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ATLETISMO

La huella de un pionero a destiempo

Ciclista en su juventud, Casimiro Rodrigo fue un adelantado a su tiempo que se pasó al atletismo con más de 50 años / Apasionado de los fósiles y la fotografía, a su muerte en 2008 dejó un gran fondo documental

Sara I. Belled
08/04/2019

 

Se llamaba Casimiro Rodrigo Lenguas (Soria, 4 de marzo de 1923-Soria, 14 de abril de 2008) y había sido toda su vida ciclista hasta que un día en una tienda vio un trofeo de una prueba de atletismo y se puso correr. Había sobrepasado los 50 y, no lo sabía entonces, se iba a convertir en uno de los mejores veteranos que vio España y también uno de los atletas pioneros en la provincia. Campeón de España varias veces en 5.000 metros en pista, cross, media maratón y maratón, falleció hace casi once años sin descendencia y dejando un extenso legado poco conocido y que este texto busca aproximar.

«Era una persona muy menuda, pero un gran hombre, un gran luchador y un gran campeón», relata el reconocido atleta burgalés Santiago Manguán, amigo y compañero en el Rodper OAR de Aranda, club con el que compitió en esos años en los que los veteranos no formaban parte de la federación de atletismo. «Empezó pasados los 50, pesaba 40 kilos y una vez que aprendió un poco de fondo y técnica, volaba». Más grande por dentro que por fuera, a Casimiro sus amigos y conocidos lo recuerdan con cariño. Eso a pesar de que, «como todos, cuando llegas a una edad tenemos nuestras rarezas».

Sí, Casimiro era raro, pero en el mejor sentido de la palabra. Un «pura sangre», dice Manguán, que lo mismo les sacaba 150 metros a los de su categoría al poco de sonar el pistoletazo de salida, que se recorría Soria entera, a pata o con su 600, para conocer lugares y gentes, para recoger esos fósiles que le encantaban, para seguir sumando conocimiento y carreras populares, muchas populares. «Me gusta el campo y con salir a entrenar me justifico para estar por ahí», decía el propio atleta en una entrevista que se publicó en Hogar y Pueblo en 1978. Aquel año se proclamó por campeón de España de cross veterano, en categoría de 55 a 59 años. Solo hacía unos tres años que había corrido su primera prueba y poco después se iba a proclamar también campeón de España en 5.000 metros en pista y subcampeón en 800. Eso en una época en la que Soria no tenía pistas de atletismo. Una reivindicación que abanderó.

«Fue por casualidad. Vi expuestos unos hermosos trofeos en Relojería Romero y le dije al propietario que me podía dar uno. Me contestó que me apuntase a correr. Faltaban solamente quince días para la prueba. Me animé y bajé a Ólvega y de buenas a primeras me vi envuelto en el mundo del atletismo». En ese Memorial ‘Virgilio Blanco’ conoció a Manguán, hizo un quinto puesto y le dieron un trofeo por ser el primer soriano. Fue el primero de…

La retahíla de triunfos es difícil de aproximar, ya que no existe un registro de aquellos años de las competiciones veteranas, que se celebraban al margen de la federación de atletismo. Entre recortes de prensa y la buena memoria de compañeros y amigos es posible detallar algunos. Así, desde sus primeros triunfos a mediados de los 70, el grueso de su actividad se centró en los 80. Fue campeón de España en pista en 5.000 metros en Valencia en el 85; campeón de España de media maratón de veteranos en Valencia en el 82; campeón de España de cross en su categoría en el 84 en Móstoles; campeón de España de 20 kilómetros en carretera en Aranda de Duero, en el 82, 83 y 87; vencedor en la gran prueba de fondo de Reinosa, Cantabria, de 24 kilómetros, en el 82, 83 y 84; vencedor de la Trotada de Valladolid en el 85; vencedor en sus categorías del 82 al 87 en el cross popular Santiago Manguán en Aranda de Duero; segundo en la clásica Behobia-San Sebastián de 29 kilómetros en el 84 y 85; campeón de España de maratón en Valencia en el 83 y en Madrid en el 84 y el 85. En esta época, rondando los 60, dejó su marca de los 42 kilómetros en tres horas raspadas. Y no se quedó ahí. Siguió corriendo hasta entrados los 70 años e incluso se proclamó subcampeón de España de cross en esta categoría en Oviedo en el 95. Este mismo año, con 73, quedó segundo de nuevo en la Behobia-San Sebastián. Y fue un clásico, no podía ser de otra forma, de los podios sorianos, destacando el Cross de Valonsadero y la media maratón de Soria. Todavía entonces le quedaban algunos años de atletismo.

Y eso que en aquella entrevista del año 1978 respondió con un rotundo «no» a la pregunta de que si se consideraba buen corredor y decía que lo que le faltaba era «tener 20 años».

