Heraldo-Diario de Soria

JÓVENES

Alberto Salas, agricultor que sube a la red

Jugador de voley internacional, este joven de 31 años dejó las canchas hace ahora cuatro años para dedicarse a la agricultura

El jugador de volei y agricultor.-EL MUNDO

El jugador de volei y agricultor.-EL MUNDO

Publicado por
M. Calleja
Soria

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El campo no le es ajeno ya que su padre siempre se dedicó a la agricultura. Muchos conocerán a Alberto Salas como jugador profesional de vóley, su pasión durante casi quince años. Ahora, la agricultura se ha convertido en su trabajo y forma de vida.

Desde que con catorce años de edad llegara a Valladolid a la concentración permanente de la selección española, donde estuvo un año, ha jugado en la Superliga, con el Numancia de Soria, en los europeos, el Mundial de Italia de 2010 y a punto estuvo de ir a unos Juegos Olímpicos.

«Podía haber seguido», reconoce, aunque también es consciente de que el hecho de que el vóley no sea un deporte «mayoritario», también ayudó. Su padre se jubiló en 2011 y entonces tuvo que tomar una decisión: dejar que su familia contratara a alguien para trabajar las tierras o hacerse cargo de ellas, como finalmente hizo. «Considero un éxito dedicarme a lo que realmente me gusta y por decisión propia, como hice antes con el vóley», explica con rotundidad.

Este ex jugador internacional acostumbrado a trabajar en equipo lleva bien esta actividad más solitaria que le concede cierta libertad. Como en el deporte, asegura, hay pros y contras, «trabajas todo el año para conseguir frutos, en el caso de la agricultura, una buena cosecha». Aunque reconoce que en el campo se depende de factores externos que «pueden condicionar todo un año de trabajo». Por eso, cree que la agricultura es «más difícil» que el vóley al exigir una organización todo el año, «tanto económica como en el ámbito laboral».

Alberto lamenta, por ejemplo, los altos costes de producción frente a unos precios que «siguen siendo los que tenían nuestros abuelos hace cincuenta años». Por eso, tiene claro que para que su dedicación sea rentable «hay que tener cabeza y saber manejar tus ingresos».

Actualmente, trabaja más de 400 hectáreas de trigo, cebada y girasol, los cultivos propios de la zona. De momento, prefiere no lanzarse con «cosas nuevas», aunque reconoce que la colza, que se está introduciendo en la comarca, «se puede mirar».

Lo que sí ha hecho es apostar por el girasol alto oleico que cosechará muy pronto. Una apuesta que tiene precio y que, este año, parece que también tendrá buenas producciones. «El cultivo pinta bien», asegura este joven soriano que aboga por buscar en un futuro cultivos «rentables y que requieran menos inversión». Ese es el camino.

Le gusta decir que vive en Alparrache, una pedanía de Tejado (Soria), a treinta kilómetros de la capital, y duerme en Soria, aunque en épocas de mucho trabajo no sale del pueblo. Algo que le impide también disfrutar de su otra pasión: el vóley. «Ahora es solo un hobby». Cuando las labores del campo se lo permiten, juega con el Río Duero y así se quita el gusanillo.

Se siente orgulloso de lo que es y de una actividad, la agricultura, de la que siempre ha vivido su familia. Destaca, sobre todo, la ayuda de su padre que le ha enseñado todo lo que sabe. «Es mi maestro, estar codo a codo con él es muy gratificante».

Sobre la incorporación de jóvenes a la actividad, pone sobre la mesa una queja compartida en el sector: el retraso de las ayudas. De hecho, él todavía no ha cobrado las suyas y eso que han pasado cuatro años desde que se incorporó.

Alberto tiene claro que es un «afortunado», ya que él pudo seguir con este ‘negocio’ gracias a que se encontró con «casi todo puesto».

Este joven exjugador de vóley juega ahora en otra cancha, seguramente más volátil y con más encontronazos, esa que él ha elegido como su forma de vida. Alberto se cansó de viajar y, seguramente, de recibir poco a cambio de tanto esfuerzo. Algo que ocurre en esos deportes que no se llaman futbol y que no aglutinan a las masas.

Como otros jóvenes de la comarca, no dudó en volver a su pueblo. Una apuesta más por un medio rural que exige respeto y reconocimiento.

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