Finca de girasol en la provincia de Soria.MARIO TEJEDOR

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Una siembra «complicada» en la provincia de Soria unida a la falta de precipitaciones desde entonces y que ha persistido durante todo el verano han condicionado al cultivo del girasol, que viene adelantado precisamente por la ausencia de agua y el exceso de calor durante los meses estivales. Y aunque se trata de una oleaginosa que resiste bien la sequía, las elevadas temperaturas, tanto máximas como mínimas, han dejado ‘tocadas’ las plantas. De hecho, la Consejería de Agricultura y Ganadería vaticina rendimientos para Soria inferiores a los 1.000 kilos por hectárea, de modo que podría situarse por debajo de los costes, pese a que se trata de un cultivo que requiere menos gastos que los herbáceos.

Además, la cosecha, que en condiciones normales arrancaría para el 8 o el 10 de octubre, viene adelantada y muchas parcelas podrían empezar para el 20 de septiembre, señala el técnico de Asaja Soria en la zona de Almazán, José Ignacio Marcos Fuentemilla.

«Desde que se sembró el girasol no ha llovido nada y las temperaturas han estado bastante altas, no sólo en la época de siembra sino durante todo el verano, de modo que hay parcelas donde se ha registrado falta de nascencia», sostiene el técnico, quien asegura que falta mucha planta, lo que condicionará la rentabilidad.

Sí que reconoce que este año el sector había apostado por el girasol alentado por los bajos costes y unos precios de venta razonables. Así lo constatan las cifras, con 55.387 hectáreas sembradas en la provincia de Soria, donde esta oleaginosa ha marcado su récord. Pero por la situación de las parcelas, teme que los rendimientos no lleguen ni a las previsiones de la Junta que se quedarían por debajo de los 1.000 kilos por hectárea.

También el coordinador de COAG Soria, Alfredo Cabrerizo, coincide en que la escasez de agua va a adelantar la cosecha, y reconoce otro ‘pero’ en el girasol de la provincia este año: la campaña de siembra, que fue muy complicada porque había poca agua y el tempero duró muy poco tiempo, lo que generó grandes problemas de nascencia en muchas parcelas, y una nascencia desigual.

«Y si el agricultor ya salía con la desventaja de una mala nascencia, sin agua desde entonces y pese a que el girasol es resistente a la sequía, la realidad es que no se espera unos buenos resultados».

De igual manera, el vicesecretario general y de organización de UPA Soria, José María Sanz Lacuesta, señala que hay muchos claros en las fincas, por una nascencia irregular, ya que se perdió mucha semilla, pero sí que asegura que los que están granando lo están haciendo en condiciones, de modo que sí podrían llegar a los 1.000 kilos por hectárea, aunque no en todas las comarcas. A su juicio, al menos por la zona de Soria y alrededores, no van adelantados, porque están todavía verdes.

Cabe recordar que el máximo histórico de superficie sembrada hasta la actualidad se había registrado en 2024, con 53.334 hectáreas, pero el año pasado volvió a caer significativamente hasta las 35.463 hectáreas, experimentando una merma del 20%. El sector ya advirtió en otoño pasado que los costes de producción estaban desorbitados, lo que iba a provocar un descenso en la siembra de los herbáceos en detrimento de otros cultivos como el girasol.

El sector lleva años apostando por el girasol por los menores costes de producción que requiere y porque es una buena alternativa para la rotación y este año también por los buenos precios que presenta.

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Lo cierto es que Soria ha sido junto con Cuenca la provincia más productora de girasol en tierras de secano, un cultivo muy implantado desde hace más de tres décadas, llegando a alcanzar la cima de su desarrollo con las variedades de alto oleico, además de las de linoleico. Ahora ocupa en Castilla y León el cuarto lugar en cuanto a superficie por detrás de Burgos, Valladolid y Palencia, que le han adelantado a raíz de la reestructuración en la Comunidad de la remolacha, pero sigue como el tercer cultivo en la provincia, después del trigo y la cebada.