Ignacio Soria

Navidades en la Soria en blanco y negro

  

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La denuncia del concejal del Partido Popular sobre el montaje del belén en la plaza mayor de la capital ha vuelto a provocar que el portavoz municipal socialista saque a pasear el comodín de la Soria en blanco y negro. No es la primera vez. Ni será la última. Cada vez que alguien va en contra del discurso oficial instaurado por los socialistas sobre su modelo de ciudad, sacan a relucir y a espolear como un mantra lo del blanco y negro. Como buenos mastines de su amo que son, emulan con eso del comodín a su líder Sánchez que también y cuando se ve en apuros saca a pasear su comodín por excelencia —y nunca mejor dicho—, del Generalísimo Franco. Qué previsibles que son. Al que esto escribe también se lo espetaron en alguna ocasión. En más de una. “Usted añora una Soria en blanco y negro…”, me decía en algún que otro pleno municipal el entonces y también ahora portavoz socialista en el consistorio. En el fondo me gustaba, porque todo lo que produce risa, gusta oírlo. Se referiría el portavoz socialista en esta ocasión y con lo del lío del belén, a la nostalgia que quizás pudiéramos tener algunos del recuerdo de las figuras del nacimiento realizadas a buen seguro en el taller de Olot en Gerona y que agarrados a la mano de nuestros abuelos o padres visitábamos de niños en la plaza mayor de Soria. Unas figuras a tamaño real y que en perfecto estado de conservación eran maravillosas a nivel artístico y cromático. Y es que digan lo que digan los obsesionados con eso del blanco y del negro, esas eran unas figuras como Dios manda y no las que desde hace ya demasiados años lucen a los pies del reloj de la Audiencia y que a pesar del pretexto de ser de madera soriana y hechas artesanalmente, provocan, se lo digo yo, más susto que veneración entre el público infantil. Pero que a mí me gusten más las figuras de mi infancia —que por cierto y para verlas te jugabas la vida al subir en esa rampa de madera que era criminal con la capa de escarcha—, no es óbice para reconocer que la capital ha ganado en decoración navideña año tras año y frente a la austeridad ornamental de antaño. Pero una cosa sí les digo; y no es otra que la percepción de que quizás a algunos ayuntamientos en nuestro país se les está yendo la pinza malgastando dinero público en demasiado bombo y platillo navideño y en donde con tanta pomposidad se está empezando a adulterar y confundir las fiestas de la Navidad con otras más profanas. Créanme que este año y en el centro de nuestra ciudad se nota que estamos en periodo preelectoral. Se lo digo yo. Y a ver si entre tanto ruido y consumismo desmedido que estos días producen entre la población, se nos olvida la verdadera raíz y esencia de estas fechas que se avecinan, y que no es otra que la celebración del mayor acontecimiento de la humanidad: el nacimiento de Cristo Rey hecho niño, en un humilde pesebre y en compañía de sus padres allá por la lejana ciudad de Belén hace más de dos mil años. Que esa santa imagen no se nos olvide, ya sea en color o en blanco y negro.