Defensa aparta a una cabo que sufrió acoso en Burgos y Segovia

Tuvo un aborto en Castrillo al ser obligada a cavar / Su marido intentó asesinarla y está preso en Burgos

Llegó a Burgos en 2001 y se fue destinada a Segovia en 2005. En la foto aparece en un desfile en el Curpillos. - ECB-- ECB

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R. G. U. / BURGOS
Soria

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Un presunto episodio de abuso laboral en el seno del Ejército de Tierra ocurrido hace casi quince años en la persona de una soldado destinada en Burgos ha vuelto a emerger tras el recurso presentado por la afectada contra una resolución de Defensa por la que la aparta de la vida militar sin derecho a pensión. Una decisión que ni siquiera le fue comunicada oficialmente y de la que se enteró el día que le retiraron la prestación sanitaria militar.

El Ejército de Tierra alega pérdida de sus condiciones psicofísicas para el servicio para otorgarle la baja definitiva, sin reconocer que éstas hayan sido causadas, según el informe médico en el que se basa la resolución, por el abuso laboral que esta mujer asegura que padeció durante su servicio en las fuerzas armadas. Abusos que le llegaron a que se le produjera un aborto, según alegó. Además, este dictamen se apoya en el hecho cierto de que la víctima no denunció los hechos, aunque ella asegura que mandos militares le convencieron de no hacerlo.

Pero estos problemas se complicaron, además, con unos espeluznantes episodios de maltrato, por los que fue condenado su marido. Los relata con la sangre fría que da la familiaridad de quien convive con amenazas de muerte a ella y a sus hijos y con el miedo de tener que encerrarse en su casa sin salir cuando el agresor sale de permiso, se salta la orden de alejamiento y se quita la pulsera de seguimiento.

Soldado en Burgos.

María de Las Camelias López llega a Burgos en el año 2001 destinada al Regimiento de Artillería de Campaña nº 11 (RACA11) como soldado profesional en su primer periodo de servicio, por lo que su empleo aún no era fijo. Su puesto de trabajo estaba en las instalaciones del regimiento en la base militar Cid Campeador de Castrillo del Val, integrada en aquel entonces en la División Mecanizada nº1, hoy División San Marcial. En los boletines de Defensa no figura ningún incidente durante su estancia en Burgos y su expediente recoge un traslado tres años después a la academia de Artillería de Segovia, su ciudad.

Sin embargo, lo que no dicen los registros es que María de las Camelias se quedó embarazada y ahí comenzaron sus problemas. Cuando estaba de cuatro meses se le ordenó cavar unas zanjas en un ejercicio y pese a que advirtió a su inmediato superior de que en su estado el médico le había recomendado no cargar peso, fue obligada a realizar esa actividad, pese a su malestar y a que advirtió del riesgo de que sufriera pérdidas. No fue escuchada y tuvo que obedecer. 

Después tuvo pérdidas y el embarazó se le malogró. Camelia lo achaca al esfuerzo de cavar que no tendría que haber realizado. Fue ingresada y relata que en aquel entonces varios mandos en el regimiento le aconsejaron que no iniciara ningún tipo de protesta y en cambio sería trasladada a Segovia, según su relato de los hechos.

Por aquel entonces, entrar en la Academia de Artillería de Segovia, explica, «no era nada fácil» y, además, «no estaba fija en el Ejército» por lo que temía «perder mi puesto de trabajo». Al final accedió al traslado y dejó que el asunto se «tapase» como pretendían los mandos.

No consta, efectivamente ninguna denuncia ni el caso dejó registro en las asociaciones de tropa y militares profesionales de Burgos. Sí que figura su cambio de destino a Segovia, para integrarse en la prestigiosa Academia de Artillería a la que llega con el empleo de cabo.

En Segovia, donde aún reside, se integra en la vida de la academia rápidamente y deja atrás los problemas. «Me saqué todos los carnets de conducir y me pusieron de instructora», recuerda y hace hincapié en que coincidió en la academia con dos mandos que procedían de Burgos que conocían su caso por lo que se sintió muy bien acogida.

