EL RUBICÓN
Hipoglucemia
Pues ya estaría. Era la crónica de una muerte anunciada. Y no de ahora, de hace muchos años. Que los de Azucarera iban a cerrar la fábrica de La Bañeza lo sabía ‘hasta el que asó la manteca’, como dice el refrán. Una crónica de un cierre anunciado que, una vez más, los políticos no es que no hayan visto venir, es que han pasado de ella. Los mismos políticos de la Junta y del Gobierno, pero sobre todo de la Junta de Castilla y León, que no hace tanto se hacían fotos tan felices en la fábrica de La Bañeza con estos ínclitos de Azucarera. Políticos que ahora se lamentan y no paran de lanzar mensajes vacíos y frases huecas, mientras casi 200 familias, entre La Bañeza, Miranda de Ebro y alguna de Toro, pero en menor medida, se quedan en la calle.
No hace falta ser un experto ingeniero agrónomo, ni un erudito en la remolacha y el refinado del azúcar para darse cuenta de que si en algo no se invierte, pese a que está viejo, obsoleto y en algunos rincones se cae a pedazos, es porque se ha decidido ya que no sirve y que está abocado a dejar de funcionar. Y más si muy cerca, en Toro, se cuenta con un gemelo, gemela en este caso, en el que se invierte y mucho. Si a eso se le suma el desprecio de Azucarera a la remolacha y que sólo se queda como coche escoba de los restos de molturación... pues ya estaría.
Eso, que lo ve ‘hasta el que asó la manteca’, es lo que ha sucedido con la azucarera de La Bañeza. Este cierre, anunciado ahora por las huestes británicas de Sugar, viene cociéndose de lejos a fuego lento. No es de ahora, ni de hace un año, ni dos. Sin inversión, casi sin campaña de molturación y cada vez con menos remolacha en el campo, a la fábrica de La Bañeza sólo le faltaba que le pusieran fin a su agonía.
Uno, que es hijo de esa comarca y de esa fábrica, recuerda ahora a todos aquellos que se quejaban por el trasiego de camiones y tractores en aquellas campañas de remolacha que duraban meses. O a aquellos otros que protestaban por ese olor dulzón que dejaba la fábrica durante la molturación. Pero, sobre todo, no puede dejar de acordarse de los políticos, de uno y otro color, que durante años y años lo único que han visto son los destellos de las fotos con los mismos que ahora se ríen en su cara, mientras dejan en la calle a casi 200 familias.
Y es ahora, cuando ya no hay vuelta atrás, porque a estos del Reino Unido que mandan en Azucarera la planta leonesa de La Bañeza se la chufla, cuando llega el ataque de hipoglucemia. Es ahora cuando los bañezanos y bañezanas sufren el golpe por un bajón de azúcar que deja a La Bañeza y a su comarca en la UCI. Y, mientras, los políticos al y tú más. A mirar para el Gobierno, unos, y a la Junta, otros. Eso sí, sin hacer nada para frenar esta hipoglucemia.