ENTREVISTA. Pedro Medrano. Director de la Asociación Forestal de Soria, Asfoso
Pedro Medrano, director de Asfoso: «La extracción del recurso natural de los montes en Soria no supera el 50%»
Los incendios son el síntoma, el problema es el abandono del monte. Son vitales la gestión de los propietarios, la ayuda de la administración y las empresas

Pedro Medrano es director de la Asociación Forestal de Soria.
Los incendios del pasado verano en distintos puntos de España pusieron en el punto de mira la gestión de los montes y la provincia se erigió como un ejemplo a seguir, eso a pesar de que apenas se extrae el 50% de los recursos que producen. «Un monte que no tiene gestión es un polvorín», afirma Pedro Medrano, director de la Asociación Forestal de Soria, Asfoso, en la que lleva nada menos que tres décadas. Trabajan para «dinamizar» a los propietarios –abarcan 90.000 hectáreas y representan a 10.000 personas–, pero en el triángulo hacen falta también una administración receptiva y que ayude, y un sector empresarial que está en sus horas más bajas. Hace 30 años había 15 empresas forestales en Soria, ahora sólo dos.
Pregunta. ¿El modelo de Asfoso es exportable a otros territorios?
Respuesta. Yo creo que sí, porque básicamente lo que tratamos de hacer es mantener viva la vinculación de los propietarios de terrenos forestales con sus territorios. Tanto lo que puedan ser las fincas individuales que pertenecen a una persona o a una familia, como los montes de socios que son titularidades colectivas, como los propios ayuntamientos que conservan un apartado, unos montes que se llaman patrimoniales, y en los que las decisiones no las toma la administración, sino la propia corporación. Nuestro trabajo es seguir motivando a las personas para que en sus montes sigan ocurriendo cosas. Que se conserven adecuadamente y que sus montes sirvan para algo, para generar una economía, unos ingresos, o reinvertirlos en acciones en que el monte siga estando cada vez mejor. Y sobre todo para que haya una capacidad de trabajo y personas que puedan trabajar.
P. ¿En qué ámbitos?
R. El abanico es amplísimo. Desde el motoserrista que puede estar haciendo podas, que luego hace leña, el que sierra, el que corta los pinos..., pero también el pastor que entra en un encinar, el apicultor, la sociedad de cazadores local, incluso la propia recolección de setas o la producción de trufas. Yo creo que también la clave de nuestro éxito es mirar al monte con una perspectiva muy amplia, siendo conscientes de la multifuncionalidad que nos ofrece. Llegamos a un punto en el que conservación es sinónimo de aprovechamiento. Un gran círculo virtuoso de actividad más conservación. Hay que ser conscientes de que nosotros nos hemos enfrentado a un escenario posiblemente más difícil del que pueda ocurrir en otros territorios, porque además luchamos contra la despoblación. Porque la mayor parte de esos propietarios de terrenos forestales están fuera, lo que introduce un elemento de complejidad a la hora de contactar, de dinamizarles, de mantenerles activos. Y tiene la parte positiva que cuando lo consigues, se vuelve herramienta de lucha contra la despoblación.
P. ¿Cómo?
R. Porque en la medida que consigues que esa persona, que tenía el monte un poco olvidado, se vuelva a preocupar de él, vuelve a venir al pueblo de sus abuelos, descubre que tiene unas propiedades, unos recursos, y los empieza a gestionar, a aprovechar, y obtiene una renta, o gracias a su gestión permite que se genere una actividad en torno a ellos. Y se arregla la casa, y un día dice, voy a poner unas trufas, y unos chopos. Y eso lo que hace es que genera trabajo, el que le pone los chopos, el que le planta las trufas, se generan unas microeconomías basadas en lo forestal que son muy pequeñas, pero muy numerosas.
P. ¿Y eso está ocurriendo, esas microeconomías están desarrollándose?
R. Eso está ocurriendo. Detrás de Asfoso hay más de 10.000 personas participando de una forma directa, porque son propietarios individuales, o de una forma coordinada a través de los montes de socios, tomando decisiones para que en sus montes se siga conservando y se siga aprovechando. También porque hay una administración, en este caso la Junta de Castilla y León, que es sensible a estas necesidades, que le hemos sabido transmitir, y habilita líneas de apoyo para que se puedan seguir haciendo estas tareas. Ahora mismo está abierta la línea de ayudas para hacer mejoras de terrenos forestales. Lo que un propietario le devuelve a la sociedad es mucho más alto. Porque detona una bioeconomía, pues salen unas leñas que se ponen en el mercado, al quitar ese matorral, salen a la luz unos pastos que son susceptibles de aprovechamiento. Entonces todos ganamos. También porque existe un tejido empresarial, cada vez más pequeño y con más dificultades, que todavía sigue trabajando en torno a los montes. Profesionales que en vez de asalariarse en una fábrica, tienen ese punto de apego, un poco romanticismo, de trabajar libres en la naturaleza. Realmente somos como un triángulo. Tiene que haber una propiedad motivada y dispuesta a hacer cosas, porque en esta vida lo más sencillo es no hacer. Si no haces, no te equivocas. En España hay posiblemente de cinco a siete millones de propietarios forestales y muchos no toman decisiones en torno a sus montes.
