MÁS SE PERDIÓ EN CUBA

Ignacio Soria Aldavero

¡Entren en fiestas, coño!

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Todos los años la misma historia. Y este no va a ser una excepción. Pasado el Catapán, a las 12 cuadrillas les toca llamar al timbre y hacer la crucial pregunta: ¿quiere entrar en fiestas? Un año más, algunos jurados se quejan de lo de siempre; que muchos no quieren participar en los sanjuanes, cuando la realidad es que en lo que no quieren participar es en el pago de la tajada. El año pasado escribí sobre esto mismo, y aunque bien podría haber hecho un corta y pega, no lo haré por deferencia al lector. En el otro artículo decía que hay que respetar a quien pasa de los sanjuanes y en coherencia huye de la ciudad en busca de un poco de tranquilidad. Pero dije también algo que sí quiero repetir: son muchos más los que se quedan a disfrutar de las fiestas, y las cuentas no salen. Pero ¿qué hacer? La respuesta es complicada, y aunque después el balance no es tan negativo como a priori puede parecer —o eso nos dicen—, sí lo será a futuro cuando esa generación que entra en fiestas por convicción con los usos y costumbres que marca la tradición, desaparezca sin relevo generacional. Casualmente el otro día, me encontré en la calle a unos conocidos que, listado en mano, venían de apretar timbres. Hablé unos minutos con ellos —no diré su cuadrilla por deferencia y respeto—, pero me dejaron helado con las excusas que algunos vecinos o comerciantes les ponían antes de soltar el jarro de agua fría en forma de NO. Y ya después en mi casa, pensando en ello, se me ocurrió que quizás para otro año y para incentivar la entrada de los comercios, podrían idear desde el ayuntamiento y desde las cuadrillas, algún distintivo en forma de pegatina que los comerciantes pudieran —pudiéramos—, lucir en nuestros establecimientos con alguna frase así: “este establecimiento entra en fiestas”. Quizás desatáramos una guerra —que ya saben ustedes que algunas de ellas empezaron con nimiedades como estas—, pero también sería una forma de ensalzar las fiestas, al comercio local, y apretarles un poco las conciencias a aquellos que por razones que desconozco no quieren participar. Y ojo porque habrá quien comparta cuadrilla con casa y comercio, y obviamente no va a entrar dos veces. Pero eso bien podría solucionarse entrando por el comercio, y lucir así el hipotético emblema que espero alguien tenga en cuenta y pueda llevar a la práctica. Una vez que hace algunos años, muchos dejamos claro —con mucha razón en esa ocasión—, que no hay que mezclar política con fiestas (acuérdense del famoso cartel del `no a la guerra’ o del `nunca máis’), no hay excusa para no participar de los cinco días mágicos y no pagar después una simbólica cuota que en cosas más insulsas nos gastamos a veces. Pero en serio, y como diría Cela, que defendió el uso del “coño” —siempre que se usara en el lugar indicado—, y que además fue pregonero de los sanjuanes del año 1966: ¡entren en fiestas, coño!