Ruta
La montaña que mira al Curavacas
Un montañero alcanza la cumbre del Pico Lezna con los Picos de Europa al fondo

Un montañero alcanza la cumbre del Pico Lezna con los Picos de Europa al fondo.
La Montaña Palentina es uno de esos lugares capaces de reconciliarnos con la naturaleza más auténtica. Aquí nacen algunos de los grandes ríos del norte peninsular y sobreviven tradiciones ganaderas que hunden sus raíces en siglos de historia. Este territorio, declarado Parque Natural, es además refugio de una extraordinaria biodiversidad y de algunos de los panoramas montañosos más espectaculares del norte de España.
Entre todas estas montañas destaca una cima especialmente elegante: el Pico Lezna. Su silueta aislada, visible desde numerosos puntos de la comarca, lo convierte en un objetivo irresistible para quienes se adentran en este rincón oriental de la Cordillera Cantábrica. Pero además, su cumbre es uno de los mejores miradores naturales de la zona. Desde lo más alto se abren impresionantes vistas en todas las direcciones: hacia el este se alza el grandioso y omnipresente Curavacas; hacia el oeste aparecen Peña Labra y los picos Tres Mares y Cuchillón, cumbres emblemáticas de la sierra de Peña Labra; y hacia el norte, en los días claros, las lejanas montañas de los Picos de Europa dibujan la línea del horizonte.
Castilla y León
Begoña Almeída, la Dian Fossey del oso en la Montaña Palentina
Heraldo-Diario de Soria
El Pico Lezna puede ser conquistado desde muy diversos puntos. La ruta que accede por su vertiente sur parte de la localidad de Vidrieros y remonta el curso de las primeras aguas del río Carrión a través del incomparable valle de Pineda. Sin embargo, el itinerario que vamos a seguir hoy alcanza la cumbre por su extremo oriental, partiendo de la coqueta población de Lores, muy próxima a San Salvador de Cantamuda, capital de la comarca natural de La Pernía.
Esta comarca tomó su nombre del antiguo Condado de Pernía, erigido por el rey Alfonso VIII de Castilla en el siglo XII. Aquel pasado aún se deja sentir en pueblos como Lores, donde las casonas de sólidos sillares rematados con blasones y escudos nos hablan de su noble abolengo.
Una vez dejemos nuestro vehículo y preparados con el material necesario para la ruta, saldremos de esta localidad por una ancha pista que remonta el arroyo Gerino. El buen camino, hormigonado incluso en alguno de sus tramos, nos llevará hacia el oeste pasando por las Tenadas de Lores, ganando altura de forma progresiva hasta alcanzar el collado de la Cruz de Tañuga o Collado Gerino (1.642 metros), desde donde ya podremos divisar la cumbre que constituye nuestro objetivo del día.
Desde ese mismo collado, hacia el sur, arranca un cordal rematado por dos interesantes cimas: la Horca de Lores y, un poco más adelante, el Pico Carazo. Sin embargo, nosotros dejaremos de lado dichas cumbres y continuaremos por la buena pista, siempre hacia el oeste, para descender hacia el valle del arroyo Arauz hasta cruzar dicho arroyo (1.560 metros).
Esta zona fue antaño muy codiciada por los buenos pastos que ofrecía. Según parece, también era un lugar muy transitado, pues resultaba ser zona de paso habitual desde tierras palentinas hacia la Liébana. Tanto es así que, según cuentan las crónicas, existieron aquí dos importantes ventas que daban cobijo a los transeúntes: la de Araúz y la de Sierras Albas, ambas atendidas por la cofradía de las Letanías.
La tradición ganadera aún se mantiene en la zona. De hecho, pronto alcanzaremos unos cercados y unas construcciones vinculadas a este uso: la Casa de Cortes, situada en las praderías de Camperón. Nuestra ruta continúa invariablemente hacia el oeste remontando ahora, hasta su misma cabecera, el pequeño valle donde nace el arroyo Cortes, alcanzando así las Llanas de Lezna.
Poco después entraremos en la empinada cresta oriental del Pico Lezna, que nos conducirá directamente hasta la cumbre. Una vez arriba podremos disfrutar de un espectáculo difícil de olvidar. Por encima de los valles de Pineda, la majestuosidad del Curavacas lo domina todo, con sus verticales y oscuras paredes que contrastan, en esta época, con la blanca nieve que las cubre.
Podemos completar nuestra ruta haciendo un itinerario circular que no nos llevará mucho tiempo más y que nos permitirá conquistar la vecina cumbre del Pico Pumar. Sin embargo, si vamos más apretados de tiempo (o de fuerzas), lo mejor será tomar directamente el camino de regreso.
Para ello descenderemos desde el Lezna por el valle situado un poco más al norte, paralelo al de subida, junto al arroyo de Lezna, hasta llegar de nuevo al fondo de la vega de Arauz. Desde allí remontaremos, ahora por la vertiente contraria, hasta el Collado Gerino, para desembocar de nuevo en la localidad de Lores, donde concluye esta magnífica jornada de montaña.