P. Eso no ocurre en Soria.
R. El 72% de la superficie forestal española es privada. Y de ella, solo un 12% tiene un proyecto de ordenación, o sea, tiene organizado cómo va a aprovechar el monte. Nosotros tenemos más de un 60%. Nuestros propietarios están lo suficientemente implicados con sus montes como para apostar por implantar en ellos modelos de gestión forestal sostenible que garantizan que lo que se hace es lo que hay que hacer y en el momento adecuado. Y dentro del triángulo que mencionaba, tiene que haber una administración receptiva y también un tejido empresarial que quiera seguir trabajando en torno a los montes. Nosotros desde la Asociación Forestal tratamos de juntar esas piezas, trasladando las necesidades a la administración, pinchando a los propietarios para que tomen las decisiones y tratando de articular un escenario para que las empresas tengan trabajo.
P. ¿Qué es lo que está pasando en otros territorios?
R. La casuística de la propiedad forestal en España es muy variada, y hay sitios donde se están haciendo las cosas muy bien, por ejemplo, Galicia que tiene una tasa de extracción de los recursos naturales de sus montes muy próxima a los que crecen. Nosotros ahí todavía tenemos margen de mejora. Estamos en un 40% ó 50%, o sea, que tampoco somos el ombligo del mundo. El verdadero problema que tiene España es de sobredensificación de los bosques, que cada vez acumulan más biomasa, y no somos capaces de aprovecharla.
P. Una paradoja y un reto.
R. Sí, porque a la par que no somos capaces de aprovechar el crecimiento de nuestros bosques, estamos importando madera de otros países. Dependemos de ellos, y sin embargo, no llegamos a ser capaces de aprovechar todo lo que nuestros bosques producen y se nos queman. Porque incendios siempre ha habido y habrá. Los incendios son el síntoma del problema que es el abandono. La cuestión es que ahora nos estamos encontrando con unos incendios de una intensidad tal que son incontrolables. Esa intensidad se produce cuando hay una excesiva acumulación de combustible en los montes. Eso ocurre porque se sobredensifican, porque no se aprovechan, y no se aprovechan porque no se toman decisiones en torno a ellos. Es un problema complejo en el que subyacen muchas cosas.
P. ¿Cuáles?
R. Subyacen escenarios de falta de rentabilidad, por eso es necesario que haya políticas públicas de apoyo a la selvicultura. Subyacen problemas de déficit de titulación. Todavía hay muchísimas fincas que no están a nombre de personas vivas, que siguen a nombre de desconocidos o de fallecidos, y no se pueden tomar decisiones en torno a ellas. Así como en el sector agrario, históricamente, cuando el desarrollismo agrario, España invirtió en modernizar y en titular a la propiedad agrícola, no invirtió en modernizar y en titular a la propiedad forestal, y por eso tenemos una propiedad que en muchos casos está desactualizada y no se pueden tomar decisiones. También subyace la falta de vías de acceso. A nadie se le pasa por la cabeza que un agricultor no tenga un camino por donde pueda entrar la cosechadora, pero en lo forestal pasa. Hay centenares de miles de hectáreas a las que no se puede acceder para extraer esa madera, esa leña, porque no hay vías de acceso. No se invirtió en que hubiera una red de caminos forestales.
P. ¿En Soria existe esa red?
R. No. La parte de los montes de utilidad pública, en la que históricamente se ha invertido más, sí que tiene una red digna. Pero en la parte privada, todavía hay muchos miles de hectáreas de montes a los que es imposible acceder. Y entonces cuesta más establecer las vías de acceso para extraer esa bioeconomía. A ver, estamos haciendo las cosas bien, pero no podemos entrar en un escenario de autocomplacencia, porque todavía tenemos muchas cosas por hacer. Que estamos mejor que en otros territorios, sí, pero eso no nos puede hacer obviar la situación en la que estamos.
