Día del Síndrome de Down
TODOS LOS DÍAS del año, así como cada uno de los años, se dican a algo especial y el día de hoy, comienzo de la primavera por otro lado, a falta de una está dedicado a dos cosas, al menos que yo sepa: Día Mundial de la poesía por un lado y Día Mundial del Síndrome de Down, por otro.
A la poesía le he dedicado mi columna en alguna ocasión en estas fechas. Por eso vengo en referirme hoy al Síndrome de Down o, mejor dicho, a las personas con este síndrome. Porque hablamos, hablo, de personas con nombre y apellidos, como usted y como yo; hablo de personas que sufren y padecen, que se alegran y sonríen, como usted y como yo; hablo de personas que aman y necesitan ser amadas, como usted y como yo. Hablo, en definitiva, de seres humanos, como usted y como yo.
No alcanzo a ver lo que me haga, lo que nos haga, diferentes a ellos; como no alcanzo a ver lo que nos hace diferentes de las personas que tengan cualquier otro síndrome o cualquier otra circunstancia personal. Porque todos somos iguales y todos somos diferentes, como seres únicos e irrepetibles que somos.
Y, en cualquier caso, reivindico ese derecho, el derecho a la diferencia. Las ciencias avanzan que es una barbaridad. Voy a referirme en el caso de las personas con síndrome de Down a la medicina y a la pedagogía. La medicina, cuyos logros son evidentes en todos los campos, ha logrado mejorar la calidad de vida y las perspectivas de la misma en todas las personas, también en las síndrome de Down. La pedagogía, por su parte, ha conseguido avances muy significativos en la formación integral de aquellas personas que padecen el síndrome.
En este sentido, traigo aquí las palabras de una de las personas que más ha trabajado en este campo, el catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Málaga, Miguel López Melero, quien se pregunta: ‘¿Cómo humanizar al síndrome de Down? Solo cabe una respuesta: humanizándolo. ¿Y qué significado doy yo a ‘humanizarlo? Sencillamente que viva como una persona entre personas’. No parece tan complicado ¿no?