J. Antonio Martín de Marco

¿Por qué la Semana Santa es tan pronto?

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HOY ES DOMINGO de Ramos, domingo ‘de primera clase’ en el argot de la liturgia cristiana, ‘Dominicae primae clasis’, los que no ceden su puesto, - en lenguaje coloquial- a ninguna otra fiesta, con oficio propio. Sabemos que el número de los Domingos de Adviento y Cuaresma, y el de después de Pascua, es siempre el mismo mientras que el de los que siguen tras la Epifanía y Pentecostés varía. La Pascua, tras el decreto del Concilio de Nicea, convocado por el emperador Constantino I El Grande por consejo del obispo Osio de Córdoba, se celebró en el 325, acordándose que tan singular fiesta religiosa se celebraría siempre el domingo después de la luna nueva de primavera pudiendo ser entre el 22 de marzo y el 25 de abril inclusive.

O sea, el domingo siguiente al plenilunio después del equinoccio de primavera que, en este año, entra mañana. Claro que seguía habiendo un desfase entre el calendario juliano y el gregoriano, por esto aún no está unificada la celebración de la festividad entre las Iglesias de Oriente y de Occidente.

Comprobamos, pues, como en este año del 2016, la Pascua se celebra, inusualmente, muy pronto por mor de las conjunciones astrales. Todo arranca de un hecho entre histórico y legendario: el de la tradición hebrea que cuenta que la noche en que tuvo lugar la huida de Egipto, había luna llena que posibilitaba y propiciaba luz natural para que el pueblo judío escapara de las garras del Faraón sin ser vistos.

Así pues, la Pascua judía ha de coincidir con una noche de luna llena y, Jesús celebró la ‘última cena’, la Pascua, con este fenómeno astrológico. Y en este año bisiesto del 2016 el equinoccio de primavera es precisamente hoy, 20 de marzo, que en su noche será el primer domingo de primavera siendo la primera luna llena tres días más tarde. Así pues, siempre veremos, no solo este año, luna llena durante la Semana Santa. Pero al margen de las fases lunares hay otras circunstancias que marcan el citado calendario litúrgico, concretamente el Nº 40. La Cuaresma dura 40 días.

La Biblia está “ troceada” en cuarentenas; llovió durante 40 días sobre la Tierra y fue el ‘diluvio universal’; Saúl reinó 40 años; Israel anduvo por el desierto otros tantos años; la Virgen subió al templo para purificarse 40 días después de haber dado a luz; Jesús se fue al desierto a pasar en meditación el mismo número de días antes de emprender su vida de predicador y de hacedor de milagros; Cristo subió al cielo 40 días después de su resurrección… Vemos como en la Biblia la cuarentena simboliza las maravillas obradas por Dios tanto con el pueblo elegido como con sus protagonistas históricos.

La Cuaresma imita los 40 días que pasó Moisés en el desierto sin comer ni beber; la cuarentena de Elías…, ¿concasualidades?, no, se trata de cuadrar los calendarios y rituales litúrgicos hasta el día de Pascua en que veremos la talla del Cristo de la Buena Muerte de Miguel Angel Tapia, el Cristo Resucitado de la Procesión del Encuentro. ‘¡ Cristo de la Buena Muerte, / el de la faz amorosa / tronchada, como una rosa, / sobre el blanco cuerpo inerte / que en el madero reposa’.

El juglar soriano Aurelio Rioja, en 1948 cantó a la, tal vez, más hermosa talla que poseemos en Soria, el Cristo del Humilladero, un Jesús de la Agonía que encierra el sentir de los miles de cofrades sorianos; ‘Cristo español, Real, humano, / Cristo fuerte / que me hablas / de la vida y de la muerte. / Creo en Dios, / Porque en ti creo; /Y en ti, /porque en tu rostro veo / grandezas de agonía, / bellezas de tu cielo / que me dicen con suave melodía; /Amor, Arte, Poesía. / ¡ Cristo fuerte, humano, amigo, / talla de divino gesto, / Cristo de la Soledad,! / Padre Nuestro…’. Es la Semana Santa soriana que, en mi Pregón de la misma en el 2007, definí como: recia, grave, seria, castellana, solemne. Los que somos creyentes la celebraremos y, a los que no sean desearles, sinceramente, paz y bien.