P. ¿Hasta qué punto la Asociación Forestal de Soria contribuye a luchar contra los incendios?
R. Dinamizando a los propietarios forestales para que tomen decisiones y que gestionen sus fincas. Esa es la mejor manera de luchar contra los incendios. Un monte que no tiene gestión es un polvorín de cara a los incendios. Es un monte que, por lo general, tiene sobredensificación de árboles, acumulación de combustible y que cuando cae la chispa, no hay quien lo controle. Como decía, para que los propietarios tomen decisiones necesitan el triángulo de una estructura de apoyo administrativo y un tejido empresarial, y así se podrán seguir gestionando los montes. Y ahí es donde es necesario el compromiso de las personas y de los territorios. En cuanto a méritos más directos, creo que el más directo es haber elaborado toda la normativa que se incorporó en el año 2003 en la Ley de Montes referente a los montes de socios, un tipo de propiedad que es privada y es colectiva, muy extensa, porque hay más de 1,5 millones de hectáreas de montes de socios. Solamente en Soria hay entre 150.000 y 180.000 hectáreas de propiedad colectiva, que hasta el año 2003 no se podía gestionar. También hemos conseguido que haya un ecosistema de ayudas y sobre todo un interés por los propietarios para gestionar sus montes. Porque cuando la administración responde sacando líneas de ayudas, nosotros respondemos con miles de propietarios que las piden.
P. El proyecto Reconecta con el que han trabajando buscaba precisamente reforzar la vinculación, ¿satisfechos?
R. Reconecta formalmente terminó el 31 de diciembre, pero vamos a seguir manteniéndolo vivo, porque vino a establecer una línea metodológica de trabajo para determinar qué códigos hay que trabajar para que la gente siga con un grado de actividad en sus montes. Trabajamos en propiedad colectiva, agrupaciones de mininifundios, que son los problemas que hay. Y hemos trabajado mucho los enfoques de comunicación. Lo que le dijimos al Ministerio, cuando hicimos Reconecta, es que el sector forestal necesita la dinamización que en su momento se aplicó en las concentraciones parcelarias, aplicarlo al sector forestal. Pero en el año en el que estamos. Ahora no hay gente en los pueblos, y tenemos que buscar un sistema para que la dinamización se pueda hacer a distancia, digital, con la oportunidad que nos ofrecen las redes sociales y todos los medios de comunicación. No teníamos datos de cómo podía ser de interés la dinamización online. Y lo que ha salido es que toda esta temática sigue siendo de interés de la gente. Cuando consigues llegar a una persona y le explicas que igual es propietario de un terreno de monte, porque uno de cada cinco españoles posiblemente sea dueño de un trozo de monte, y ni siquiera lo sabe, cuando le explicas la función social que tiene la propiedad forestal, para que los pueblos sigan vivos, para que luego todos disfrutemos, los ratios de respuesta han sido muy significativamente superior que cualquier otra campaña de comunicación, de marketing digital. En esa vorágine del día a día, sobre todo en entornos urbanos, que la gente todavía se pare a escuchar las historias de los pueblos, de los montes... Hemos impactado en más de 700.000 personas. Ha sido la campaña de dinamización forestal más potente que se ha aplicado en España, la hemos hecho nosotros con Reconecta, y el ratio de respuesta ha sido muy bueno.
P. Menciona que cada vez hay más empresas que tienen dificultades. ¿Cómo está el sector empresarial en torno a los montes?
R. Está muy mal. Cuando empecé a trabajar hace 30 años me acuerdo que en la provincia había unas 15 empresas locales, distribuidas por los diferentes pueblos, con lo cual, si ocurría cualquier cosa, un incendio, o se caían unos pinos y bloqueaban una pista, cualquier imprevisto, siempre había alguien en el territorio preparado para actuar. Hoy, apenas quedan dos empresas locales de hacer selvicultura, es decir, de entresacar árboles, podarlos, retirarlos, etc. Lo cual es un problema, porque estamos dependiendo, para conservar los montes, de un tejido económico que no está en la provincia, y que puede venir o no. Encontrar alguien que quiera trabajar en los bosques cada vez es más complicado. Y donde se evidencia más el problema es en los aserraderos. Municipios de referencia como Vinuesa o Covaleda ya no tienen. Nosotros entendemos que los aserraderos son infraestructuras estratégicas y que los bosques no se sobredensifiquen y que luego ocurran los incendios. Hay un problema de falta de relevo, y habrá que analizar por qué está ocurriendo eso, por qué lo que siempre ha sido uno de los activos de la provincia, que es la capacidad de transformación de la madera, ya no lo es. Si hay un problema de falta de competitividad, pues habrá que invertir en que se modernicen, y si hay que ayudarles a que no sea tan duro, mecanizar los procesos. Este sector no puede vivir si no tiene aserraderos ni empresas forestales. Se nos puede llenar la boca de necesidad de adaptación al cambio climático, de gestión adaptativa, de movilización de la bioeconomía y de desarrollo rural endógeno, pero si luego no hay quien trabaje eso, se quedará en mera palabrería. Tenemos las herramientas para hacer una buena gestión forestal, mejores que nunca, una tecnología maravillosa, y nos falta lo básico, que es quién la implemente y quién la trabaje.
