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Nunca nadie jamás circuló por la política a tanta velocidad sin hacer nada, aparte del ridículo con ímpetu. Esa es la satisfacción que se lleva la jovencísima Noelia Núñez, a la que el ministro Puente pilló con el carrito del helado de los méritos académicos. Poco menos que la individua presumía de haber acariciado el Nobel y el rectorado de la Sorbona. Una inconsciente, a la que no le ha llegado con la crueldad intolerable que ella misma se ha infligido, que ha decidido seguir para constatar que es una mentirosa compulsiva. ¡Qué necesidad!, habiendo cilicios de ocasión en las rebajas. No ha sido suficiente el sufrimiento padecido, bochorno aparte, que encima está dispuesta a darle tres cuartos al pregonero Puente, que es quien espatarró a la joven promesa azul con dos moquetazos en X. Igual no le viene mal a Noelia el asunto para empezar a doblar el lomo, que está en edad. Así aprende lo que es la trayectoria, el esfuerzo, el sacrificio, el mérito y todas esas cosas de las que los partidos prescinden a cambio de unas dotes de telegenia y desparpajo, aunque no sepan hacer la o con un canuto. Deberían plantearse seriamente cerrar las organizaciones juveniles. Sirven para elevar el rango de indocumentados y haraganes. La cantera de la política convertida en un criadero de vanidosos y desleales. La política se curte desde y en la realidad social. Lo de dotarlos de sueldos de cien mil, sin méritos ni competencias, por dar cuatro lametadas al jefe orgánico, acarrea consecuencias. Sobre todo para la ciudadanía, que asiste, hastiada, al espectáculo de la mediocridad parasitando las instituciones. No necesitamos más influencers. Hace falta gente sensata, decidida, esforzada y cultivada en la política. El PP puede empezar por organizar campamentos de verano para Nuevas Generaciones de prácticas en pedanías y pueblines de Castilla y León, metidos al surco y con azada municipal. Una semana, día a día con el regidor. Resultado: el martes no queda ni la gaviota.