De Ibiza a Soria: el fiestero que llegó de sobrado y acabó sorprendido por el Catapán
El reel de Luismi Gómez deja al descubierto que el Catapán es una fiesta soriana que está hecha de otra pasta

Los sorianos celebran el Catapán en los locales de cuadrilla.
Muchas de las fiestas nacionales se explican a través de las imágenes de un cartel, un programa bien diseñado y horarios definidos. Y luego está el Catapán, que se entiende mucho mejor cuando aparece una bota de vino en escena y alguien empieza a sospechar que ha calculado mal sus fuerzas.
Esto es justo lo que describe el instagramer soriano Luismi Gómez en un reel hilarante, donde el espíritu anárquico y hedonista del Catapán queda fielmente retratado. Y es que hay quien presume de haber estado de fiesta en medio mundo, pero basta pisar Soria para descubrir que la verdadera prueba de resistencia no estaba en una discoteca, sino en sobrevivir con dignidad al vino soriano.
La escena funciona porque resume muy bien la mezcla de tradición, desparpajo y hospitalidad que rodea a esta celebración. Entre el ambiente de cuadrilla, la música y las frases que se van acumulando casi como un repertorio festivo, aparecen algunas que lo dicen todo: “Me lo puedes echar en el vaso”, “¿Esto cuándo se paga?”, “No puedo beber más” o ese ya memorable “Dos botas no”. Pocas expresiones definen mejor el punto exacto en el que la fiesta deja de ser una idea y se convierte en una experiencia.
La mirada del recién llegado que se cree experto es uno de los grandes aciertos del vídeo. El protagonista parece preparado para una noche de fiesta y reggaetón, pero lo que se encuentra es otra liturgia bastante diferente: bacalao, bota, vino y, en definitiva, una manera muy soriana de entender la fiesta. Quiere hacerse el fuerte, presume de fiestas pasadas y, al final, acaba buscando aire. La mochila acaba convirtiéndose en un personaje más: una medida exagerada cuando uno intuye que el Catapán, simplemente, no perdona.
Pero más allá del chiste, lo que el vídeo captura es algo muy reconocible: el Catapán no es una fiesta de escaparate, sino una celebración vivida desde dentro. Tiene mesa, música, cuadrilla, vino y ese punto de caos amable que solo funciona cuando hay confianza y ganas de pasarlo bien. Fuera postureos: aquí la gracia no es exhibirse o salir bien en la foto, sino entrar en la rueda, dejarse llevar y aceptar que, quizás, las normas más importantes no son siempre las que están escritas.
Por eso el vídeo funciona tan bien: porque no intenta explicar el Catapán con solemnidad, sino con una escena que cualquiera que haya vivido una fiesta popular puede entender. Al final, el reguetón puede sonar en muchos sitios, pero no en todos hay una bota de vino capaz de imponer su propia ley. Y en Soria, cuando alguien dice “no, no, no, dos botas no”, probablemente ya es demasiado tarde.