El mapa forestal del cambio climático
Una investigación del grupo Cambium predice las especies de árboles que serán potencialmente más resilientes a los cambios del clima y cuáles serán las más idóneas espacial y temporalmente para planificar futuras repoblaciones.

Jorge Ortiz, investigador y geógrafo del grupo Cambium que ha participado en el trabajo sobre el mapa potencial de especies.
La gestión forestal y el papel de los bosques como sumideros de carbono se ha convertido en una herramienta prácticamente necesaria para hacer frente a la huella de la actividad humana en el medio ambiente. De este modo, el papel de los bosques como sumideros es fundamental para mitigar el cambio climático.
La Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), ha impulsado un proyecto, dotado con fondos europeos, denominado 'Eco2for' para estudiar aspectos como las mejoras en la gestión de los sumideros de carbono forestales, generar nuevas oportunidades de inversión y fomentar el desarrollo económico de las áreas rurales.
En el marco de este proyecto trabaja el grupo de investigación Cambium, adscrito a la Universidad de Valladolid, que ha realizado una investigación que predice qué especies forestales de España y de los archipiélagos pueden ser potencialmente las más resilientes al cambio climático y cuáles serían las más idóneas espacial y temporalmente para proyectar repoblaciones futuras, dado que con la modificación de las condiciones del clima habrá algunas que permanezcan, otras que migren a otros territorios e incluso se puede dar la situación de que desaparezcan del paisaje actual.
Los resultados han permitido crear una herramienta científica para aquellos que tengan que adoptar decisiones encaminadas a mitigar el cambio climático, entre las que se encuentran las más comunes que son los proyectos de repoblaciones forestales, dirigidas a absorber carbono como compensación a la contaminación y con el objetivo de que éstas sean eficaces en el futuro.
Además, predecir los patrones de distribución de los ecosistemas forestales permite orientar gestiones más sostenibles.
El estudio se ha planteado en un periodo temporal de más de cien años, con tres escenarios climáticos, uno optimista, otro moderado y otro más pesimista y se ha trabajado con 34 especies forestales que están agrupadas en mediterráneas, submediterráneas y eurosiberianas.
Los resultados han puesto de manifiesto que las especies arbóreas mediterráneas, como la encina, el pino resinero y el olivo, son las más resistentes e incluso ampliaron el área de distribución potencial.
La respuesta entre las submediterráneas es intermedia y aunque muestran una estabilidad inicial, a largo plazo se observa pérdidas significativas.
En este grupo se encuentra el rebollo, el roble, el quejigo y el pino laricio, entre otros, mientras que las que salen peor paradas son las eurosiberianas, como el haya o el pino silvestre, cuya presencia se va a contraer, de tal manera que su presencia estará localizada en zonas más altas de los Pirineos o de la cordillera cantábrica.
La tendencia general es un desplazamiento altitudinal y latitudinal (hacia el norte de la Península) de las especies arbóreas hacia zonas más frías y más húmedas, explica Jorge Ortiz, geógrafo y experto en teledetección, que es uno de los seis investigadores del grupo Cambium que han realizado el trabajo dentro del proyecto 'Eco2for'. El investigador subraya que «a mayor tiempo en años y en escenarios pesimistas se observa más pérdida de masa arbórea».
Para la investigación se han utilizado modelos de distribución de especies de Máxima Entropía (Maxent), que establecen una relación estadística entre las presencias conocidas del inventario forestal nacional y un conjunto de variables ambientales que ha permitido realizar proyecciones de cómo podría cambiar la idoneidad en futuros escenarios climáticos para las masas forestales.
El trabajo se ha realizado sobre 34 especies, que son las más relevantes en el país, entre las que se encuentran pinos, haya, roble, sabina, cerezo, olivo, eucalipto y castaño, entre otros, y que forman parte del Inventario Forestal Nacional.
En cuanto a las variables climáticas seleccionadas fueron 32 y estuvieron agrupadas en cuatro categorías: climáticas, relacionadas con la temperatura y las precipitaciones; topográficas, como son las pendiente y la orientación; edáficas, como el ph del suelo, y la radiación solar.
«De total de variables hemos estudiado la más importante para cada especie y hemos suprimido las correlacionadas para que no ofrezcan información redundante sobre una misma especie», explica Jorge Ortiz.
El grupo de investigación creo modelos que permitieron proyectar la distribución de las especies según las condiciones ambientales actuales y futuras que fueron validadas y entrenadas con un algoritmo.
Para obtener las proyecciones en el tiempo y en el espacio, los modelos se aplicaron tres periodos temporales: corto plazo (2011–2040), medio plazo (2041–2070) y largo plazo (2071–2100), que abarcan entre todos unos 100 años y en tres posibles escenarios climáticos, desde el más optimista hasta el más extremo.
Para recabar la información climática del futuro se han consultado varias fuentes, sobre todo la que ofrece el Grupo Integubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
Finalmente se han generado mapas que muestran la idoneidad climática actual y futura de cada zona para las determinadas especies, en los que se observa el grado de adecuación al territorio, con presencia, ausencia y los cambios potenciales, si ha habido ganancia, pérdida o estabilidad, lo que permite cuantificar los cambios potenciales de la distribución bajo determinados escenarios climáticos.
Jorge Ortiz expuso que uno de los resultados obtenidos en la investigación ha permitido demostrar la alta capacidad predictiva de estos modelos potenciales, a la vez que se han visto patrones coherentes en el desplazamiento en altitud y latitud de las áreas idóneas.
Las especies arbóreas mediterráneas, como el pino pinaster tienden a mantener su presencia y a expandirse, mientras que en las submediterráneas, como el rebollo, y las eusiberianas, como la haya, hay una tendencia a reducir su distribución. Los cambios aumentan con un periodo temporal mayor.
En resumen, la investigación permite abrir el conocimiento para planificar proyectos de reforestación dirigidos a absorber carbono.