El tren Chispita
De pequeños, cuando traían las ferias en las fiestas de San Juan, nuestros padres nos subían al tren Chispita. Ya saben, ese trenecito que daba vueltas y que se metía al túnel donde un hombre vestido de bruja nos daba con la escoba. El viaje costaba unas 150 pesetas. Y si le quitabas la escoba, se rumoreaba que tenías otro viaje gratis. El momento más esperado era cuando la bruja abría el ventanuco que había encima de una de las entradas al túnel, y con medio cuerpo fuera y un equilibrio más que ensayado, te atizaba en la cabeza. Quizás nuestros padres nos subían en aquella atracción para que desde niños fuéramos haciéndonos a la idea de que esos eran los viajes en tren que en esta provincia nos acompañarían en nuestra vida. Una forma de condicionamiento `pavloviano´. Quién sabe. Lo del tren en esta provincia no tiene solución. El último jarro de agua fría les ha venido a los más posibilistas en forma de informe donde no se aconseja la reapertura de la Soria—Castejón. Al menos esto ha conseguido poner tanto a las patronales como a los partidos políticos sorianos de acuerdo en algo. Pero eso es solo un espejismo, créanme. El alcalde de la ciudad, Carlos Martínez Mínguez, fue el verdadero precursor de reabrir el debate sobre la apertura de esa extinta vía. Y lo hizo con la vehemencia que le caracteriza y la vista puesta en dar oxígeno al gafado polígono de Valcorba que no termina de despegar porque lo que nace viciado, viciado vive. El Gobierno de España, que es de su color, supeditó la posibilidad de resurgimiento de esta infraestructura a un informe cuyo contenido —en lo sustancial—, se ha conocido en recientes fechas y gracias a su publicación en Heraldo—Diario de Soria. Me atrevo a volver a decir que por parte del gobierno de España —al menos del actual—, nunca ha habido interés en reabrir esta vía; de lo contrario, el informe que han pagado ellos habría dicho algo muy distinto. Quien paga manda, ya saben. Pero marear la perdiz y con ella al ciudadano es un arte político desde que el mundo es mundo. Y lo que vendrá ahora, porque todo está inventado, será la furia furibunda de nuestro alcalde. Con ella ganará más tiempo para que el gobierno diga que bueno, que el informe no es vinculante, que sí que hay posibilidad de reapertura, y bla bla bla... Y entre medias verdades, tiras y aflojas, y algún que otro puchero, veremos que alargarán o tratarán de alargar el asunto hasta que lleguen las elecciones generales, y como las perderán, dirán que todo estaba en marcha y a punto de caramelo si ellos hubieran seguido. El partido que llegue al gobierno —Dios mediante será el PP—, se dará cuenta de que en el ministerio los cajones están vacíos. No aparecerá papel alguno con cierta solidez sobre este asunto —nunca aparecen—, y para entonces, el PSOE encenderá toda la artillería contra los populares y el lío, como en otras ocasiones, estará servido. Vía férrea Soria—Castejón: crónica de una muerte anunciada. ¡Ay el tren Chispita!, qué recuerdos…