Centinela del cambio climático
Científicos del campus universitario de Soria estudian en la Antártida la relación de los contaminantes y el calentamiento del planeta dentro de uno de los proyectos que forman parte la actual campaña de investigación

Equipo de científicos de Soria que estudian los contaminantes en la Antártida.
E l cambio climático como consecuencia del calentamiento global del planeta está afectando de manera importante en los polos y en gran magnitud en la península Antártica, donde se observan afecciones por las perturbaciones de los ciclos de los contaminantes generados por el hombre, que por sus características de volatilidad viajan hasta el extremo más austral de la Tierra.
Un equipo de nueve científicos del campus de la Universidad de Valladolid en Soria y de la Universidad de Calgary y del Environment and Climate Change, estos dos últimos centros de Canadá, trabajan en un proyecto para avanzar en el conocimiento de la relación entre los contaminantes y el calentamiento del planeta.
El proyecto, denominado 'Byepol' está dirigido por doctora Ana Cabrerizo Pastor, experta en estudio de los polos. Está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y contempla un minucioso trabajo de campo que ha llevado a cabo en la península de Byers, en la Antártida.
Se trata de uno de los 28 proyectos que forman parte de la Campaña de Investigación Antártica 2024-25 que están apoyados por los técnicos de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC y de las dotaciones de la base del Ejército español en la Antártica.
España cuenta con uno de los programas científicos más destacados en esta parte del planeta, que en esta ocasión ha respaldado el trabajo de los investigadores del campus soriano.
«Hay pocos estudios sobre contaminantes en la Antártida en comparación con el Ártico», explica Ana Cabrerizo que realizó su tesis doctoral sobre química analítica en el medio ambiente en la base antártica Juan Carlos I, lo que le permitió advertir la presencia de contaminantes.
La investigación, que se encuentra en marcha y concluirá en 2026, se ha centrado en la península de Byers, donde no hay estudios previos, por lo que se esperan resultados destacados sobre los mecanismos de transporte de los contaminantes y su acumulación en lagos, terreno y vegetación. «El estudio en la Antártida es interesante porque los polos son centinelas que nos ayudan a conocer el cambio climático», explica Ana Cabrerizo.
El proyecto ‘Byepol’ persigue comprender la presencia de contaminantes de legado y emergentes en la Antártida y detectar nuevos que hayan llegado al continente austral, así como se van a estudiar los mecanismos de transporte de los mismos y los procesos de bioacumulación. Para ello se ha comenzado a estudiar las interacciones de los contaminantes entre los sedimentos, el agua y la cadena trófica en los lagos.
Los investigadores han elegido para el estudio varias familias de contaminantes y dentro de cada una de ella se ha seleccionado un número significativo. Se trata de los policlorados, de los que se analizarán unos 70; los perflorados, otros 30; pesticidas, unos 10 y microplásticos e hidrocarburos, entre 30 y 40.
Según explica Cabrerizo se ha optado por ellos por sus especiales propiedades, como la volatilidad (se pueden evaporar e ir moviéndose), así como se pueden transportar en largas distancias desde el lugar de su emisión. Además se trata de contaminantes tóxicos y algunos de ellos, aunque están prohibidos en la actualidad se usan en países subdesarrollados con diferentes fines y, por último, son capaces de biomagnificarse dentro de la cadena trófica.
Cabrerizo detalla que algunos de estos contaminantes persisten en el medio ambiente, a pesar de que llevan décadas prohibidos y no debería haber emisiones, pero pueden existir fuentes secundarias o emisiones por el cambio climático. «Se cree que en la Antártida se acumulan en el hielo y con la baja temperatura van a perdurar durante años», explica Ana Cabrerizo, que añade que «por ello son tan importantes estudios como el que realizamos nosotros».
El equipo científico de la Universidad soriana ha realizado la primera fase de la investigación que ha consistido en la recogida de muestras en la Antártida, concretamente en siete lagos de la península de Byers, una zona de especial protección. La estancia ha durado 6 semanas y los investigadores han regresado del viaje recientemente.
Se han recogido muestras de agua los lagos, a diversa profundidad, y de los sedimentos, muestras del terreno en el entorno, de vegetación (musgos y líquenes) y de aire, a través de captadores activos y pasivos. Estos segundos se han dejado en la Antártida para recoger más muestras que se retirarán dentro de un año.
En cada lago se han recogido varios testigos de sedimentos porque uno de los estudios que se realizarán a partir de ahora es la datación histórica, con isótopos radiactivos, y así se podrá determinar el periodo histórico al que pertenece el contaminante.
Todo el material científico que el equipo de ‘Byepol’ ha recogido en la Antártida se ha cargado en el barco español ‘Hespérides’ que lo trasladará a España una vez que finalice la campaña de este año. Cuando todas las muestras estén en Soria comenzará un trabajo de laboratorio para extraer los contaminantes de las muestras de agua, terreno, sedimentos y vegetación.
Para ello se emplearán diferentes técnicas de extracción, utilizando disolventes de diferentes polaridades, «cada contaminante tiene su metodología», explica Ana Cabrerizo, que detalla que también se extraerán grasas, pigmentos y otros tipos de residuos.
Se trata de un proceso largo en el que se emplearán equipos que usa la industria farmacéutica y los investigadores forenses. El desarrollo se realizará en laboratorios de la Universidad en los campus de Soria y Valladolid.
Las conclusiones estarán listas dentro de un año. La coordinadora e investigadora principal puntualiza que este tipo de estudios resultan muy útiles para conocer los contaminantes que se tienen que prohibir en el futuro.