Pero sus problemas estaban muy lejos de finalizar. Al cabo de un tiempo, llega al mismo destino en Segovia el sargento que le forzó a cavar estando embarazada. Su sola presencia le provoca una incomodidad que los mandos que conocían el caso tratan de aplacar alejándola del sargento, al que, según explica Camelia, «prohibieron siquiera hablar conmigo». Para colmo de males, ambos mandos ascendieron y cambiaron su destino. Como el sargento siguió tratándola con dureza protestó a sus superiores y la única solución que le dieron fue enviarla a cocinas con la excusa de que «con lo bien que trabajas me vas a solucionar el problema allí», según recuerda Camelia. Como todo problema es susceptible de empeorar, ese tercer mando ‘comprensivo’ también cambió de destino al ascender con lo que el sargento volvió a ser su superior directo. Esta situación dejó marca en su carácter, reconoce, y empeoró la situación en su casa en la que vivía con un marido trastornado por el consumo de alcohol y drogas, según recuerda.

En el año 2010 el marido comienza a maltratar a María de las Camelias y amenazarla. «Me llegó a decir que me iba a prender fuego a mi y a mis hijos». Amenazas como esta se suceden a la vez que en el Ejército la situación con su superior le seguía generando un trastorno emocional con lo que se le provoca un cuadro nervioso diagnosticado por los médicos militares, pero que lo achacan exclusivamente a su situación familiar y no a los problemas que arrastraba por lo que le ocurrió anteriormente en el Ejército.

La agresividad del marido fue a más y finalmente fue condenado a alejamiento de María de las Camelias, una orden que se saltó «más de cien veces» por lo que el juzgado le envió a prisión.

Ni siquiera en la cárcel la dejó en paz. El exmarido está preso en el centro penitenciario de Burgos, donde «en un permiso robó un coche y sin carnet se vino para Segovia. Por el camino me llamó amenazándome de muerte». Tras varias llamadas en las que aseguraba que atacaría a Camelia, ésta se refugió en el cuartel de la Guardia Civil donde recibió una nueva llamada amenazadora. «Le pasé el teléfono al guardia y habló con él para que se calmara», recuerda. Finalmente fue detenido y presentado ante la justicia. «La juez me preguntó si tenía algo que declarar. Le solté que se leyera el expediente», rememora enojada, ya que tampoco se siente arropada por la Justicia puesto que su ex mantiene la custodia compartida de los niños, ella tuvo que hacerse cargo de sus deudas y no ha sido capaz de alejarlo de Segovia, pese que tiene prohibido entrar en la provincia.

Con ese panorama es fácil comprender qué pasó por su cabeza cuando el Ejército le comunica que quiere destinarla de nuevo a Burgos, donde está preso su ex, que goza de permisos carcelarios. De nuevo recayó y permaneció de baja.

Además, Camelia achaca otros problemas de salud a su paso por el Ejército. Tiene un brazo con problemas de movilidad y está convaleciente de una lesión de rodilla, a la espera de operación. A la vez se está tratando por la ansiedad acumulada desde 2012. Su situación médica motivó un procedimiento médico militar que ha derivado en la resolución de noviembre de 2018 que la aparta de la carrera militar y que Camelia ahora ha recurrido.

Lamenta igualmente, que se enteró de que el Ejército le había dado de baja cuando desde el ISFAS, el Instituto Sanitario de las Fuerzas Armadas, le llamaron para que entregase su boletín de recetas. «No entendía nada. Me dijeron que me habían dado de baja del Ejército y tuve que ir a la Subdelegación del Gobierno a preguntar», recuerda. Lo siguiente que hizo fue darse de alta en la Seguridad Social para que sus hijos quedasen cubiertos.

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Sin empleo, sin la baja médica y sin argumentos, su única salida, reconoce, ante el Ejército ha sido la reclamación legal. De momento Defensa no se ha puesto en contacto con Camelia, según explicó a este periódico. Sí lo han hecho algunos compañeros con los que coincidió en Burgos, conocedores de su caso y «algunos de ellos mandos», que le han enviado «mucho ánimo» y le han recomendado que «siga hasta el final» porque «no hay derecho». «Lo hago todo por mis hijos, son la luz de mi vida», remata.