Heraldo-Diario de Soria

El joven teólogo de Castilfrío que se alistó en el Batallón de Voluntarios de Zaragoza, cayó preso y escapó de la cárcel (siglo XIX)

El soriano estaba estudiando Teología en la capital aragonesa cuando se alistó en la guerra y acabó prisionero en Francia, donde enseñó castellano a los franceses y la lengua gala a sus compañeros españoles presos

Municipio de Castilfrío, de donde era natural Joaquín Ojuel Navascués.

Municipio de Castilfrío, de donde era natural Joaquín Ojuel Navascués.MARIO TEJEDOR

Publicado por
José V. de Frías Balsa
Soria

Creado:

Actualizado:

Cuando Castilfrío de la Sierra, lugar de la jurisdicción de la ciudad de Soria, integrado en el sexmo de San Juan e incluido en el arciprestazgo del Campo, contaba con unos ciento veinte vecinos Joaquín Ojuel Navascués recibió las aguas bautismales, el 20 de agosto de 1786, en la parroquia iglesia parroquial de La Asunción de Nuestra Señora.

Estudió las primeras letras y latinidad en la cátedra de Gramática que existía en su pueblo, del que pasó al Colegio de Santa María de Gracia, de frailes agustinos de Soria, en el que cursó tres cursos de Filosofía. De allí se trasladó a la Universidad de Osma, sita en El Burgo de Osma, en la que se graduó de bachiller en esa materia el 14 de noviembre de 1804. Luego fue a la Universidad de Zaragoza a cursar Teología y concluidos los cuatro primeros años hubo de interrumpirlos a consecuencia de la invasión francesa.

Ante la llegada de éstos, y en tan críticas circunstancias, el joven teólogo no dudó sobre el partido que debía tomar, dejó con sentimiento los libros y empuñó las armas. En junio de 1808 se alistó en el Batallón de Voluntarios de Zaragoza, en el que sirvió de sargento segundo y se halló en varias acciones de guerra hasta 1810, en que fue hecho prisionero y conducido a Francia.

Deseoso de volver a España, para contribuir al triunfo de sobre los enemigos, tuvo el arrojo de fugarse, si bien volvió a ser arrestado y llevado a Nevers, en cuya ciudad, y después en la de Lila, en Flandes, permaneció cuatro años. Durante este tiempo, y para dulcificar algún tanto los rigores de la prisión, se dedicó a le enseñanza. Enseñó a los franceses castellano, y a varios españoles con él prisioneros, francés, que había aprendido en Suellacabras, pues el preceptor que tuvo era galo.

Vuelto a su patria, en virtud de la paz de 1814, continuó, en la Universidad oxomense, los cursos de sagrada Teología, recibiendo, nemine discrepante, los grados de bachiller, licenciado y doctor en 1817. Regentó por dos años, en sustitución, la cátedra vacante de Prima de Filosofía que, después, obtuvo por oposición y desempeñó durante nueve años hasta el mes de abril de 1826, en que se posesionó de otra cátedra de Instituciones Teológicas, para la que fue nombrado por Fernando VII, y sirvió hasta la supresión de la Universidad, en la que fue rector (1830-1833). 

Ejerció por cinco veces el cargo de juez examinador sinodal en el concurso-oposición a las cátedras vacantes de Filosofía y Teología de la Universidad y por tres en los últimos concursos generales de oposición a los curatos vacantes de la Diócesis. Después fue nombrado catedrático de Teología del Seminario Diocesano de Santo Domingo de Guzmán, una vez suprimida la Universidad el año 1840. En 1851, debido a los achaques propios de la edad, dejó la docencia.

En 1815 había sido nombrado capellán de número y coro de la Catedral de Santa María; en 1828, racionero de la misma y en 1852 obtuvo una canongía. Fue, además, interventor de la Comisión Diocesana de Culto y Clero; ecónomo de la Mitra, por nombramiento del Cabildo, y superintendente del Hospital de San Agustín de la Villa Mitrada.

Bonifacio Pérez Angulo, párroco de El Burgo de Osma, escribió unas décimas «para que se pusiesen en una caja bajo la piedra del Seminario, aumentando por el ilustrísimo señor D. Gregorio Sánchez Rubio en 1851». Una de ellas, como no podía ser menos, se la dedicó al de Castilfrío. Dice así:

«Mi relato fuera infiel

si honorífica mención

no hiciera en este borrón

del catedrático Ojuel.

Ninguno más lauros que él

ha adquirido y distinciones

pues con sus claras lecciones

ha llenado a Osma de sabios

que hoy le dan por desagravios

norabuenas a millones».

Es oportuno recordar una anécdota ocurrida durante el rectorado de Ojuel al frente de la Universidad. La refiere, el 9 de agosto de 1893, el periódico «El Oxomense». En 1830, se lee, era rector de la Universidad del Burgo de Osma el doctor Joaquín Ojuel y giraba visita de inspección al centro el rector de la Universidad de Valladolid. Éste, al entrar al patio lo vio tan lleno de hierba que se quedó admirado.

«- No le extrañe a Usía -dijo el catedrático oxomense- aquí la hierba crece porque no entra en la Universidad un burro siquiera».

Joaquín Ojuel Navascués falleció, de pulmonía aguda, el sábado 23 de septiembre de 1854 minutos antes de las 12 de la mañana, a los sesenta y ocho años de edad. Hizo testamento ante Isidro López dejando sus libros a la Biblioteca del Seminario y varias mandas a la Venerable Escuela de Cristo y al Santo Hospital de San Agustín.

Otros hijos notables del susodicho lugar, que habrá que biografiar al menos alguno de ellos, fueron Felipe Antonio Solano, obispo de Ceuta (1774-1779) y Cuenca (1779-1800). Juan Antonio Solano, canónigo de las catedrales de Segovia y Cuenca. Gabriel Ruiz Corchón, canónigo magistral en la de Jaén. Y Pedro Pablo de Vera y Barnuevo, arcediano de Aza, en la catedral de Osma, y provisor y vicario General de su obispado por dos veces.

tracking