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COMENTABA la pasada semana los nervios que, en vísperas electorales, afloran ya por las sedes de los partidos y hacía alusión al tímido, o no tan tímido, galanteo que por parte del secretario provincial de los socialistas, Carlos Martínez, lanzaba a Podemos. Discreto, sin piropos, que no corren buenos tiempos para ese tipo de requiebro amoroso, pero es esta cuestión que merece comentario aparte. El caso es que ahora le sale otro pretendiente a la formación de Pablo Iglesias.

Enrique García, candidato de IU a la Alcaldía de la capital, se ofrece también a Podemos. Y claro, supongo que ante tanto pretendiente no ha de resultar difícil sentirse halagado y complacido. Fácil se lo ponen a la nueva formación porque, en realidad, lo que están haciendo uno y otro grupos de izquierda no es sino ofrecerles, gentilmente, el mango de la sartén con lo que, evidentemente, será quien decida con qué ingredientes y cómo hacer la tortilla.

Por cierto que, a pesar de tanto requiebro, Podemos juega un poco a ser la joven recatada ajena al galanteo de sus pretendientes, que lo único que dice es que convocará una reunión para que sean los ciudadanos quienes decidan si la formación debe acudir o no al desposorio. En cualquier caso no bajo la marca Podemos, sino como agrupación de electores, aunque me parece a mí que en realidad se trataría de una agrupación de elegibles porque digo yo que los electores somos los demás, los que vamos con nuestra papeleta a la urna, no los que van en las listas.

Estas curiosas formas de presentarse, que en realidad vienen a ser triquiñuelas del sistema, me recuerdan a una escena de la genial y divertidísima película de José Luis Cuerda, ‘Amanece, que no es poco’ en la que el cabo de la Guardia Civil anuncia al pueblo tras las particulares elecciones que en él tenían: ‘La Guardia Civil ha perdido las elecciones, las ha ganado la Secreta; eso sí, la Secreta somos nosotros mismos’. Pues eso, que no son Podemos, son la ‘Secreta’. ¿Se lo explico o… a buen entendedor con pocas palabras sirve?