Matemáticas para la esquizofrenia

Un grupo de investigadores del hospital y de la Universidad de Soria trabaja en el desarrollo de un dispositivo médico para el diagnóstico basado en la coherencia del discurso hablado de los enfermos.

Hugo Bello, Nora Palomar y Emanuel Gudiño, miembros del equipo de investigación del proyecto sobre la enfermedad de esquizofrenia.MARIO TEJEDOR

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Soria

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La esquizofrenia es una enfermedad que tiene una tasa de afectación pequeña en la población española, aunque no se ha estudiado de manera representativa. 

Se trata de un trastorno mental grave de tipo psicótico y se manifiesta a través de brotes recurrentes que alteran la percepción de la realidad, parece ser que tiene una carga genética importante, pero también influyen factores externos.

La esperanza de vida de estos pacientes es de nueve años menor a la de media en comparación con la población en general por muchos factores, explica la doctora del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Complejo Asistencial Universitario de Soria (CAUSO), Nora Palomar, a la vez que detalla que se trata de una dolencia crónica «para la que no tenemos cura y eso ya es un hándicap», aclara.

El diagnóstico de la esquizofrenia se realiza, habitualmente, a través de síntomas que suelen ser muy heterogéneos, pero, aunque este se haga de manera adecuada, suelen presentarse complicaciones en las fases de tratamiento.

Uno de esos síntomas es la incoherencia en el discurso hablado, por lo que ahondar en las razones que hay detrás de esa organización desordenada e incoherente que se observa en el trato con los enfermos de esquizofrenia es lo que llevó a la doctora Palomar a poner en marcha una investigación para desarrollar un posible dispositivo médico que fuese de utilidad en el diagnóstico de esta enfermedad. La idea es crear un algoritmo matemático capaz de discernir la mayor o menor coherencia en la comunicación verbal de los pacientes.

Un equipo pluridisciplinar compuesto por psiquiatras, enfermeros del hospital de Soria y matemáticos del campus de la Universidad de Valladolid, formado por Marta Llorente, Claudia Hawks, Emanuel Gudiño y Hugo José Bello, además de la doctora Palomar ha trabajado en este proyecto para poder avanzar en el diagnóstico y la evaluación de la esquizofrenia. 

Muchos síntomas de la enfermedad que permiten detectar si una persona la sufre están relacionados con el lenguaje «que no deja de ser una expresión del pensamiento y lo que se altera en la esquizofrenia es precisamente el pensamiento», puntualiza Palomar.

Es conocido que la incoherencia en la comunicación hablada puede estar relacionada con el progreso de enfermedades de brotes psicóticos, por lo que entender lo que pasa y además cuantificarla sería de utilidad. 

La investigación que ha emprendido este grupo especialista es novedosa porque no hay antecedentes de estudios que hayan relacionado la coherencia del lenguaje y la esquizofrenia.

Los profesionales que han trabajado de este proyecto, reconocido dentro de los Premios de Investigación de la Gerencia Sanitaria de Soria, definen este tipo de incoherencia como la inconsistencia lógica y temática en un mismo discurso. 

Se ha elegido concretamente un aspecto relacionado con la comunicación que al plasmarse a través de una estructura gramatical facilita su análisis de forma matemática, «si recordamos las pautas de los análisis sintácticos de los textos es un proceso matemático que tiene mucho que ver con los códigos e incluso con la criptografía», explica Hugo Bello.

Para llevar a cabo la investigación se ha elegido una muestra de entre 30 y 40 enfermos diagnosticados con esquizofrenia que han querido colaborar de manera voluntaria en el estudio. No sirve cualquier paciente, ya que se tiene que encontrar en una fase psicótica determinada en la que se pueda apreciar esa incoherencia, por lo que contar con la muestra ha resultado difícil, comenta Nora Palomar. 

Los pacientes enfermos son de Soria, pero el equipo estudia la posibilidad de ampliar esta muestra, para dar más consistencia a la investigación, con pacientes de Madrid.

Una vez seleccionados los pacientes se les somete a una serie de cuestionarios en los que se presentan gráficos como cuadros o vídeos, así como se les pide que respondan a determinadas preguntas que evalúan la coherencia de sus respuestas. Los resultados son analizados y se comparan con los recogidos en cuestionarios realizados por personas sanas para capturar las diferencias. 

Posteriormente se entrena un algoritmo que es capaz de diferenciar los datos originados entre las personas sanas y los enfermos.

Los cuestionarios incluyeron la interpretación de situaciones cotidianas mostradas en un vídeo, así como dibujos o representaciones gráficas de mayor o menor nivel de abstracción. 

A los enfermos se les preguntó sobre los sentimientos que les producían determinadas imágenes y que creen que representan, entre otras cuestiones. Los comentarios se anotaron literalmente.

Los primeros resultados que se han extraído del trabajo es que el método empleado permite capturar «bastante bien» la coherencia del discurso y además «parece tener fuerte relación con la gravedad o severidad del episodio psicótico del paciente», explican los investigadores, que también señalan que se encuentran en una fase inicial del trabajo y todavía es prematuro para tener conclusiones concluyentes. 

«Hemos empezado a ver cosas que son interesantes como que hay una estructuración del lenguaje y del discurso que es muy particular y diferenciada del resto», explica Palomar, quien explica que sería muy interesante poder medir el grado de incoherencia que manifiesta un enfermo.

Las matemáticas sirven para todo «y también para esto», puntualiza Hugo Bello, doctor en Matemáticas y profesor en el campus de la UVa en Soria, que recuerda que la aplicación de esta ciencia ya se emplea diagnósticos. 

Hay centros médicos y hospitales, generalmente fuera de España, que están usando grandes modelos de lenguaje específicos entrenados con datos médicos para realizar diagnósticos, que ha abierto el debate de la fiabilidad de los mismos y la necesidad de aplicar una regulación.

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Este equipo de investigadores pretende profundizar y ampliar las ideas de este estudio a otras enfermedades mentales como el trastorno bipolar.