El pueblo de Soria que nació alrededor de la sal y conserva un oficio desaparecido
Conserva las albercas de una explotación de sal documentada desde hace siglos
Vecinos y visitantes observan una demostración del antiguo oficio salinero en las albercas de Salinas de Medinaceli, donde la sal se obtenía a partir de la evaporación del agua.
El nombre de Salinas de Medinaceli resume buena parte de su historia. Este pequeño núcleo de Soria creció junto a una explotación salinera conocida desde época romana, según recoge el Ayuntamiento de Medinaceli, y mantuvo la producción hasta 1994. Las albercas que sobreviven junto al pueblo permiten reconstruir la huella de un oficio que condicionó la economía local durante generaciones.
La explicación comienza bajo tierra. El Instituto Geológico y Minero de España (IGME) cataloga las Salinas de Medinaceli como Lugar de Interés Geológico y las define como un ejemplo de salinas de interior vinculadas al aprovechamiento industrial de aguas cargadas con sales procedentes de materiales del Keuper. Esa composición geológica convirtió este rincón soriano en un espacio apto para obtener sal en pleno interior peninsular.
Salinas de Medinaceli.-HDS
Salinas de Medinaceli: la sal como fuente de poder y riqueza
Durante siglos, la explotación de Salinas de Medinaceli despertó el interés de las instituciones con poder sobre el territorio. La documentación recogida por el Ayuntamiento de Medinaceli conserva referencias que permiten seguir el rastro del valor de este recurso durante la Edad Media.
En 1218, Fernando III concedió a la Orden de Calatrava derechos para extraer sal en Medinaceli, una concesión que Alfonso X confirmó en 1255. El Ayuntamiento de Medinaceli recoge estos documentos dentro de la información histórica vinculada a la Fiesta de la Sal y los presenta como prueba del peso que alcanzó este recurso en la comarca.
La importancia tenía una explicación práctica. La sal desempeñaba un papel clave en la conservación de alimentos y formaba parte de las redes comerciales de la época. Su explotación aportaba ingresos y convertía su control en una cuestión económica de primer orden.
Las albercas permiten entender cómo trabajaban los salineros de Salinas de Medinaceli. El agua cargada de sales se conducía hasta estos espacios, donde el sol favorecía su evaporación y aumentaba la concentración de la salmuera hasta formar los cristales.
El proceso dependía del conocimiento acumulado por quienes trabajaban en la explotación. Cada fase exigía controlar el agua, el estado de las albercas y el momento adecuado para recoger la sal.
Sol, agua y tiempo componían la fórmula. El resultado dependía de un oficio transmitido entre generaciones y ligado a los ritmos del clima y del propio paisaje.
La XV Jornada de la Sal de 2026 recuperó este proceso ante el público. La edición incluyó una demostración del trabajo tradicional dentro de un programa dedicado a acercar al visitante la historia vinculada a este producto.
Jornadas de la Sal en Salinas de Medinaceli. HDS
La celebración convierte las antiguas instalaciones en un espacio de divulgación. Vecinos y visitantes pueden observar el proceso y conocer los saberes asociados a una actividad que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana del pueblo.
El valor de la jornada reside también en los gestos. Preparar una alberca, conducir el agua, observar la salmuera y recoger los cristales permite transmitir conocimientos ligados al patrimonio cultural de Salinas de Medinaceli.
Salinas de Medinaceli: el ferrocarril abrió una nueva etapa
El siglo XIX transformó la vida de Salinas de Medinaceli. El Ayuntamiento de Medinaceli sitúa en 1862 la inauguración de la estación de ferrocarril y vincula su llegada con una etapa de crecimiento demográfico y económico.
Tras el desestanco de la sal, el Estado vendió las salinas en 1871 y la explotación pasó a manos privadas, según recoge la información histórica del Ayuntamiento de Medinaceli. El desarrollo de nuevas infraestructuras también fue modificando el espacio ocupado por la explotación.
La actividad salinera continuó durante décadas hasta alcanzar el final de su etapa productiva en 1994, fecha que el Ayuntamiento de Medinaceli señala como el cese de la explotación.
El mismo consistorio cifra la población actual de Salinas en menos de 40 habitantes. El dato refleja el contraste entre la escala actual del núcleo y el protagonismo económico que alcanzó durante otros periodos gracias a la sal.
Salinas de Medinaceli: un patrimonio que también se recorre a pie
El legado salinero forma parte del paisaje que rodea Salinas de Medinaceli. El Sendero Ibérico Soriano GR-86, descrito por el Ayuntamiento de Medinaceli, atraviesa Salinas y señala las antiguas instalaciones como uno de los testimonios del peso que alcanzó la extracción de sal en la zona.
El recorrido permite contemplar las albercas dentro del territorio que les dio sentido. Geología, trabajo y paisaje aparecen unidos en un enclave donde la actividad humana dejó una huella visible durante siglos.
El reconocimiento científico refuerza ese valor patrimonial. El Inventario Español de Lugares de Interés Geológico, gestionado por el IGME, identifica las Salinas de Medinaceli con el código IBs027 y destaca su interés como ejemplo de aprovechamiento de aguas cargadas de sales.