube y otro baja, con el último ejercicio prácticamente en la media de los anteriores.

En este caso la distribución por meses parece indicar que el frío y la primavera ‘matan’. El mayor número de defunciones se produjo en enero con 135, seguido de abril con 115, mayo con 102 y noviembre con 101. Los meses con menos entierros fueron septiembre (76), octubre (78), agosto (80) y julio (83).

Con estos datos oficiales la balanza sigue desequilibrada. Hubo 547 defunciones más que nacimientos y un año más la proporción sigue siendo preocupante. Por cada dos personas que mueren en la provincia sólo nace una. Parece evidente que sólo con los datos de natalidad no se puede revertir la despoblación salvo un improbable ‘baby boom’. No obstante en tasa de mortalidad Soria es octava por la cola, mientras que en la de natalidad hay 16 provincias en peor situación. Un consuelo magro.

EL MUNDO RURAL, GRAVE 

Esto es especialmente significativo en el medio rural. Del total de 606 bebés la mayoría nacieron en la capital. El envejecimiento del mundo rural es palpable con hijos de madres residentes en la ciudad por sólo 273 progenitoras censadas en pueblos. La proporción cambia totalmente en el caso de las defunciones, con 388 fallecidos en Soria por 765 en el resto de la provincia, dos de cada tres. Básicamente, el mundo rural está más envejecido y eso reduce la fertilidad y aumenta la mortalidad. Fuera de la capital, nace un niño por cada tres fallecimientos.

La esperanza de vida deja mejores noticias. Los sorianos están en el podio de España gracias a que fallecen de media a los 84,55 años, una cifra bastante significativa. Sólo Salamanca (84,73) y Madrid (84,83) mejoran. Esto se traduce en que las otras 49 provincias tienen una esperanza de vida menor. En las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, por ejemplo, se vive de media cuatro años menos. Los sorianos llegan a 82,06 años y las sorianas a unos llamativos 87,3 años.

Pero si la cifra es buena, aún mejor es la evolución. Entre hombres y mujeres se han ganado nueve años de vida en las últimas cuatro décadas. En 1978 la esperanza de vida era de 75,7 años, subió a 78,52 en 1988, diez años después llegó a 31,3 y en 2008 estaba en 82,79 años. En crecimiento, ahora que se coquetea con los 85 años, es constante.

Por sexos, las mujeres siguen sacando ventaja a los hombres pero estos últimos han mejorado más, ganando casi una década a la muerte. Mientras en 1978 la esperanza de vida era de 72,79 años, ahora rebasan los 82 antes mencionados. En el caso femenino, hace 40 años vivían 78,79, seis más que los varones. Ahora han ganado ocho años y medio y la distancia con los sorianos se ha reducido a poco más de cinco años.

CASTILLA Y LEÓN

Ya en clave regional, estarán hartos de leer que Castilla y León es una comunidad despoblada, envejecida y dispersa. Que los jóvenes se marchan y muchos no vuelven. Que no nacen niños y cada vez hay más fallecidos. Es como un círculo vicioso, con factores concatenados, inseparables y mutuales. Pero es que la brecha entre nacimientos y defunciones es cada vez mayor en la región. El saldo vegetativo –fruto de restar los nacimientos menos las defunciones– es de 14.199. El año pasado solo nacieron 15.031 niños castellanos y leoneses –la cifra más baja de la historia–, pero es que las defunciones volvieron a crecer hasta 29.230 muertes.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) revela los datos provisionales de su encuesta ‘Movimiento Natural de la Población e Indicadores Demográficos Básicos’, en la que Castilla y León registra el número más bajo de nacimientos en su historia.2018 es el segundo año con apenas más de quince mil nacimientos, y aún así la cifra de 2018 es más baja que la del ejercicio anterior. También se registra la tasa bruta de natalidad más baja de la historia: 6,24 nacidos por cada mil habitantes tras una nueva caída. Y ya van ocho años seguidos de declive demográfico. El doble que la tasa bruta de mortalidad: 12,1 por cada mil ciudadanos.

