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ATLETISMO

Uno los prepara y el otro los ‘repara’

Raúl Zapata, hijo de Ramón Zapata, aparcó su carrera deportiva para dedicarse a la medicina, como su madre, pero nunca abandonó el atletismo

Sara I. Belled
06/02/2019

 

Tenía mucho de eso que se supone que hay que tener para seguir colgándose medallas del cuello, pero él se colgó el estetoscopio. Raúl Zapata (Soria, 1 de abril de 1992) tomó, se puede decir así, la calle de en medio. Su padre, el conocido entrenador Ramón Zapata. Su madre, Esperanza Rodrigo, médico rural. Ellos son los que cuentan que aprendió a andar en Los Pajaritos y ese espacio es uno de los tres a los que más ligado se siente en Soria, junto a Valonsadero y La Dehesa. «Allí me llevaba mi padre a entrenar y ahí es donde me crié». Hoy, con 26 años, hace ya unos cuantos que colgó las zapatillas para dedicarse a la medicina, pero nunca se desligó del todo del atletismo. «No podría», apunta. Mientras realiza la residencia de Traumatología en el Hospital La Fraternidad de Madrid, colabora con el servicio médico de la Real Federación Española de Atletismo en competiciones y concentraciones. Ocurre así el curioso caso de la cuchara de hierro y mango de palo. El caso de un padre que prepara a los atletas y un hijo que, a ejemplo de su madre, los ‘repara’.

«No es algo que hubiera planeado, pero sí que desde pequeño me ha gustado el mundo de la medicina deportiva y quería enfocar mi carrera profesional hacia el deporte». Zapata comenzó a correr «a los cinco o seis años», aunque para entonces ya se conocía de sobra las pistas de Los Pajaritos. El vástago ‘del Zapata’ apuntaba maneras, no podía ser de otra forma. Llegó a proclamarse campeón de Castilla y León en 1.000 metros con 14 años e hizo 4:07.59 en el 1.500 del Nacional juvenil en 2009. Sin presión, sin obligación de llegar a ningún resultado. La pregunta es obligada: ¿Es fácil ser el hijo de un entrenador de la talla de tu padre? «Para mí no es difícil porque es lo único que conozco, pero la verdad es que yo nunca he tenido ninguna presión ni de resultados ni de entrenamientos ni de nada. Era una relación completamente normal. En los entrenamientos era el entrenador y en casa mi padre». Honesto, dice que «no era muy bueno», pero sí disfrutaba con ello. Lo hizo hasta que se marchó a Zaragoza a estudiar. «El primer año estuve entrenando allí, pero ya me costaba bastante y lo fui dejando».

Terminó la carrera en 2016, habiendo sido subdirector del colegio mayor universitario Pedro Cerbuna durante tres cursos, y se sacó el MIR el curso siguiente. Afrontaba su primer año de especialidad cuando «surgió la oportunidad» de colaborar con los servicios médicos de la Federación Española. Con el bagaje de su padre y amigos «de toda la vida», como Marta Pérez y Nacho Barranco, «era imposible desligarse del atletismo». Así que dijo que sí y en junio del año pasado fue al Campeonato Ibérico celebrado en Abrantes, Portugal. Después estuvo en el Campeonato de Europa sub18 de Gior, Hungría, en el que participó el soriano Hugo de Miguel, pupilo de su padre. Y estuvo colaborando también en julio en el Campeonato de España en Getafe en el que la propia Marta se proclamó campeona en 1.500 metros. Ella también se inició con Ramón. Lo último que ha hecho es que estas navidades es que estuvo en las concentraciones de categorías menores en Los Alcáceres.

«Nuestra función principal es estar de apoyo ante cualquier lesión, tratarla y, después, sobre todo por la experiencia que tengo en categorías menores, incidir mucho en la educación del atleta, en la prevención de lesiones y cómo tratarlas y en que en el atletismo no es solo entrenar y correr», asegura. Menta en este caso la nutrición, el descanso, el cuidado de los pies o hacer un reconocimiento médico anual para evitar casos de muerte súbita como otras partes del entrenamiento que son fundamentales en el cuidado del propio cuerpo.

Ya en la competición, los médicos están con los atletas. Su misión es que «el deportista que ha viajado en plenitud de facultades, pueda competir en plenitud de facultades». Pero hay más. En Gior, por ejemplo, tuvo que acompañar a los atletas a los controles antidoping. «Una de las funciones es acompañarles y asesorarles e intentar ayudarles en todo el proceso, que es bastante serio y riguroso y se ponen bastante nerviosos», explica. Recordará aquella tarde en la que se les hicieron las dos de la mañana hasta que uno de los atletas pudo orinar. Gajes del oficio.

Un oficio al que espera dedicarse, aunque las circunstancias no son óptimas. «Por desgracia la medicina deportiva cuenta actualmente con muy pocos recursos económicos, entonces la mayoría de los médicos o muchos de ellos que trabajan en la federación u otras entidades es casi como un complemento. Muchos tienen su trabajo principal, su consulta por la mañana o su quirófano en mi caso. Por eso en este sentido lo veo un poco más difícil una dedicación exclusiva», explica. De hecho, no existe actualmente la especialidad de medicina deportiva.

Él, no obstante, sigue adquiriendo experiencia y se cuida de seguir calzándose las zapatillas de cuando en cuando, ahora como corredor popular. Como en Bayubas de Abajo el pasado 24 de diciembre. «Quizá sea el inicio de mi vuelta a la competición...», bromeaba entonces. Lo cierto es que sigue sacando tiempo para el atletismo, sea detrás o delante de la línea de salida.

 

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