Heraldo-Diario de Soria

Fallece el sacerdote de Medinaceli Agustín del Pino, ligado a movimientos de renovación de la Iglesia

Agustín del Pino es saludado por el anterior obispo de Osma Soria, Abilio Martínez Varea.

Agustín del Pino es saludado por el anterior obispo de Osma Soria, Abilio Martínez Varea.HDS

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El sacerdote Agustín del Pino Luis ha muerto este domingo 4 de enero en El Burgo de Osma, donde residía desde hacía tiempo, concretamente en la Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Osma.

Su funeral ha tenido lugar en la tarde de este lunes en la villa episcopal, en una ceremonia presidida por el administrador diocesano, Gabriel Rodríguez Millán.

El sacerdote Agustín del Pino Luis nació el 5 de febrero de 1932 en Medinaceli y ha sido sacerdote durante casi 69 años: recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo Saturnino Rubio Montiel el 29 de junio de 1958 en la Capilla Menor del Seminario Diocesano Santo Domingo de Guzmán, de El Burgo de Osma.

Del Pino ejerció el ministerio sacerdotal en pueblos de Pinares, el Moncayo y Tierras Altas. Estuvo de párroco en Espeja de San Marcelino, Orillares, Ágreda, Navaleno, San Leonardo de Yagüe y San Pedro Manrique. Además, durante su vida sacerdotal estuvo relacionado con movimientos de renovación de la Iglesia. Así, estuvo vinculado al Movimiento por un Mundo Mejor (un colectivo que nació en Roma como respuesta a la llamada a la renovación dirigida por el papa Pío XII) y, ya en Madrid, fue colaborador de la fundación del centro de enseñanza especial y con los grupos que ayudó a poner en marcha la temática del Concilio Vaticano II, según se concreta desde el Obispado. 

En 2018 celebró sus bodas de diamante como sacerdote de Osma-Soria, año en el que seguía trabajando pastoralmente en Asociaciones de padres procedentes de Colegios religiosos, Apas.

El dirigente de la diócesis al evocar la vida y el ministerio del sacerdote fallecido subrayó su servicio fiel a la Iglesia en distintas tareas pastorales y educativas. En la homilía, el administrador diocesano recordó que la celebración cristiana de la muerte no es sólo una despedida, sino una confesión de esperanza fundada en Dios. Las lecturas proclamadas situaron el dolor del duelo en el horizonte de la promesa divina: la muerte no tiene la última palabra, sino la vida que Dios ofrece en plenitud. 

A partir del Evangelio de la resurrección de Lázaro, se destacó la afirmación central de Jesús ("Yo soy la resurrección y la vida") como clave de la fe cristiana. La resurrección fue presentada no sólo como una promesa futura, sino como una vida nueva que comienza ya para quien cree en Cristo.

La homilía concluyó confiando su vida a la misericordia del Padre, "fundamento último de la esperanza cristiana, y expresando gratitud a quienes lo acompañaron y cuidaron en los últimos años", según la diócesis.

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