P. En ese triángulo, «el empresarial es el que está fallando?
R. Gracias a los apoyos públicos y a los propietarios comprometidos en hacer cosas, tenemos ahora mismo una capacidad de ofrecer trabajo en torno a los montes enorme y nos cuesta llevarla a la práctica. Hay muchas cosas que corregir. No puede ser que en pleno verano, una persona que tiene un tractor y una desbrozadora, la tengamos que mandar a su casa hasta octubre por el tema de incendios. Si hay que pararle, habrá que compensarle de alguna manera, igual en otras zonas de España, que haya unos pagos compensatorios. Habrá que pensar la manera de fidelizar a esa gente y que esté con nosotros. Es que si no, se nos va a ir el sector.
P. ¿Las administraciones, la sociedad en general, está aprendiendo de lo ocurrido el verano del año pasado, pensando en lo que pueda ocurrir el próximo?
R. Nosotros pensamos que sí. El verano de 2025 fue un drama enorme, y creo que fue una llamada de atención a todos. Creo que sí que se ha evolucionado con mayor grado de compromiso. Tenemos sistemas permanentes de interacción con los propietarios y hemos detectado un incremento. Pero no me vale solo con que yo quiera hacer cosas. Si tengo la titulación desactualizada, no voy a poder tomar decisiones. Si no hay una vía de acceso a mi monte, no voy a poder acceder a ella. Y si luego no hay ningún lugar donde procesar esa leña, esa madera, nadie va a quererla comprar. Lo que quiero decir es que no es solo un problema de bomberos, es un problema complejo que no se va a cambiar de un día para otro. El hecho de que desde Gobierno y Junta, de distinto color político, acaben de salir 40 millones y pico de euros para facilitar la gestión forestal privada, creo que es un buen indicativo. Nosotros estamos ahora mismo canalizando una demanda ingente de solicitudes para estas convocatorias de ayudas, y aprovecho para hacer una llamada a todos los propietarios forestales de la provincia, residan en ella o no, que se pongan en contacto con nosotros porque hay una ocasión magnífica, con una dotación presupuestaria histórica, para que no haya excusas. No es por cuestión de dinero, es cuestión de querer.
P. Hicieron una encuesta y la gente se mostró predispuesta a pagar para la conservación de los bosques, también indicativo.
R. Sí. En pleno agosto, preguntamos que si estaban dispuestos a pagar una tasa vinculada a la pernocta que fuera destinada a la conservación de los bosques y el apoyo fue del 75%. Es una buena noticia que la gente incluso haya cuantificado cuánto estaría dispuesto a pagar. Tenemos que quitarnos el complejo, porque vas a cualquier sitio y pagas. Es que nuestra playa son los montes. Pues vamos a buscar una manera para garantizar la conservación. Además fue muy curioso, porque también tenían interés en poder participar como voluntarios cuando se hicieran esas labores de conservación. Hicimos otra prueba a lo largo de 2025 con los propietarios. Llamábamos a la responsabilidad de cuidar su patrimonio familiar, no para obtener un rédito, sino como una vía para que esa socioeconomía vinculada a los bosques y a los pueblos siguiera, y ese fue el mensaje más valorado. Es que vayas al pueblo que vayas, te encuentras gente anónima que está esforzándose por mantener viva una estructura de lo que sea.
P. Están ya en 90.000 hectáreas. ¿Cómo evolucionan?
R. Seguimos creciendo, tanto en personas físicas como en estructuras comunales pues cada año se van incorporando nuevos montes de socios. El abuelo con el que empezamos a trabajar y que vivía ahí a pie de monte ya no está, y le ha sucedido otra generación, que mayoritariamente ya no vive en el pueblo, en muchos casos fuera de la provincia. Entonces hay que trabajar esa vinculación desde la distancia.
P. También trabajan con la ganadería, ¿cómo evoluciona?
R. Llevamos una serie de años con una línea de trabajo muy potente relacionada con el silvopastoralismo, para tratar de encontrar puntos de encuentro entre el ganadero, que necesita unos territorios, y el propietario, que puede tener ya implantados unos sistemas de aprovechamiento, y se trata de hacerlos compatibles. Porque el ganado, en una adecuada densidad, es positivo para los bosques. Es muy listo, come lo mejor y luego estercola. Entonces, cuanto más tiempo está en un terreno, más va a propagar las semillas de aquello que ha comido, que es lo mejor. Es lo que se llama la paradoja forestal. Cada año nos encontramos con nuevos ganaderos, pero el relevo es más pequeño que la jubilación.