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EMPIEZO a pensar que debo figurar en alguna guía especial de ‘pringaos’ o de necios que son presa fácil para la estafa telefónica. A las consabidas y reiteradas llamadas en las que me ofrecen una tarjeta de crédito mágica que además de ser como una compresa femenina, fina y segura, parece haber sido tocada por la barita mágica de Harry Potter porque me devuelve dinero, me proporciona no sé cuántas ventajas y no conformes con eso, creo que hasta me rejuvenece algunos años, bueno pues a ello hay que añadir las múltiples llamadas de compañías de telefonía con ofertas que han sido diseñadas de forma exclusiva para mí y a las cuales no puedo, por supuesto, resistirme porque sería de tontos ya que ningún otro mortal va a poder gozar de las ventajas que a mí me dan.

A mí todo esto, que quieren que les diga, me suena cuando menos extraño porque no me imagino a esas grandes compañías rompiéndose los sesos para hacer una oferta diferente a cada ciudadano. Pero… ¡quién sabe!

El caso es que por si esto fuera poco, en los últimos días he recibido hasta cuatro llamadas en las que una voz en inglés me dice ser representante de Microsoft España y cuando avergonzado les descubro mi desconocimiento de la lengua de Shakespeare me tratan de hablar en un más que mejorable castellano, que digo yo que si fueran representantes para España de la multinacional ya podían conocer un poco mejor nuestro idioma.

Pues bien, en esa especie de ‘chapurriao’ me invitan a encender mi ordenador y seguir sus instrucciones para, presuntamente, desinfectarlo porque tiene más virus que un hospital en cuarentena. Claro, ya uno se mosquea pelín y no se rasca el cogote bajo la boina porque no la lleva, pero cuelga e ipso facto se pone en contacto con el INTECO, donde amablemente le aclaran que, efectivamente, se trata de un intento de estafa de modo que, ya saben, tomen nota. El caso es que uno empieza a plantarse prescindir del teléfono y buscarse otros medios de comunicación menos cansinos y que no le creen a uno tanto desasosiego, incertidumbre y, sobre todo, sensación de ser un perfecto cretino.