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NAVEGA nuestro país por un proceloso océano de aguas turbulentas, asediado no por la crisis, como se viene diciendo, sino por las muchas crisis que afectan a todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida. No es la menor de ellas la que se refiere a la falta de una identidad nacional clara, lo que está creando muchos complejos en algunos sectores de la ciudadanía y no pocos problemas derivados de todo ello.

En este marco, poco halagüeño, se presentó la pasada semana en Soria la plataforma, yo diría cívica, Libres e Iguales a través de Arcadi Espada y Cayetana Álvarez de Toledo. Lo llamativo de esta plataforma es, quizá, el propio hecho de su creación, cuya motivación no es otra que su necesidad. Se me antoja imprescindible. Hay ya quienes sin pudor alguno hablan de privarnos de libertades de las que gozamos retrotrayéndonos a tiempos pasados, sin que nadie se alarme por ello, más bien al contrario, lo jalean.

Igualdad poca hay, si es que alguna queda en esta llamada nación de naciones, en la que casi cada villorrio reclama su hecho diferencial, negando a su vez lo mismo a la aldea vecina, para destacar en su estúpida arrogancia. Nada importa a nadie más allá de su reducido terruño. Hablamos del problema catalán, dijo A. Espada, como si no se tratase de un problema español. Lo mismo con el llamado problema vasco. Nos encontramos profundamente decepcionados por lo que teníamos y no menos descorazonados por lo que llega.

Partido de nuevo cuño hay que no viene a terminar con privilegios, sino a consagrarlos, reconociendo derechos a unos que a otros niega. Mal empezamos. ¡Felicitémonos! Hemos superado el provincianismo para llegar al aldeanismo. Ante ello, responsabilidad fue la receta de C. Álvarez de Toledo, que es en realidad el antídoto contra el victimismo, la demagogia y el sectarismo, tres males dañinos de los que huir.

Dijo también que atravesamos por el momento más crítico desde la muerte de Franco. Para ello, dos posibles recetas, revolución o regeneración. En cualquier caso que nadie se engañe, la Constitución no es nuestro problema, sino lo contrario.