segovia
El acusado de cinco abusos sexuales cierra el juicio con una petición parcial de perdón
Niega tres casos y admite “tocamientos” en dos, “pero nunca violación, sino abuso o agresión sexual”, subraya su abogado, quien espera que los atenuantes eviten su reingreso en prisión
El joven que se enfrenta a una pena máxima de 23 años y dos meses de cárcel por cinco presuntos delitos de abuso y agresión sexual contra cinco mujeres ejerció este miércoles su derecho a la última palabra para cerrar el juicio con una petición parcial de perdón. Negó los tres primeros casos que se le imputan y reconoció “tocamientos” en los dos últimos, “pero nunca violación, sino abuso o agresión sexual”, según añadió su abogado, quien espera que los atenuantes planteados (alcohol y drogas, principalmente) rebajen la condena a no más de dos años para evitar al acusado el reingreso efectivo en prisión, donde ya pasó diez meses y medio.
El juicio quedó así visto para sentencia tras la segunda sesión celebrada en la Audiencia Provincial de Segovia, en la que el Ministerio Fiscal elevó a definitiva su petición inicial de 18 años y medio de prisión, y aumentó a más de 26.000 euros la indemnización por la suma de los cinco delitos que atribuye a I.I.L., de 23 años de edad. En concreto, considera probados un intento de abuso sexual (1 de julio de 2012), un abuso consumado (noviembre de 2012), una agresión sexual (25 de diciembre de 2012) y, por último, una violación y otra en grado de tentativa (10 de marzo de 2013). Con las acusaciones particulares, la pena conjunta ascendería hasta los citados 23 años y dos meses.
El acusado ya alegó en su declaración del primer día del juicio distintas circunstancias personales o familiares como posibles coartadas para tratar de situarse fuera del relato de las tres primeras víctimas y negar los tres primeros delitos. Y respecto a su última declaración, los “tocamientos” que admite (“puede” que el culo y los genitales, si bien dice que no lo recuerda porque estaba borracho) distan mucho de los delitos de violación e intento de violación que tipifican las acusaciones.
En concreto, tal y como recordó el abogado defensor, Ignacio García Tábora, en declaraciones recogidas por Ical, para que haya violación debe existir una penetración con algún miembro corporal que “en ninguno de los casos se ha producido”. La fiscal aportó el informe de la exploración ginecológica de la cuarta víctima como prueba de que sí la hubo por vía vaginal (le habría introducido los dedos), ya que recoge arañazos y “excoriaciones en el labio menor izquierdo y la vagina”, pero la defensa ve “contradicciones entre el forense, el ginecólogo, el médico de guardia y la psicóloga”, porque algunos de ellos “hablan de forcejeo, nada más”.
Heridas con “muchas explicaciones”
Asimismo, García Tábora aseguró que esas lesiones “pueden tener otras muchas explicaciones”. “En ocasiones, cuando dos personas mantienen relaciones sexuales puede producirse alguna heridita o arañazo si no está bien lubricada la vagina”, puso como ejemplo, “y por tanto no se pueden pedir alegremente nueve años (por el delito tipificado como violación) cuando no hay ninguna prueba” de que existiera penetración vaginal con los dedos.
“Mi representado ha admitido dos hechos puntuales que corresponden con los dos sucesos de 2013, pero considero sinceramente que son solo tocamientos y por tanto no ha habido ningún tipo de violación, en todo caso abuso sexual o bien agresión sexual, sin ningún tipo de introducción”. El Código Penal establece por estos delitos de uno a tres y de uno a cuatro años, respectivamente, de ahí que la defensa se aferre a la posibilidad de que la sala acepte sus planteamientos para imponer una condena que no supere los dos años.
“Nosotros no negamos que hiciese lo que estaba haciendo, ojo, no venimos aquí a contar historietas”, subrayó el letrado sobre los dos últimos casos, ya que el acusado “niega cualquier tipo de relación” con los tres anteriores, de los cuales “hay denuncias que se presentaron hasta un año después”, añadió. “Decimos que el consumo de alcohol y de cannabis limita, al menos de forma relativa, la capacidad de entender y de querer, y eso debe provocar a mi juicio por lo menos una atenuación de la pena”, resumió.
“Un niño grande”, según su padre
Dar más consistencia a tales argumentos era también el fin de García Tabora al llamar a declarar en esta segunda sesión a los padres del acusado, que aguantaron las más de diez horas de juicio (entre los dos días) en los pasillos de la Audiencia, ya que se celebró a puerta cerrada para preservar la intimidad de las denunciantes. Según García, el padre habló de la personalidad inmadura de su hijo, al que describió como “un niño grande” del que “se reían en la escuela”.
Y la madre, por su parte, apuntó que el “aislamiento” que sufrió el acusado en la infancia pudo provocar que se iniciase en el consumo excesivo de alcohol y cannabis “y que finalmente cometiera dos actos que tienen su gravedad, pero que le honra que los haya reconocido y debería atenuarse la pena por ello”, reseñó el abogado defensor.
También hubo menores en la sala, amigos o conocidos del acusado, que hablaron a petición de la defensa. “Han sido muy claros y espontáneos, totalmente creíbles y veraces”, según García, respecto al “consumo de alcohol y cannabis continuado” de I.L.L. Apuntaron que siempre que salían “estaba con el porro en la mano”, y que el día de los hechos por los que se le imputa una violación y un intento de violación se había bebido casi una botella de whisky, “unos tres cuartos”.
Y por ello I.L.L. “ha pedido perdón y ha manifestado que está arrepentido”, reiteró de nuevo el abogado defensor, que también lamentó que su cliente haya “pasado de la presunción de inocencia a la presunción de culpabilidad” para algunos medios de comunicación, “cuando hay una persona y una familia que está sufriendo”, concluyó. No piensan igual las presuntas víctimas, una de las cuales declaró y se ratificó en esta última sesión tras no haberse presentado el primer día.
Los cinco abusos y agresiones sexuales se habrían producido cuando las denunciantes se disponían a entrar en sus respectivas viviendas, todas residentes en el barrio de San Lorenzo de Segovia y a las cuales no conocía. Y siempre en las primeras horas de la mañana de un sábado, un domingo o un festivo.
Según el relato de la Fiscalía, llegó a tocar los genitales a la segunda y la tercera víctima, introdujo los dedos en la vagina de la cuarta y volvió a intentar lo propio con la quinta. Y ahora ya, con el juicio visto para sentencia, es cuestión de los jueces el grado de validez que se da a tales denuncias.