Libros
Una narrativa de lo cercano y lo reconocible
El escritor Raúl Rubio Escudero despliega en su nuevo libro de relatos una mirada real y cercana a la España rural que no rehúye lo dramático y lo irónico y se centra en el elemento esencial de la despoblación, aquellos que, contra viento y marea, permanecen
Detalle de la portada del libro 'Repoblare'.
Si bien el paisaje y el paisanaje de la vieja Castilla ha sido desde antiguo y, muy especialmente, a partir de las reflexiones y viajes de los escritores, pintores y poetas de la Generación del 98 uno de los temas recurrentes de la literatura española, en los últimos años se ha reactivado y actualizado la atención y el tratamiento de estos temas tan arraigados en lo literario, desde enfoques diversos y visiones nuevas y, a veces, muy personales.
La publicación del libro de Sergio del Molino 'La España vacía' en 2016 supuso un auténtico aldabonazo, expresión muy querida por los noventayochistas, al poner por escrito una cierta inquietud ambiental, cultural, e incluso política, de muchos habitantes de ese espacio enorme y poco poblado que, como explica Del Molino, existe entre el borde (las zonas costeras) y el badajo (Madrid) de esa campana que, en lo poblacional, es España. El éxito y el impacto de aquel libro abrió la espita a un goteo, primero, y a un caudal después, de publicaciones que se interesaron, con mayor o menor éxito, con mejor intención o con claro oportunismo editorial, por las circunstancias y personas que habitamos estas tierras tradicionalmente batidas por el olvido.
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Una vez amainada en gran parte la tormenta mediática y editorial y volviendo poco a poco a la quietud y la discreción secular inherente a estos lugares, llega a nuestras manos un libro que, mucho más de lo que aparenta y en recomendables lecturas sucesivas, dice mucho de la vida actual y de la forma de pensar, actuar y sentir de los habitantes de estos poco concurridos pagos de la meseta Central española.
Su autor, el palentino de Olmos de Pisuerga, Raúl Rubio Escudero, a diferencia de otros escritores, visitantes de paso más o menos observadores, conoce muy bien lo que cuenta. En primer lugar, y esencialmente, por haber nacido y crecido hasta bien entrada su juventud en ese pequeño y recoleto pueblecito agrícola y, después y hasta el día de hoy, por su trabajo de largos años en el Servicio de Asistencia a Municipios y, posteriormente, como Secretario de la Diputación Provincial de Soria, ocupaciones que, además de proporcionarle una seria coartada profesional que protege y esconde bajo un trabajo pautado y cartesiano a un escritor apasionado, metódico y constante, le han permitido conocer en profundidad los anhelos, inquietudes y problemas de los habitantes de una provincia que es el epítome del abandono y el olvido institucional en ese largo compendio de carencias y resignaciones que consigna la vida diaria de la España rural. Dicho conocimiento, además, le llega a nuestro autor por una doble vía: la de los funcionarios y alcaldes que se dirigen a su Administración, casi como un salvavidas que les alivie de muchas de sus preocupaciones, que mantienen, en muchos casos a duras penas y con una heroicidad involuntaria, el aparato del estado y sus renqueantes servicios en estas tierras azotadas por el cierzo y la despoblación.
Pero este conocimiento no es gran cosa si, al utilizarlo como argamasa que dé cohesión a una narración, no fragua bien o, dicho de otro modo, no queda complementado por un acentuado talento de fino narrador, que bien conoce la lengua castellana en su sintaxis y en su léxico, pero que no renuncia al humor y a la ironía como hilos conductores al servicio de la transmisión de lo que nos quiere contar. Y esta dedicación constructiva, estas armas de buen escritor, las tiene ya Raúl Rubio Escudero bien veladas por sus trabajos literarios previos que tienen como eje central a Castilla, como idea, paisaje y, a veces, como expresión, quizás un poco unamuniana, de un sentimiento doloroso.
De lector entregado pasó sin prisa a escritor, tránsito casi inevitable y que realizó de manera exitosa en 'Cuentos del ramal del norte', libro de 2014 conformado por siete relatos en los que desfila toda una serie de personajes e historias, unas vistas y vividas, otras oídas, que nos presentan la vida tan cual era alrededor de la que estaba llamada a ser arteria principal del comercio y la riqueza castellana, ese Canal de Castilla, sueño de la Ilustración, que al final quedó sólo en un empeño un tanto inútil y esclerótico pero que es, y su autor nos lo demuestra, un elemento físico y narrativo fundamental en la vida de escluseros, como sus abuelos Nana y Antonio, tratantes, fugitivos, perdedores y gentes de bien que por el canal discurren o junto a él habitan.