Las condiciones laborales, perjudicadas con las reformas laborales, y la feminización de la precariedad en el trabajo están detrás de tan pocos nacimientos. Los jóvenes tardan más en independizarse y, consecuentemente, en formar una familia. Así que cada vez hay más mujeres que solo tienen un hijo debido. Ellas posponen la maternidad hasta edades en las que es menos seguro tener vástagos o no pueden permitirse económicamente tener más de uno. Los problemas que existen para conciliar la vida laboral y familiar solo se suman a la lista de motivos por los que muchas mujeres no tienen hijos.

En el caso de Castilla y León, hay que tener en cuenta la dificultad añadida que suponen la despoblación –mucho territorio y pocos habitantes– y la inversión de la pirámide poblacional. El padrón regional registra el doble de personas mayores de 64 que niños menores de 15.

Es lo que muchos políticos denominan ‘reto demográfico’, que así suena muy abstracto, pero que en esencia busca impulsar el crecimiento de los nacimientos. De poco sirven los soliloquios políticos si no hay resultados. Unos resultados que, a corto plazo, ni se les ve ni se les espera. Pero de alguna manera habrá que pagar las pensiones, si cada vez hay menos población activa y más jubilados.

Doce años han pasado desde el famoso ‘cheque bebé’ aprobado por José Luis Rodríguez Zapatero. En ese año, Castilla y León registró 20.077 nacimientos, cinco mil menos que en 2018. La prestación de dos mil euros no sirvió de mucho, a la vista de los datos.

Hoy nacen un 29,47% menos niños que hace exactamente diez años en Castilla y León, tras el pico que supusieron los 21.311 niños que vinieron al mundo en 2008. Hay que reconocer que el descenso es menor que en el resto de España, donde los nacimientos caen un 40% en la última década.

Pero también hay que tener en cuenta las defunciones y, sobre todo, el saldo vegetativo. Es decir, si nacen más personas de las que fallecen. En España suspenden todas las regiones menos Baleares, Murcia y Madrid (además de las ciudades de Ceuta y Melilla). Castilla y León entra en el pódium y recibe la medalla de plata al peor saldo vegetativo (-14.199), únicamente por detrás de Galicia (-15.854).

Es decir, los nacimientos siguen de capa caída y las defunciones crecen por tercer año consecutivo y vuelven a estar por encima de los 29.000 fallecidos en Castilla y León. El pasado año fallecieron 14.574 hombres y 14.656 mujeres castellanas y leonesas, aunque ellas siguen teniendo una mayor esperanza de vida (86,55 años) que ellos (81,37).

León es la provincia de la región que más defunciones contabiliza: 6.304 habitantes perdieron la vida en 2018. Con este ya son cuatro años consecutivos en que León sobrepasa el umbral de los seis mil fallecidos. De hecho, es la cuarta provincia española con peor saldo vegetativo (3.670 defunciones más que nacimientos), solo por detrás de A Coruña (-5.965), Valencia (-4.218) y Vizcaya (-4.030).

Este pésimo saldo vegetativo es fiel reflejo de los bajos niveles de natalidad en León, que registra exactamente el mismo número de nacimientos en 2018 que en 2017: 2.634. En una provincia de 463.746 habitantes, con 5,68 nacimientos por cada mil personas, una tasa de las más bajas de Castilla y León.

Esta tasa baja también en Valladolid, donde nacen 6 niños por cada mil ciudadanos por primera vez en su historia. Apenas se han contabilizado 3.458 nacimientos de vallisoletanos, en una provincia que llegó a registrar más de ocho mil nacimientos a finales de los años 70. En la última década, el número de nacimientos ha caído un 31,58% en Valladolid hasta los 3.458 niños. Si se compara esta década con la anterior, hay más muertes y menos recién nacidos. Esta tendencia se reproduce, generalmente, año tras año. Pero en esta ocasión Salamanca y Soria dan la sorpresa y registran, aunque leves, algunos crecimientos en relación a los nacimientos.

Eso sí, Ávila y Palencia, por primera vez, contabilizan menos de mil nacimientos al año y se suman al ‘club’ de provincias como Soria, Zamora, Teruel o Ceuta, que solo es una ciudad y contabiliza más nacimientos que Soria y Zamora. De hecho, Soria y Segovia son dos de las provincias con mayor saldo vegetativo, aunque sigue siendo negativo. La escasa población que allí reside influye en este cálculo, puesto que muchos jóvenes que no tenían trabajo ya se fueron hace años y ahora hay ciudadanos con mayor estabilidad económica, en general.

 

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