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DE LA MISMA forma que Pablo de Tarso, popularmente San Pablo, cayó del caballo y vio la luz, José Antonio Vázquez, supongo que fray José Antonio durante los años que vivió en el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, también ha visto la luz aunque sin la poco agradable caída de equino alguno. Él la ha encontrado en la prensa o en la tele, o lo que es más probable aún en estos tiempos, en la red, en esa especie de infinito universo que es internet. En definitiva, ha sido el líder de Podemos, Pablo Iglesias quien le ha hecho ver la luz. Y de esa forma ha dado por concluido su retiro de diecisiete años a lo largo de los cuales es de suponer se dedicó a la búsqueda del Mesías, al que parece ¡al fin! haber encontrado, aunque extramuros del monasterio. El caso es que me resulta un tanto excesivo el parangón entre el que ya es secretario general de Podemos y Jesucristo. Pero el hecho es que José Antonio Vázquez que lo dejó todo un día para seguir la doctrina del fundador del cristianismo y tratar de acercarse lo más posible al maestro, poco habrá dejado ahora en el monasterio, salvo un hábito colgado de una percha, y ligero de equipaje, como el poeta, se ha marchado para seguir al nuevo mesías; este sí, de carne y hueso, por lo que como Santo Tomás, podrá tocar su carne mortal, evitando así cualquier duda. Acudo, como la semana pasada, como tantas y tantas veces a don Miguel de Unamuno quien confesaba: ‘Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aún a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva’. Y en eso estamos, maestro don Miguel. Pero hete ahí que el que fuera hermano José Antonio ha logrado, al parecer, dar con esa verdad en la vida, que no es otra que la que predica Podemos. Evidentemente, la idea expuesta por Pablo Iglesias el pasado mes era de lo más tentadora. Eso de tomar el cielo al asalto no deja de ser, desde luego, método mucho más rápido que la lenta vía de hacerlo a base de maitines, tercias, sextas, nonas, vísperas, completas… a más de trabajo y silencio. Y, si se consigue dar con el Cielo en este mundo, qué duda cabe que el otro, el eterno, ese… ¡puede esperar!