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NOS QUEJAMOS, en ocasiones, de lo tardía que es la primavera en Soria. Tardía pero ¡tan bella!, escribió el poeta. Y es cierto, quizá, que poca oportunidad de vivirla nos da esta estación a los sorianos. Por eso la sentimos, sentimos que se aposenta en nosotros aunque no podamos, aún, desprendernos de las prendas de abrigo.

Sentimos la primavera cuando vemos los árboles vestidos con sus alegres flores de mil colores o las cigüeñas en los campanarios. O, como dijera el poeta, cuando las hojas verdes visten las ramas de los chopos y las blancas margaritas asoman entre la fina hierba.

Sentimos la primavera cuando entre los fríos días de abril consigue colarse alguno en que los rayos del sol se lanzan con fuerza y nos lanzamos a la calle, al campo, a disfrutar de la explosión de naturaleza que nos regala los sentidos.

Tomo entonces mi ‘Campos de Castilla’ y con él en las manos paseo las riberas de nuestro padre Duero, junto a sus mansas aguas, buscando esos rincones que, de forma especial, nos invitan a abrirlo para llevarnos a la boca los inmortales versos del nunca olvidado y, por supuesto, también inmortal, poeta.

Sentir la primavera entre las colinas y alcores de nuestra tierra, junto a los álamos que, hoy como ayer, tienen sus cortezas llenas de iniciales que son nombres de enamorados y cifras que son fechas, como invitando a los pájaros a que canten las partituras de amor allí grabadas. Sentir, pasear la primavera con una brisa fresca, divisando allá en el horizonte las cumbres blancas de las sierras.

Primavera soriana bajo el cielo alto y límpidamente azul de Castilla y un sol radiante que calienta poco aún pero que da una esplendorosa luz a nuestra tierra. Sí, en Soria sentimos la primavera aunque el aire frío acaricie nuestro rostro. A veces pienso que en aquel su último verso, escrito apenas unas horas antes de su muerte, ‘Estos días azules y este sol de la infancia’, don Antonio pensaba en la Sevilla de su niñez y en los días azules que vivió en una Soria que le cautivó y en la que sintió raro hechizo, la Soria de su adorada Leonor.