EL RUBICÓN
De poltrona en poltrona
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Poco le duraba la poltrona del Senado el ex líder del PSOE de Castilla y León, ya saben el ínclito de nombre Luis y de apellido Tudanca. Poco más de un año apoltronado sin marcarla, porque no se le ha visto que haya hecho nada en ese tiempo, en ese cementerio de elefantes que es la Cámara Alta. Atrás quedan las risas, los parabienes y los abrazos, incluso con algún sujeto innombrable que le acuchilló, políticamente hablado claro está, al atardecer de un mes de junio cualquiera.
Al ínclito Tudanca le acaban de quitar la moqueta del Senado debajo de sus zapatos. Y eso que el de las tierras altas de Soria, el que ahora manda en las huestes socialistas castellanas y leonesas, otro ínclito este de nombre Carlos y de apellido Martínez, no quería. Pero le han hecho querer, pese a su numantina resistencia. Cómo sería de numantina que llamaba a su muy querido Tudanca cuando la campana ya iba a hacer gong. Casi igual que a la agraciada, la segoviana Clara Martín, a la que telefoneaba en el tiempo de descuento.
Y, con todo y con eso, quiere vender normalidad en el relevo del senador autonómico, que no es más que esa poltrona con la que los partidos cuentan, una más, para colocar a sus descolocados con el dinero del erario público, es decir el de todos.
La política «es la ciencia y la actividad suprema que busca organizar la comunidad para alcanzar el bien común y la vida buena». Así la definía y la concebía Aristóteles. Y así la desvirtúan ahora sujetos como Tudanca, que en lugar de mirar por el bien común sólo piensan y miran por el suyo. Y, para ellos, la vida buena es la buena vida. Como la que se lleva pegando desde hace poco más de un año en el Senado, que se suma a los años y años que venía pegándosela en la oposición del mausoleo ese de las Cortes de Castilla y León, que se asienta en la avenida Salamanca de Valladolid, a razón de más de 103.000 euros del ala al año por no marcarla. Bueno sí, unos minutos cada 15 días para preguntarle y replicarle al presidente de la Junta. Y, después, a la buena vida, que nada tiene que ver con vida buena de la que hablaba Aristóteles.
Pero no teman, no sufran por el ínclito Tudanca porque en esta política de la buena vida ya verán cómo su colega, el otro ínclito, el de las tierras altas de Soria, acabará colocándolo en otro asiento que no requiera esfuerzo alguno y esté bien remunerado. Lo que viene siendo una nueva poltrona. Esas que tan bien conoce Tudanca, no en vano lo suyo en política ha sido ir siempre de poltrona en poltrona.