El joven que ha recuperado un tomate de Soria de 1916: «Será muy similar al que comían nuestros abuelos»
El tomate de Soria de 1916 recuperado por Emilio Medina demuestra que las semillas antiguas aún pueden devolver el sabor tradicional perdido en la agricultura moderna

Un tomate de variedad tradicional, jugoso y de semillas oscuras, ejemplo del tipo de fruto que se obtiene a partir de semillas antiguas recuperadas
El joven agricultor palentino Emilio Medina ha logrado algo que, hasta hace poco, parecía imposible fuera de laboratorios o bancos internacionales de semillas: devolver a la tierra un tomate de Soria documentado en 1916. Lo ha hecho desde su huerta en Villalcázar de Sirga, con un método tan paciente como radicalmente sencillo: recuperar, sembrar, seleccionar y volver a guardar. En el programa Poniendo las Calles de COPE, explicó el proceso con claridad, pero también con una idea que conecta directamente con el consumidor actual: el sabor que muchos creen perdido no ha desaparecido, solo estaba olvidado.
En la entrevista radiofónica, Emilio Medina relató cómo consiguió germinar una semilla procedente de Almazán fechada en 1916. El resultado no es una réplica exacta del pasado, pero sí una aproximación sorprendente. «Prácticamente será muy, muy, muy similar, con el mismo sabor que aquel tomate que comían nuestros antepasados en aquellos años», explicó en antena. Una afirmación que desmonta el mito de que la evolución agrícola ha mejorado necesariamente el sabor.
Ese tomate no es solo una curiosidad. Es una prueba tangible de que la genética de las variedades antiguas sigue siendo viable y, sobre todo, valiosa. Frente a la homogeneidad de las semillas comerciales, diseñadas para resistir transporte, producir más y durar más en estantería, estas variedades tradicionales conservan características que no se pueden industrializar fácilmente: matices de sabor, adaptación al terreno y una identidad ligada al territorio.
Emilio Medina y las semillas antiguas: un archivo vivo en Palencia
Lo que Emilio Medina ha construido en su huerta va mucho más allá de un cultivo experimental. Él mismo lo define como un «banco de semillas personal», aunque detrás de esa expresión hay una red informal de intercambio y memoria. «Estas semillas me las ha dado sobre todo gente mayor que cultivaban sus huertas», explicó en COPE. Personas que, sin saberlo, han sido guardianes de un patrimonio agrícola silencioso.
Su colección supera el millar de semillas, muchas de ellas recogidas en desvanes, bodegas o directamente de manos de agricultores veteranos. El proceso no termina al conseguirlas. Para evitar que pierdan su capacidad de germinar, Medina las cultiva, extrae nuevas semillas y las vuelve a almacenar en condiciones controladas. Es un ciclo continuo que transforma una reliquia en un recurso activo.
Lejos de la imagen romántica, el trabajo tiene un componente técnico muy preciso. En Poniendo las Calles detalló cómo germina los semilleros en casa, aprovechando el calor del suelo mediante sistemas tradicionales como el hipocausto. En apenas «dos o tres días» ya obtiene las primeras señales de vida. Después, endurece las plantas exponiéndolas al clima para que se adapten antes de pasar al campo.
Este proceso es clave para entender por qué estas semillas siguen siendo útiles hoy. «Son variedades tradicionales adaptadas a estos terrenos duros y arcillosos, adaptadas a la sequía, adaptadas a las olas de calor», explicó. Es decir, no solo tienen valor gastronómico, sino también agronómico en un contexto de cambio climático.
El tomate de Soria de 1916 como símbolo de una agricultura diferente
La recuperación de esta variedad concreta abre una reflexión más amplia. ¿Qué se ha perdido en el camino hacia una agricultura más productiva? Para Medina, la respuesta es clara cuando compara sus tomates con los del supermercado: «No tiene absolutamente nada que ver. Es otra liga».
Además, insiste en que «las semillas de cada comarca son únicas y diferentes a otras», afirmó en COPE. Por eso su trabajo se centra especialmente en su entorno, consciente de que no se puede conservar todo, pero sí evitar que desaparezca lo propio.
Aunque su actividad principal sigue siendo como bombero forestal, su proyecto agrícola crece en reconocimiento y en impacto.