La soriana Cristina Urgel lleva a la Seminci los silencios de tres generaciones de mujeres

La cineasta estrena el largometraje ‘La conversación que nunca tuvimos’, que profundiza en la historia de su abuela y en las huellas del estigma de la maternidad en solitario

Cristina Urgel.MARIO TEJEDOR

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Heraldo-Diario de Soria
Soria

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La voz de una abuela, grabada con un teléfono móvil un año antes de morir, permite a una madre y a una hija mantener la conversación que durante décadas queda pendiente en su familia. La cineasta soriana Cristina Urgel estrena este viernes en la Seminci ‘La conversación que nunca tuvimos’, el largometraje documental con el que profundiza en la historia de su abuela, Celia García, madre soltera en la localidad soriana de Cabrejas del Pinar de los años 50, y en las consecuencias del rechazo que sufrió sobre su madre. Tras la nominación al Goya del cortometraje, la historia llega ahora al festival vallisoletano con una mirada más amplia sobre los silencios familiares.

La película, de 76 minutos, celebra su estreno mundial en la sección Castilla y León en Largo de la 71 Semana Internacional de Cine de Valladolid, con una proyección prevista el viernes 30 de octubre, a las 17.30 horas. La directora incorpora más imágenes del archivo familiar, su propia voz en off y una visita a la casa donde su abuela trabaja durante buena parte de su vida. “Esta historia no solo va de las madres solteras y del estigma”, explica Urgel en declaraciones a Ical para añadir que la reflexión se extiende a esas cuestiones que las familias conocen, pero evitan abordar.

“En todas las familias hay elefantes en las habitaciones de los que nadie habla y es muy necesario hablar”, sostiene.

El largometraje conserva el encuentro entre la directora y su madre mientras escuchan la grabación de Celia, pero desarrolla con mayor detalle las vidas de ambas mujeres. Permite conocer cómo es la relación de su abuela con el padre de su hija, cómo él se desentiende al conocer el embarazo y cómo ese abandono condiciona también la infancia de la madre de la cineasta, informa Ical.

El documental, según describe, nace de una conversación familiar pendiente que sale a la luz porque intenta conocer una historia que su abuela suele esquivar. En el momento que su abuela Celia comienza a contarla, activa la grabadora del móvil para conservar sus palabras. “Yo entendí mucho mejor a mi abuela después de esa conversación; entendí mucho mejor su carácter y cómo era”, recuerda.

La directora afirma que en aquel momento comprendió que acaba de escuchar cuestiones que su madre desconoce y que aquella conversación les correspondía, sobre todo, a ellas dos. Sin embargo, su abuela fallece al año siguiente sin que llegarán a mantenerla.

Después de atravesar el duelo surgió, según cuenta, la posibilidad de escuchar juntas los audios y filmar ese momento. “La idea de guardar un archivo familiar se convierte también en un legado para mi hija y para las siguientes generaciones”, apostilla.

Urgel define aquel momento como “un ejercicio de memoria histórica” y un homenaje a unas mujeres que han hecho tanto por nosotras y que “son las grandes olvidadas”.

La madre de la directora aceptó escuchar la grabación y ser filmada sin imponer condiciones, aunque le inquietaba enfrentarse a las cámaras. Nunca antes había escuchado los audios y no sabe qué va a encontrar en ellos. Esa primera reacción constituye el centro de la película. “Rodamos todo del tirón”, explica Urgel, que colocó tres cámaras para recoger el encuentro.

“Mi madre estaba nerviosa porque me decía: ‘¿Pero y qué tengo que decir?’. Y yo decía: ‘Mamá, nada, tienes que dejarte llevar. Y tras escuchar la voz de Celia, fallecida tres años antes de esa grabación, mi madre se concentró en el relato y se olvidó del equipo", destaca.

El documental permitió comprender mejor a su madre y abordar una historia que arrastra desde niña. “Le ha dado también paz”, afirma la cineasta, que encuentra en el cine una manera de propiciar ese diálogo pendiente y volver a escuchar a un ser querido que explica su vida después de su muerte.

“El testimonio de Celia retrata una sociedad que castiga a la mujer por un embarazo fuera del matrimonio mientras el hombre continúa con su vida en el mismo pueblo. El rechazo llega también desde su propia familia. Sin otro lugar al que ir, permanece con su hija en la casa familiar y soporta los reproches de su madre, a quien cuida hasta su muerte”, destaca.

La abuela de Cristina nunca rehízo su vida y su vida social quedó reducida durante años y solo volvió a socializar cuando fue mayor y consiguió “camuflarse entre las viudas del pueblo”.

La nueva versión incorpora fotografías y películas familiares en Super 8, además de una salida de la casa donde transcurre la conversación. Madre e hija entran en la vivienda en la que Celia sirve durante toda su vida, un espacio que la directora describe como “anclado en el tiempo” y cuya visita añade otra dimensión al recuerdo de su abuela.

El recorrido del cortometraje por festivales y su nominación al Goya han permitido a la cineasta soriana escuchar testimonios de otras mujeres y espectadores que reconocen experiencias cercanas. “Lo que yo quería hacer con esto no solo es un homenaje a mi abuela, sino a tantas y tantas mujeres que fueron señaladas por esto”, subraya.

Ahora concentra sus esfuerzos en el estreno de la Seminci y en la campaña de premios, con el largometraje inscrito en los Forqué y los Goya. Por el momento no tiene una presentación prevista en Soria ni en Cabrejas del Pinar, aunque recuerda con especial cariño la acogida del corto en el festival soriano, donde obtuvo dos premios. “Me sentí muy, muy querida en Soria”, asegura.

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Más allá del recorrido de la película, desea que el público salga de la sala con preguntas sobre su propia familia y con la voluntad de abordar conversaciones aplazadas. “Creo que hay un trasfondo universal de silencios en las familias”, concluye.