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QUÉ FUE DE...

Paco Plaza: Coñac, uvas y «puro amor al fútbol»

El primer fruto de la cantera soriana en pisar la Primera división, en 1965, tuvo una prolífica carrera deportiva que terminó, ahora lo piensa, demasiado pronto

Sara I. Belled
04/07/2018

 

Si hay algo que trasciende a las palabras de Paco Plaza (Soria, 13 de abril de 1945) es el cariño, la melancolía y «el puro amor al fútbol». Este soriano, con raíces en Quintana Redonda, acento latino y buena memoria ha sido uno de los grandes futbolistas sorianos. Aunque eso, como él dice entre risas,
«tendrán que decirlo los demás». Fue, también, el primero formado en la provincia que alcanzó la Primera división y cuya trayectoria  deportiva, que pasó por el Numancia, el Pontevedra y el Deportivo de La Coruña, concluyó después de tomar las riendas del Juventud Cambados, el equipo que volvió a la palestra hace un par de años al recordar la figura del que fuera su valedor tiempo después de que Plaza llegara a ese banquillo, el narcotraficante Sito Miñanco.

«No me arrepiento de nada, pero la fastidié yéndome del fútbol». El Plaza que empezó a darle patadas
al balón en la calle «porque había una pelota y había que jugar» tuvo una trayectoria larga en el terreno de juego hasta que se retiró a los 34 años.

«Ponlo con letras bien grandes: fue Doroteo Martínez». Cuenta porque se le pregunta y no se quiere olvidar de nadie. Comienza por el principio, por «el que más admiro, el que más nos apoyó, el que estaba siempre con los que nos gustaba el fútbol o cualquier
otro deporte». Así empezó.

De aquello ya hace ahora un puñado de años. «Fíjate que recuerdo con más cariño los años difíciles que los fáciles». Le cuesta unos segundos acordarse del nombre del campo de fútbol del San Andrés. «Casi se me olvida después de tanto tiempo», se ríe. Hay otras cosas que recuerda bien. «Los de mi época sí que saben como era, pero imagínate allí arriba en el campo todo de tierra en enero y febrero, con todo helado, y al portero dándole coñac por detrás de la portería para que no se helara de frío». No había descanso ni al término del encuentro. «Luego te ibas a duchar y se congelaba también la ducha, no salía ni agua. Esos eran los primeros tiempos en el Numancia, muy duros». Y tanto.

Formado en Los Escolapios, su primera incursión en las filas numantinas fue en el 61, cuando formó parte del equipo juvenil que inició su andadura en el Campeonato de Aragón. «Después bajamos cuatro o cinco al Calatayud». Con ambos equipos en Tercera, Plaza se recorrió ese  año «todos los campos de Aragón».

«¿Y sabes qué nos gustaba? Cuando íbamos a algún campo y había ronda de esa. Aquellas jotas que se pegaban los maños... Me encantaban las jotas». Eso y las uvas que se traían de los viajes él y Luis Callejo. «Jugar en Primera, meter goles al Madrid o al Barcelona está bien, pero me quedo con los detalles, con el puro amor al fútbol». Y las uvas. «Nos llevábamos fundas de las almohadas de casa y cuando volvíamos nos las traíamos llenas de uvas».

Recuerda a Luis Callejo, «camarero del Círculo Amistad Numancia y el portero menos goleado del fútbol español». ¿Por qué? «Porque solo jugó dos partidos. Era siempre suplente, pero iba con todo el entusiasmo a donde le llevaran. Esos son los detalles con los que me quedo». Ese es el «puro amor al fútbol». Plaza volvió de Calatayud al año siguiente, con la mayoría de edad. Estuvo en el Numancia del 63 al 65. Y marcó bastantes goles. Aunque diga que «no era un goleador nato». Eso sí, «sí que le daba bien con la zurda y los metía». Quedó para el recuerdo aquel ala izquierda que formó «con el Abelio».

Al final se hizo notar y terminó en un Pontevedra que estrenaba la Primera división en la temporada 65/66. Pasó «del campo del Sabiñágo al Camp Nou» y de ir de viaje «en un autobús de madera» al fútbol profesional. «¡Menudo cambio!»

Fue por medio de un amigo de la familia Plaza, Antonio Caballero, como Paco llegó a Galicia, donde a la postre iba a labrarse no solo una carrera si no toda una vida. «Si te digo lo que fue entonces el traspaso...». Fueron 25.000 pesetas que salieron rentables a tres temporadas en la máxima categoría que solo se interrumpieron por el servicio militar. De Zaragoza a Soria, el Numancia consiguió rescatarlo para la segunda vuelta de la 68/69 y regresó después otros tres años a Pontevedra, uno en Primera y dos en Segunda. Volvió a la liga de oro con el Deportivo de la Coruña, uno de los «ascensores y descensores». Con 34 años y 16 de trayectoria, se despidió de nuevo en el Pontevedra en la 76/77.

Con el título de entrenador, dirigió al Cambados cuando estaba en Tercera, pero se despediría pronto también de la disciplina, aunque ahora le pese. Plaza, «maestro porque si no salías de Soria era lo que se podía estudiar», no ejerció la docencia y al dejar el fútbol apostó por los negocios. «En la vida nunca se sabe cómo acertar». Fue representante, tuvo un negocio de mejillones... Y cruzó entonces el charco. Aunque cuenta con residencia en Madrid.

Y sí, «la vida da muchas vueltas», pero hay sentimientos que permanecen, como esa certeza de que con 74 años sigue teniendo claro que lo le gusta es hablar de fútbol. Y se queda con lo que le parece más importante: «Me quedo con ser soriano, que es lo más grande del mundo, y haber jugado en el San Andrés con el campo helado. Aquellos recuerdos son los que más me llenan». Con eso se queda.

 

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