Fernando, apicultor de vocación: "Una buena lección que nos dan las abejas es la organización ejemplar que tienen"

Un hombre que un día en pleno invierno ve salir una abeja de su colmena, la pilla evacuando en el primer vuelo y confiesa su admiración por la limpieza y el orden existencial del insecto no puede ser normal. Queremos decir, mejor, corriente. No, no lo es. Fernando es técnico de farmacia de profesión y apicultor de vocación. Si no fuera humano, puede que perteneciera a la comunidad del panal, con la que se le adivinan similitudes.

Fernando Rupérez PalomarHDS

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Soria

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P. Una afición, una herencia, un trabajo… ¿Qué es para usted la apicultura?

R. Afición y herencia. Esas cosas casi siempre vienen por herencia. Si has mamado una cosa, al final ves que te gusta. Una anécdota que siempre cuento es que ya cuando fui a hacer la primera comunión, una de las veces que fui a misa iba con el ojo hinchado por un picotazo de abeja. Ya entonces ayudaba a mi padre y estamos hablando de hace 50 o 55 años.

Es como cualquier hobby, también ahora mi siguen picando, se inflama un poco y tal, pero no pasa nada. Es como cuando le dices a un corredor de maratón si le vale la pena, si le compensa pegarse la paliza para hacer una marcha… Esta semana creo que ha sido la de Beobia-Irún y cuántos habrán ido de por aquí a pasar calamidades, que decimos nosotros. O el montañero. Como todos los hobbies tiene su parte buena y su parte mala.

P. Parece que no es un buen momento para ellas. ¿Por qué hay que salvarlas?

R. Todo depende de la polinización. Si partimos de la base de que lo que hacen las abejas es polinizar y con ello mantener vida, pues por eso mismo, hay que mantenerlas. Pero es lo de siempre, el género humano es gilipollas y al final se acabará el mundo porque somos gilipollas. Eso lo tenemos todos claro. Tenemos que defender algo que nos está dando polinización, producto y a raíz de ello el medio natural. No deja de ser una cadena. (Imprescindibles, entonces). En principio sí. Hay más insectos que polinizan, pero como éste no. Cuando estudiaba más el mundo de las abejas veía cómo en Francia se hacían acuerdos de gente entre plantaciones y apicultores para la polinización, lo que aumentaba las producciones. Aquí eso no se lleva, pero luego a nivel de pequeños agricultores tenemos nuestros truquillos. Yo aquí en Olmillos he estado polinizando unas fresas. ¿Se nota que hay más producción? Se tiene que notar, sí. Donde hay abejas, hay más vida, por eso precisamente, porque hay polinización.

P. ¿Qué le seduce de las abejas?

R. Sobre todo dos cosas. Una como insecto y otra como comunidad en la que vive. Individualmente uno puede ser muy bueno en lo que sea, pero es, como todo en esta vida, si no funciona el grupo, apaga y vámonos, esto se nos hunde. Lo bueno de las abejas es que ves que funciona el grupo: tienen unas pautas marcadas. Yo a veces he llevado a algún amigo a verlas y le he dicho ‘mira, cuando veas una abeja así, ésa es guardián y te va a picar sí o sí, porque es su función. Pero igual que la que tienen los zánganos, que ahora a partir de otoño ya no son necesarios, no son fundamentales en la colmena y hay que eliminarlos. Tú llegas un día al colmenar y ves como las obreras los salgan de las colmenas y los matan, porque el grupo tiene que funcionar como grupo. Y para eso tienen normas, un escalón. Está la reina, las obreras y dentro de las obreras, según nacen, están las nodrizas, las limpiadoras… cada una tiene su función.

P. Su mayor desafío como apicultor.

R. Cuando hablamos de apicultor siempre se suele buscar lo definitivo: vamos a sacar la miel. Yo soy de los que piensan que es, no te digo lo más desagradable, pero sí lo más trabajoso. Pongo el ejemplo de las viñas: cuando yo tenía, te tocaba vendimiar en octubre, lloviendo… es lo peor que hay. Lo bonito es coger una planta que la vas podando, cuidando, para que luego haga un racimo y tal y con las abejas ocurre lo mismo. ¿Cuándo disfrutas? Cuando llega primavera, ves la colmena, miras esa reina como está, si se ve floja o no, qué se puede hacer, si hay que meter crías de una a otra. Hacer perrerías, que yo digo, para que funcione y hacer la colmena fuerte para sacar una buena producción. En mi caso al ser hobby no es mi mayor deseo sacar muchos más kilos de miel, que sí, que lo voy a conseguir, pero cuando disfrutas es cuando estás haciendo todas estas cosas. Tienes un jardín con plantas y cuando disfrutas es cuando las ves, quitas hojas, podas… Es el día a día. Para mí lo de menos es la producción, que es importante, pero los aficionados como más disfrutamos es con todo lo que hay antes.

