Romería a la Virgen de los Valles en Barcebalejo

El manto que viste la imagen fue costeado en 1951 por los hermanos fray Ignacio y Dolores Martínez Yagüe

Romería a la Virgen de los Valles.HDS

Publicado por
José Vicente de Frías Balsa
Soria

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Accediendo a los deseos del amigo Alejandro Mirón Gañán, natural del lugar de Barcebalejo, alquería de la ciudad de Osma junto con La Horcajada, La Olmeda, Torrejón y Valdegrulla, nos ocupamos, en esta ocasión y por celebrarse en este miércoles la Virgen de los Valles, de la romería que en otros tiempos y en los actuales, si bien ahora menos concurrida que antes, se celebraba y celebra, en dicho lugar, con motivo de tal festividad. Título, el de los Valles, acaso por haber sucedido la aparición en la confluencia de dos valles, donde se erigiría una ermita.

La verdad es que, como consecuencia del incendio acaecido, el 26 de diciembre de 1806, en el archivo de este lugar y de su anejo Barcebal, no disponemos de apoyo documental alguno sobre el tema. Por ello recurrimos a lo escrito por fray Damián Janáriz Ibáñez, claretiano del convento de Aranda de Duero, en su obra inédita, depositada en la Biblioteca Pública de Soria, titulada 'Historia de las Imágenes y Santuarios de la Santísima Virgen María en la Diócesis de Osma'. Obra que pretendió publicar el padre Florentino Zamora Lucas, jefe de la sección de raros e incunables de la Biblioteca Nacional, si bien su propósito se vio frustrado por el advenimiento de la Guerra Civil.

Señala el claretiano que no se sabe si hubo imagen y ermita anterior y que la actual se construyó en 1700 a expensas de Diego Benito Perdona, racionero de la catedral de Granada. También, que la imagen, a la que robaron la corona hará unos treinta y siete años, es de vestir y mide un metro de altura, con la cara dirigida ligeramente a lo alto y las manos inclinadas al suelo con las palmas hacia arriba.

La ermita, próxima al pueblo y de la que se han ocupado Juan Luis de Sorondo (1997) e Isabel Goig y Leonor Lahoz (2003), es de mampostería, con sillería en las esquinas. La puerta de acceso es de medio punto con dovelas, sobre ella un óculo a la altura del coro y la espadaña de doble vano con dos campanillos. La altura de la capilla mayor es de diez metros y lo restante de nueve. De larga, veinticinco metros, por siete de ancha. La capilla, escribe Janáriz Ibáñez, «con cúpula y lo restante sin bóveda, ni artesonado. El altar es de estilo rococó, de fondo blanco y lo demás dorado. Ocupa el centro la hornacina de la Virgen de los Valles y a su alrededor penden multitud de exvotos» .

Es tradición, sigue el fraile, «que se apareció el 24 de septiembre y para conmemorar esta fecha tan notable celebran en dicho día la fiesta principal con misa cantada, panegírico y procesión cantando el Rosario. Es venerada en especial en El Burgo de Osma, que en su festividad sube a oír misa y pasa el resto del día en sus inmediaciones. Acuden los de Barcebalejo a oír misa en la ermita en las rogativas de la Ascensión y el día se San Antonio».

Recordamos lo que se lee en el periódico Hogar y Pueblo, de 29 de octubre de 1951, cuando señala que la romería celebrada ese año había estado más concurrida que en años anteriores y que el sermón corrió a cargo de Leónides Martínez Aguado, beneficiado de la catedral de Osma. Tras la misa tuvo lugar la procesión en la que la imagen de la Virgen, rodeada de multitud de fieles, estrenaba un manto donado por fray Ignacio Frías Yagüe, fraile claretiano, residente en California, hermano de Dolores Frías Yagüe, naturales del lugar, y ésta esposa de Urbano Martínez Poza, maestro y director de las Escuelas Graduadas de Berlanga de Duero (1934-1959). Manto que había sido bordado en el Real Hospicio Provincial de El Burgo de Osma. El año siguiente, en el que la asistencia fue tan numerosa que la espaciosa ermita resultó insuficiente, el sermón corrió a cargo de Joaquín Aldea Rodríguez, natural de Morales y encargado de la parroquia de Barcebalejo.

También es obligado traer a esta pagina el sangriento suceso ocurrido cuando se celebraba, por la tarde, la fiesta en la que hubo gaiteros y mucha animación en los alrededores de la Ermita y en el campo de las eras. El caso es que Eusebio Ransanz, molinero, tenía tres borriquillos atados a un árbol para regresar al Burgo una vez terminada la romería y acompañado de dos amigos. David Redondo, por hacer una gracia, con otros dos camaradas, se apoderaron de los animales y, montándose en ellos, volvieron muy contentos a El Burgo, dejando así de a pie al molinero y a sus dos compañeros.

Éstos llegaron ya de noche a la Villa y David, que se encontraba en la taberna de Fermín 'El Botero', fue interrogado por Eusebio porqué había hecho tal acción. Se enredaron de palabra y, ya en desafío, salieron a la calle. En tal situación, el molinero sacó una pistola brovig e hizo a David tres disparos: uno de ellos en el pecho, otro en la espalda y con el otro no hizo blanco. David fue conducido a casa de su madre y el día 28 de septiembre se informaba que el herido seguía en estado de gravedad. Que se le había extraído una bala de los riñones y la otra la tenía alojada en la región pulmonar, siendo imposible extraerla.

Finalizamos con el poema, de 1884, que recuerda la concurrencia de los burgenses a la fiesta:

Del Burgo a Barcebalejo

cantaba así un peregrino,

«¿cuándo terminan las obras

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de este costoso camino?».