Heraldo-Diario de Soria

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TÓPICOS, frases hechas, palabras vacías y muchas banalidades componen el lenguaje políticamente correcto de los políticos. Hace unos días los españoles participamos en unas elecciones generales, a las que abusando de tópico los políticos denominan fiesta de la democracia. El resultado de esa consulta electoral ha dejado un panorama de incertidumbre que no es, como dicen políticos y medios, lo que los españoles han decidido, que no es sino una fórmula hecha más para no tener que dar mayores explicaciones.

La realidad es que cada uno de los votantes deposita la papeleta en la urna con el deseo de que sean muchísimas más iguales a la suya y, por tanto, que sea el partido de su elección el elegido mayoritariamente por los electores y pueda, consecuentemente, gobernar. Otra de las muletillas a la que se recurre con frecuencia tras un proceso electoral es aquello de que el pueblo no se equivoca nunca. Es evidente.

El pueblo ni se equivoca ni se deja de equivocar. El pueblo, sencillamente, ni opina ni toma decisiones. La opinión es de cada uno de los ciudadanos. La única equivocación posible sería tomar la papeleta del montón contiguo al elegido en el momento de ir a de depositar nuestro voto en la urna. Pero estarán conmigo en que esta situación solamente puede darse en un número puramente anecdótico de ocasiones.

Así pues, cuando el resultado de unas elecciones es un puzzle de difícil solución, como es el caso de las celebradas hace unos días, no es debido a ninguna decisión del pueblo que, como digo, no toma decisiones, sino a que el estrato ideológico es muy amplio y conforma un mapa político que en ocasiones origina un auténtico embrollo. Un lío del que de momento no conocemos la solución pero en el que no es descartable el que haya que convocar un nuevo proceso electoral, aunque nadie parece apostar por ello. España ha demostrado a lo largo de los últimos años que no es país amigo de consensos entre las grandes fuerzas políticas, lo que podría llevarnos a plantear un debate sobre la madurez de nuestros políticos.

La fragmentación del voto ha creado una situación que parece nueva pero que no lo es tanto. Al fin y al cabo, en muchas ocasiones el partido ganador ha tenido que pactar con pequeños grupos, eso sí, siempre nacionalistas a los que el interés general del país no es que parezca preocuparles especialmente. Es lo que hay.

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