P. ¿Y como técnico de farmacia, su desafío?

R. A ver cómo te lo explico. El mayor desafío que tenemos ahora en la farmacia es que nos están sacando mil normativas, haz esto, no hagas lo otro. El problema es que estamos deshumanizando todo. En una farmacia de pueblo tienes a gente de 80 y 90 años y se les olvida que son personas. No se les puede decir ‘ahí está la receta electrónica’. ‘¿Y qué le digo yo al médico?’. Que te renueve. ¿Qué haces, le apuntas en un papelito renovar a una persona de 90 años? El reto creo que lo tenemos en que no se nos deshumanice lo que tenemos humanizado. Normas, normas, normas y nos olvidamos de lo esencial, de la persona.

P. Si usted fuera abeja ¿a qué le tendría miedo?

R. Seguramente, y aunque sea una burrada, al humano, como concepto. No nos da miedo echarnos equis insecticidas, ni ver un enjambre y tirarle piedras. ¿Qué ocurre? Parece que el que gana es el fuerte. ¿Quién tiene todo el poder? El humano, que es quien tiene todos los instrumentos para ventilarse a base de insecticidas y herbicidas cualquier población de abejas. Quizá seamos los más dañinos para todo, pero es lo que hay.

P. ¿Y a cuanto pondría el kilo de miel si fuera abeja?

R. Es algo impagable. Al final es la ley de mercado, pero cuando sabes los vuelos que hay que hacer para un kilo de miel piensas que esto se nos va de las manos... Tienes una colmena con 30.000 ó 40.000 abejas… Hay que ser capaces de manejar todo eso para hacer algo que se llama miel, propóleo, el mismo veneno de las abejas que se utiliza para las abejas… Son mil historias.

P. Es técnico de farmacia y trabaja en la de su pueblo, San Esteban, ¿en qué confía más, en una aspirina o en una cucharada de miel? Por qué

R. Yo me tomo una cucharada de miel todos los días y tengo la aspirina por si acaso.

P. La mejor lección que le ha dado una abeja.

R. Mira, una lección que nos dan las abejas es la organización ejemplar que tienen. Es verdad que, como todo lo que funciona en este mundo, es matriarcal. Lecciones varias. Una de las veces que estaba haciendo una visita al colmenar veo que sale una abeja y justo la vi evacuar. Sería en febrero, un día bueno. Manda narices. La tía se habrá estado aguantando medio mes sin evacuar y en el momento en que ha salido un poco el solecillo, pumba. No se pueden permitir el lujo de evacuar dentro de la colmena para que no haya enfermedades. Mira qué sabias. Son cosas que las ves. Es una lección. Mira si lo hacen las abejas y qué guarros somos los humanos a veces. En invierno tienen que mantener una limpieza y suelen salir los días que hace bueno a evacuar.

P. Tenga cuidado la respuesta. ¿Qué hacen más falta en Soria, abejas o farmacias en el medio rural?

R. (Ríe). Quizá tendríamos que decir primero que hacen falta más personas. Y ya empezamos con el tema de la despoblación. A lo mejor lo que hacen falta son menos políticos a nivel nacional, más personas, más farmacias. Si hubiera más personas habría más farmacias y seguramente más abejas. Más gente como yo que se animaría. Hace poco llegó una persona a San Esteban que dijo que le gustaría montar un colmenar y estoy esperando a estar juntos un día. Esto es la pescadilla que se muerde la cola…

P. La apicultura fue antes o después que su afición a la música. Lo digo porque pertenece usted a la Banda de Música de San Esteban desde hace años.

R. Pertenezco a la banda y a la charanga de San Esteban. La apicultura la conocí con nueve años; la música vino después, sobre los veintitantos.

P. ¿Qué melodía es el zumbar de una abeja?

R. Quizá un tipo de vals. Pero cuando estás en una colmena abierta, dependiendo de la época y de lo que estén haciendo dan un tono u otro. Las escuchas y piensas qué estarán haciendo. A veces el zumbido es más machacón y suena a pop rock; luego puede ser más valseado, más tranquilo.

P. Yo creo que las abejas nos ocultan algo.

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R. Somos tan torpes que no somos capaces de ver lo que pueden ocultar. El problema lo tenemos nosotros, no ellas. Las abejas son algo casi perfecto. En el momento en que te metes un poco en su mundo ves cómo funcionan. Tienen su parte animal -los zánganos se eliminan cuando no se necesitan, pero luego en primavera tengo que tener para que fecunden a la reina, producir aireación, por si falla la reina… Casi perfecta. El problema es que seamos capaces de conocer todo eso, que hacen todo por una razón. Se supone que tenemos que ser más inteligentes y adelantarnos a cualquier historia que vayan a hacer. Si hace frío y tengo colmenas y tengo tres o cuatro alzas, lo lógico es que quite alguna por la sencilla razón de que va a hacer frío y no vas a tener un bloque de siete pisos con todas las puertas abiertas. Es fácil deducirlo y tengo que adelantarme a lo que ellas van a necesitar.