SUCESOS

Abellón: «El temblor se me hizo eterno; sentí que el edificio se iba a romper e iba a quedar atrapado»

El director de Escolapios vive en Guatemala un terremoto que deja al menos dos heridos y 20 casas dañadas
«Cuando paró el temblor y yo estaba en el hall del hotel noté que las piernas me temblaban», confiesa

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C.C.U. / Soria
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«Acabo de vivir mi primer terremoto. Ha sido un temblor de 6,5 grados y un minuto de duración. Yo estaba en mi habitación, en el octavo piso del hotel. Una experiencia horrible. El temblor se me hizo eterno. Sentí que el edificio se iba a romper e iba a quedar atrapado. Aún me siguen temblando las piernas. He terminado en la calle en pijama y descalzo». Es el testimonio de Óscar Abellón, director del colegio Nuestra Señora del Pilar, quien el viernes vivió un suceso que se ha saldado con al menos dos heridos y una veintena de viviendas dañadas, según informó Efe.

Abellón no se podía imaginar que durante su estancia en Guatemala, donde está de visita para presenciar la olimpiada de lectura rápida y comprensiva que se celebra allí -Escolapios es el primer colegio español en incorporar ese sistema de lectura avanzada-, iba a vivir un suceso así. Ayer, en declaraciones para este periódico, el director de este colegio explicó con detalle cómo vivió un terremoto que se produjo a las 18.13 horas, mientras estaba en su habitación del piso ocho del hotel Mercure, en Ciudad de Guatemala.

En ese momento, de acuerdo con el informe preliminar del Servicio Geológico de Estados Unidos, se produjo un temblor de una intensidad de 6,5 grados en la escala de Richter. El epicentro del seísmo se ubicó a seis kilómetros de la localidad de Pajapita. El movimiento telúrico fue fuertemente sensible en lugares como Ciudad de Guatemala.

«Estaba trabajando con mi ordenador respondiendo correos electrónicos. Mientras trabajaba sentí un pequeño mareo y una leve sensación como si la habitación temblase o se moviese ligeramente. En un principio no le di mayor importancia ni me imaginaba que el motivo de esa sensación fuese el inicio de un terremoto», relató. «Poco a poco fue aumentando la intensidad: la mesa empezó a vibrar, los cuadros se movían, las cortinas se balanceaban y las puertas de los armarios se abrían». 

Entonces fue consciente de la gravedad del suceso. «Me empecé a poner un poco nervioso y a asimilar lo que estaba viviendo, ya que aquello no paraba. El suelo de la habitación empezaba a moverse. Era como si el edificio se balancease. También empezaban a oírse ruidos muy fuertes de la estructura del edificio, como golpes constantes y periódicos».

A Abellón se le ocurrió salir al pasillo, porque empezó a oír que las puertas de las habitaciones se abrían. «Lo primero que me encontré fue a dos chicas de aproximadamente 30 años. Estaban asustadísimas, llorando y con dificultades para respirar por el susto. El temblor continuaba. Tuve la sensación de que veía todo borroso por la vibración. En ese momento se abrió el ascensor. Una pareja de costarricenses salió de allí. La chica salía llorando aterrada porque durante el trayecto, el ascensor se movía violentamente y golpeaba con la pared». 

El director de Escolapios sugirió a todos bajar por las escaleras. «No sabía muy bien si eso era lo correcto, pero me parecía muy arriesgado coger el ascensor y no era oportuno quedarse allí porque el temblor no paraba y cada vez era más fuerte. Cogí la llave de mi habitación y sin ponerme el calzado empecé a bajar por las escaleras. En los pisos más altos, mientras descendía, continuaba sintiendo la vibración y los golpes, pero poco a poco se fue parando». 

Por las escaleras, se encontró a mucha gente que decidió hacer lo mismo. «Al encontrarnos en el hall del hotel nos mirábamos con cara de susto. Resoplábamos. Pregunté en recepción si era normal lo que había ocurrido, y sonriendo me respondieron que no, que había sido muy fuerte, que esto había ocurrido en otras ocasiones pero no con tanta fuerza». 

Al rato regresó a la habitación para cambiarse de ropa y después volvió al hall del hotel, donde intercambió impresiones con los miembros del grupo invitado a la olimpiada (representantes del Ministerio de Educación de Costa Rica, Chile y Honduras). Todos compartieron sus inquietudes de la experiencia. «Los del piso 12 sintieron aún más el temblor, ya que el movimiento es mayor cuanto más alto estás. En general todos estaban asustados, porque ya habían vivido otros terremotos -yo era el único que lo vivió por primera vez-, pero lo llevaban con mayor tranquilidad porque conocían la experiencia. Sé que ha habido gente a la que lo primero que se le ocurrió fue mandar mensajes a familiares». 

Interpelado por qué sensaciones tuvo durante los instantes que se produjo el suceso, reconoció que se le pasaron por la cabeza muchas cosas. «Al principio sentí incertidumbre, no sabía muy bien lo que estaba pasando. Luego agobio y la sensación de que en cualquier momento el edificio se iba a romper e iba a quedar atrapado entre escombros. También pensaba en mi familia. Te da tiempo a pensar de todo. Sentí la necesidad de hacer algo rápido para ponerme a salvo. El temblor se me hizo eterno. He leído que duró aproximadamente minuto. Cuando paró el temblor y yo estaba en el hall del hotel noté que las piernas me temblaban». 

Después regresó de nuevo a su habitación. Pero le costó dormir. «Tenía la sensación de que el temblor se podía repetir en cualquier momento. Me he despertado en numerosas ocasiones pero, gracias a Dios, todo está tranquilo».  

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En la zona en la que él se estaba no hubo apenas daños porque cuenta con los edificios más seguros. En otras zonas de la ciudad y el país sí los hubo. «Seguramente eso haya ocurrido en las zonas más pobres y menos preparadas. Aquí hay muchísimas diferencias, porque la economía está muy mal repartida».