Todas las virtudes de estas narraciones cortas permanecieron en su siguiente obra, '99 historias de verdad y una de mentira', obra publicada en 2018, y confluyeron de forma magistral en la novela, o "relato largo" como prefiere decir nuestro autor, 'La raíz podrida', aparecida en 2021. Centrándose ahora en un personaje perfectamente definido y marcado por sus circunstancias personales e históricas que, en un cinematográfico flashback, recuerda su vida en el mismo espacio geográfico y casi temporal de los cuentos, la dura posguerra española. Son sus vivencias y circunstancias extrapolables a toda Castilla y casi a cualquier zona rural de España. Junto a él recorremos todas las miserias y grandezas, más de las primeras y alguna, pocas, de las segundas, de la vida rural en la segunda mitad del siglo XX, con una construcción de personajes muy sólida y un entramado literario compacto y bien ligado.
Cumplido este ambicioso objetivo, nuestro inquieto autor se impone ahora un nuevo reto. Volviendo al formato del relato corto, que permite mayor libertad narrativa y variedad de personajes, y con una decantación larga y deliberada pues, como castellano viejo y encastado que es, no se deja llevar por modas o intereses editoriales, vuelve en 'Repoblare' a mirar la vida rural de una toponimia imaginaria que podría ser Soria, Palencia o cualquier lugar de la España rural, pero, ahora, en su más rabioso presente, en su fluyente actualidad e, incluso, asomándose a su futuro más inmediato.
Así, por esta sucesión de doce relatos desfilan vecinos dubitativos y resistentes heroicos; hombres heridos en busca de la reconstrucción personal, acaso gracias al poder cicatrizante de la tierra, el aire puro y el paisaje otoñal; ancianos ya cercados por la nebulosa de una memoria tan perdida como la de los lugares que habitan; agotados sacerdotes itinerantes atormentados por tener que poner punto final al culto en sus románicas parroquias rurales después de mil años; médicos, guardias civiles y secretarios de ayuntamiento como últimos héroes -como acertadamente se titula uno de los relatos- que vertebran el territorio y son las caras visibles de una Administración, a veces cómica, a veces implacable, que los mantiene tan olvidados como a sus administrados; políticos efectistas a los que la realidad desarma tozudamente sus discursos buenistas y estereotipados -impagable el relato 'Los hombres con corbata que sabían hacer cocido'-; propietarios con vocación de terratenientes y vendedores renuentes a deshacerse del legado familiar costosamente atesorado por las generaciones pretéritas; enfermos obligados a realizar largos viajes para, en medio del dolor, la precariedad física y el miedo, recibir sus tratamientos médicos; disparatados programas de televisión que convierten la despoblación y sus parches en un espectáculo mediático -desternillante el capítulo 'Repoblare', que no es gratuito dé título al libro-; personajes aferrados a su última esperanza de vencer la inercia y virar hacia una vida más feliz, -el reconocible Julián de 'Albarranes, lobos y hogazas' y el entrañable Faustino de 'Tormenta de verano'-. En suma, todo el universo humano de una España de baja densidad de población, pero de muy alto gramaje humano.
El lector atento reconocerá en todas estas historias a algún personaje o situación que ha experimentado o ha oído contar, incluso, descubrirá retazos de alguna noticia que ha podido saltar, durante un momento fugaz, a la actualidad nacional. Ecos de hechos acontecidos en el seno de cualquier comunidad rural en trance de desaparecer, de disolver su larga continuidad histórica en un mundo frenético y alienado al que, como nos narra Raúl Rubio Escudero en el relato que cierra el libro, el magistral 'Cartuchos', quizás tampoco podamos augurarle un futuro muy prometedor.
Es, por lo tanto, clara la intención de nuestro autor de reflejar lo que bien conoce y comprende, pero también es manifiesta su vocación de universalidad puesto que, en realidad, el libro trata, como su anterior novela y toda su obra, de las emociones más intrínsecas al género humano: el arraigo, la pertenencia, la familia, el cariño, el abandono, la tristeza, la envidia, el odio, la incertidumbre…; emociones repetidas, compartidas y muy presentes en todos los relatos.
El lector que se aventure por estas carreteras secundarias que nos ofrece nuestro autor encontrará personajes, pueblos y paisajes reconocibles, alguna sorpresa, a modo de frenazo repentino como cuando un animal irrumpe en la vía, también se indignará por el abandono de estas tierras y, a buen seguro, mantendrá esbozada de continuo una sonrisa producida por ese humor, esa ironía inteligente que acompaña a la naturalidad con la que se describe un mundo en el que lo tradicional y lo moderno, lo antiguo y lo rompedor, lo ancestral y lo digital conviven en buena armonía general, no exenta de algún sobresalto.
Un viaje, en suma, que al final no nos lleva a otra parte que a conocernos mejor a nosotros mismos pues, lo queramos o no, por herencia y por realidad, somos parte de ese mundo que ha configurado el rico universo literario de nuestro autor, que no es otra cosa que una narrativa de lo cercano y reconocible.