Los pueblos de Soria donde los vecinos aún conservan un antiguo privilegio sobre los bosques
La Suerte de Pinos mantiene un sistema de reparto vecinal reconocido como patrimonio cultural por la Junta de Castilla y León

Bosque en Covaleda
La comarca de Pinares, entre Soria y Burgos, conserva una tradición que vincula a sus vecinos con la gestión de los bosques desde hace siglos. La Suerte de Pinos, reconocida como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial por la Junta de Castilla y León, permite distribuir entre los beneficiarios parte de los aprovechamientos forestales de los montes municipales.
Un privilegio forestal con raíces medievales
Las primeras referencias documentales a la Suerte de Pinos datan del siglo XVI, aunque los privilegios que sustentan este sistema se remontan a la Edad Media. Según la declaración de la Junta de Castilla y León, estaban vinculados a las cartas pueblas y de privilegio concedidas durante la repoblación de estos territorios.
La costumbre se conoce también como pinos de privilegio, sorteras, cuadrillas de pinos o pinos de concesión. Su ámbito no se limita a una sola comarca: comprende Pinares Soria-Burgos y Pinares Llanos de Almazán.
En la provincia de Soria figuran municipios como Covaleda, Duruelo de la Sierra, Vinuesa, Abejar y San Leonardo de Yagüe. La práctica quedó recogida en ordenanzas y acuerdos municipales durante los siglos XVII y XVIII. A principios del siglo XX, su regulación se desarrolló mediante ordenanzas especiales y estatutos que establecieron las condiciones de acceso y reparto propias de cada localidad.
La vinculación con el pueblo, la residencia efectiva y otros requisitos tradicionales pueden determinar quién tiene derecho a recibir una suerte. No existe una única norma aplicable a todos los municipios: los ayuntamientos regulan el procedimiento conforme a sus ordenanzas.
¿En qué consiste la Suerte de Pinos?
El sistema consiste en distribuir entre los beneficiarios una parte de los aprovechamientos de madera de los montes de utilidad pública municipales. Los ayuntamientos, o las entidades locales menores cuando corresponde, elaboran los padrones y supervisan el reparto.
Tradicionalmente, los lotes se preparaban agrupando árboles de calidad y volumen similares. Este trabajo se conocía como «arreglar pinos». Después, las suertes se asignaban mediante sorteo, con el propósito de repartir el aprovechamiento entre los vecinos sin depender de una elección discrecional.
Durante mucho tiempo, el beneficio se materializaba en la propia madera. En las últimas décadas, también se han utilizado lotes colectivos cuya venta permite distribuir el dinero obtenido entre los beneficiarios.
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La tradición cuenta, además, con elementos materiales asociados, como los sellos, marcos y martillos empleados para marcar los árboles. La documentación municipal conserva registros que permiten seguir la evolución de este sistema.
Su continuidad está ligada a la gestión forestal reglada. La cantidad de madera aprovechable depende de la planificación técnica del monte, por lo que el reparto vecinal no equivale a disponer libremente de los árboles.
La Declaración de Bien de Interés Cultural reconoce el valor histórico, jurídico y social de la Suerte de Pinos. La Junta de Castilla y León destaca su papel en la identidad de las comunidades rurales y en el mantenimiento de una relación tradicional con el entorno forestal. La práctica sigue siendo, ante todo, una forma de organizar el aprovechamiento de los recursos del monte conforme a normas transmitidas y adaptadas durante generaciones.
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