Lo cierto es que «le temían todos y siempre estaba en boca de la gente». Tanto cuando iba a correr como cuando no. Lo dice José Luis Aranda, otro de los nombres propios del atletismo soriano que destacó en su juventud con el Alto Duero, pero siguió los pasos de Casimiro al regresar a la competición ya como veterano. Lo recuerda como un hombre «muy pulcro» e «inteligente», «con sus cosas, pero muy cordial». Y dice que no le conoció lesión alguna, «quizá por su fisionomía o por haber hecho antes ciclismo». Buenos compañeros, al fallecer Casimiro su familia le regaló un cronómetro que había pertenecido al atleta y que guarda a buen recaudo. Es él quien recuerda que una vez llegó incluso a medirse en un Europeo que se celebró en Italia. «Volvió muy contento», asegura.

Eran tiempos en los que si a uno le molestaba la dentadura al correr, se la daba a alguno de los presentes y seguía su camino, mientras el portador de los dientes no salía de su asombro casi hasta acabar la prueba. Anécdota al margen, Casimiro dejó huella en el atletismo soriano que entonces comenzaba a despuntar.

Gran conocedor de la sociedad soriana de su tiempo y fotógrafo aficionado, dejó un gran fondo documental. «Sabía muchísimas cosas de Soria, conocía la realidad de la provincia y era una persona culta. Tenía una biblioteca de gran valor», recuerda Joaquín Alcalde. El periodista y estudioso soriano entabló también relación con Casimiro, de quien destaca que era un hombre «curioso» al que «le gustaba conocer todos los rincones de Soria y de las provincias de alrededor». Contaba con cientos y cientos de fotografías «muy ordenadas», algunas que llegaron a publicarse en la prensa soriana, y entre las que destacaba una serie de todas las ermitas e iglesias de la provincia.

No pasaba desapercibida otra de sus grandes pasiones: tenía una colección de fósiles por muchos conocida y por pocos entendida como él. «Un año recuerdo que hizo un belén con fósiles en la tienda», cuenta Eduardo García, del Puente del Canto. Casimiro perteneció una época al Cañada Honda y aunque no vistió los colores del Puente del Canto que ha cumplido ahora 25 años, sí que tuvo mucha relación con estos corredores. En una ocasión, le entregaron un galardón por sus triunfos y él, emocionado, les dio un pequeño fósil a cada uno. «Llevaba uno colgado a modo de llavero», asegura García, que recuerda cómo Casimiro fue quien les descubrió muchos rincones y sendas de Valonsadero cuando lo de pasearse en pantalones cortos según a qué edad no estaba muy bien visto. «Aquí me ven en pantalón corto entrenando y me miran como a un bicho raro. No les entra todavía que una persona de mi edad pueda hacer deporte y esté entrenando», se quejaba. Cuando él comenzó no se recordaba otro veterano de su categoría en Soria.

Tres veces fue reconocido en la Gala del Deporte Soria (1975, 1978 y 1999), todas ellas por su trayectoria como atleta veterano. Sin embargo, no escapa a la gran mayoría de quienes lo conocieron que Casimiro comenzó en el deporte siendo ciclista. De hecho, fue uno de los pioneros de esta disciplina en Soria al finalizar la Guerra Civil. Uno de los referentes entre los años treinta y cuarenta en aquel ciclismo al margen de la competición federada y que rara vez salía de la provincia. Una vez retirado de esta disciplina fue cuando abrió la tienda-taller El Pedal Soriano de la calle Numancia, que fue a su vez un referente. Eso fue antes de conocer el atletismo y antes también la cerró, ya que terminó por jubilarse como celador en la llamada Casa de Observación de Menores.

Fue soltero y sus últimos años los pasó entre sus grandes pasiones. El atletismo, el ciclismo, los fósiles, la fotografía. Quienes lo recuerdan lo hacen con la vitalidad que se dejó ver hasta el final de sus días detrás de sus gafas. Casimiro falleció en 2008 a los 85 años siendo, como siempre, menudo, pero mucho más grande por dentro. Se fue dejando la huella de un pionero a destiempo que lo mismo comenzó tarde en el atletismo que se adelantó a su tiempo.

Fotografías: 

1.- Casimiro, a la derecha, con algunos corredores del Cañada Honda en una carrera que se disputó en Yanguas en los años 80 y en la que les regalaban unas zapatillas por participar. Cedida por Eduardo García

2.- En una de las citas que se celebraron en Soria de la Carrera contra la Droga en 1993. Archivo HDS

3.- En la Gala del Deporte del año 2000 (referente a 1999), con Abel Antón, cuando fue destacado por su trayectoria. Archivo HDS

4.- Casimiro, en el día de la bicicleta en junio de 2003, ya cerca de Valonsadero. Archivo HDS

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