Heraldo-Diario de Soria

Castilla y León rebasa las barrera de los 100.000 trabajadores ‘exportados’

Despidió 2016 con el saldo negativo más alto de toda la década / Fue la quinta autonomía con un mayor carácter emisor

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Publicado por
MAR PELÁEZ
Soria

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Castilla y León exporta motores, bienes de equipos, productos de alimentación, sí, pero también mano de obra. La Comunidad abre sus puertas para dejar salir a potenciales trabajadores. Y es que la movilidad geográfica por motivos laborales no hace más que crecer año tras año, hasta el punto de que 2016 sumó un nuevo récord de salidas. Sólo en el último año, hubo un 9,94% más de trabajadores que se fueron que en todo 2015.

Se rebasó la barrera por primera vez de los 100.000 contratos firmados por castellanos y leoneses que un día se vieron obligados a hacer las maletas, llevarse la casa a cuestas y traspasar las fronteras autonómicas con un contrato en la mano. Fueron, para ser exactos 104.931, a razón de una media de 286 contratos diarios.

El informe de movilidad del Servicio Público de Empleo evidencia que esa salida de mano de obra no se vio compensada, ni mucho menos, por el número de ‘foráneos’ que encontró trabajo en la Comunidad. Y eso, pese a que el número de ‘llegados’ que atrajo Castilla y León también aumentó el año pasado (un 12,56%), llevados por un incremento de un 8,44% en el nivel de contratación de la Comunidad.

Los 70.724 ciudadanos del resto de España que ‘cazaron’ un puesto de trabajo en Castilla y León no fueron suficientes para equilibrar la balanza. El saldo fue, por tanto, negativo. Salen más que entran, sin duda. Tanto es así que la Comunidad ‘exportó’ el pasado año 34.207 trabajadores más de los que ‘importó’; un 4,8% más incluso que el pasado año.

Se trata de la cifra más abultada de toda la década. Nada que ver con los 17.700 contratos que se ‘perdieron’ en 2010 –la mitad que ahora–, o los 20.738 de 2012.

Un vistazo a la evolución de los últimos años demuestra que Castilla y León acumula un saldo negativo de 173.381 en siete años. Todo ello consagra a la Comunidad como una autonomía eminentemente emisora de mano de obra.

Castilla y León se sitúa así como la quinta autonomía de España con un poder ‘exportador’ más acusado. Sólo Andalucía, con un saldo en su contra de 117.146, Castilla-La Mancha, Extremadura y Valencia, apuntaron peores registros. En el extremo contrario se colocan Madrid, Baleares, Cataluña, Murcia, País Vasco y Navarra, las únicas comunidades consideradas plenamente receptoras de trabajadores.

Pese a ese dato negativo, la Comunidad figura justo en la mitad de la tabla nacional en cuanto a tasa de movilidad global. Es la que mide el porcentaje de contratos realizados que implican desplazamiento del trabajador sobre el total de los firmados. Esa tasa alcanzó el pasado año en la Comunidad el 9,73%, unas décimas por encima del ejercicio anterior, y un punto justo superior a la registrada a nivel del país. Dicho de otra forma, uno de cada diez contratos que se suscribieron a nivel autonómico implicó el desplazamiento de un trabajador.

Ocupa el puesto número nueve, en el ranking nacional, equidistante de La Rioja, con una tasa del 24,72%, y de Canarias, con tan sólo un 4,11%. Según el informe del Sepe, la tasa de entrada de Castilla y León se quedó en el 7,99%; el de salida sube al 11,41%, según la información que maneja el Sepe.

El perfil del trabajador que se marcha tiene nombre de varón. Ellos suponen el 58% del total. Son mayoritariamente españoles, con una edad que oscila entre los 30 y los 45 años y con estudios primarios. Pertenecen al grupo de trabajadores no cualificados, seguido muy de cerca por aquellos incluidos en el apartado de trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección o vendedores de comercio. Por eso no es extrañar que siete de cada diez contratos suscritos fuera de las fronteras castellanas y leonesa se refieran al sector servicios. El mismo patrón se repite, casi milimétricamente, si se analizan los datos de aquellos que son atraídos por la Comunidad. Cosa distinta es el saldo resultante entre los que se van y los que quedan. En este caso, la Comunidad ‘exportó’ más mujeres de las que ‘importó’. La diferencia (18.251) fue negativa, lo mismo ocurrió con los menores de 30 años (-17.557) y con estudios primarios (-11.582). Exclusivamente la industria ganó personal. Los servicios se ‘desangraron’, con un saldo en contra de 34.386.

Pero ¿a dónde ‘emigran’ los castellanos y leoneses al refugio de un empleo? Sin discusión la respuesta conduce a Madrid. Un 39% de los contratos que firmaron los castellanos y leoneses lejos de su Comunidad tuvieron lugar en la capital de España. Allí sellaron 40.838 convenios de trabajo.

País Vasco y Cataluña, por ese orden, también resultan atractivos para los castellanos y leoneses. El País Vasco asistió al momento de la estampación de 13.095 contratos con la rúbrica de un ciudadano de la Comunidad. Cataluña lo fue de 8.320.

Estas tres autonomías concentran al 60% de los nuevos ‘emigrantes’ por cuestiones laborales. En los tres destinos, la presencia masculina fue mayoritaria, aunque esos flujos fueron más equilibrados en términos de género que la media de la movilidad.

Entre los que se dirigen al País Vasco resulta destacable la presencia de trabajadores con edades entre los 25 y 45 años, mientras que los que tienen como destino Cataluña y la Comunidad madrileña predominan los menores de 30 años. La presencia de extranjeros es significativo en el flujo que se dirige hacia Cataluña. Aunque los castellanos y leoneses encuentran empleo allende sus fronteras sobre todo en el sector servicios, en el caso del País Vasco adquieren cierta relevancia las actividades industriales.

La movilidad tiene otra cara: la de aquellos que escogen Castilla y León para trabajar. ¿Quiénes son esos españoles que vienen? La respuesta de nuevo conduce a Madrid. Son los madrileños los que en mayor medida cruzan la línea que le separa de Castilla y León. 13.994 el año pasado, especialmente atraídos por la construcción. Se acercan los andaluces, con 10.898, especialmente mayores de 45 años y para trabajar en labores agrícolas. Le siguen autonomías limítrofes como Cantabria y Extremadura, con 12.000 contratos de cántabros y extremeños, por los 5.314 de vascos.

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