'Soria en sonetos', una geografía atemporal
En la feria Expoesía de este año el poeta granadino Diego Caba García Presentó su última obra 'Soria en sonetos', recorrido clásico, emotivo y personal por las tierras sorianas que el autor glosa y contextualiza

El poeta granadino Diego Caba García, que ya ganó el XI Certamen Literario “Un soneto para Soria” del Casino Amistad Numancia y el I Certamen “El poeta de Almajano”, presenta ahora un poemario completo dedicado a gentes, paisajes y tradiciones sorianas.
La efusión poética que los paisajes, las gentes y las circunstancias sorianas han producido en los poetas a lo largo del tiempo es diversa, cambiante y, en muchos casos, difícilmente clasificable; desde lo clásico a lo innovador, de lo íntimo a lo expresivo o de lo externo y paisajístico a lo más estrictamente personal.
Pero quizás el rasgo más común y significativo de toda la producción poética referida a lo soriano sea su repentino despertar en poetas no directamente enraizados con Soria, que a veces como meros viajeros o transeúntes, conectan o, mejor, descubren y prestan su esencia poética a estos paisajes y sus gentes.
Trazable y conocido es el recorrido histórico de este proceso en muchos poetas de sensibilidades bastante diversas entre sí, como el cántabro Gerardo Diego o el sevillano Antonio Machado, por citar quizás a los dos ejemplos más señeros. Es precisamente de otro poeta andaluz del que hablaremos aquí, puesto que Diego Caba García es granadino. Nació en Granada capital y enmascara su arrebatadora pasión poética bajo un título de Licenciado en Derecho y un cartesiano trabajo de gestión como funcionario del Cuerpo Superior de Administradores de la Junta de Andalucía.
Tal vez como contrapeso lírico de su desempeño laboral diario, ha desarrollado un arraigado gusto por lo literario, como autor de una serie de relatos publicados en el periódico “Ideal” entre 2018 y 2022 y, muy especialmente, como poeta.
No nos encontramos ante un poeta novel. Sus poemas han aparecido en diversas antologías poéticas y, entre sus distinciones más recientes, ha sido ganador en el XXIV Certamen Poético “Castillo de Rochafrida y Cueva de Montesinos”, en el IV Premio de Poesía Corta “Isabel Tejero”, en los XLVI Juegos Florales de Tobarra, así como en el XXII Certamen de Poesía “Soledad Escassi”, que concede el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Fue precisamente esta ininterrumpida cosecha de reconocimientos lo que le trajo por primera vez a tierras sorianas. El 30 de mayo de 2023 se anunciaba su nombre como ganador del XI Certamen Literario “Un soneto para Soria”, organizado por la institución cultural privada decana de la provincia, el Círculo Amistad Numancia de Soria, fundado en 1848. El elegante e histórico salón que lleva el nombre de Gerardo Diego era un marco más que adecuado para la entrega del galardón el 3 de agosto de 2023.
La lectura del poema, dedicado a los “Arcos de San Juan de Duero” (tal soledad/ en medio de estas viejas arquerías,/ tanta hermosura herida en las crujías,/ tanta tristura en tanta majestad) y las posteriores palabras del poeta, definían bastante bien el espíritu y la persona de Diego Caba, un hombre cabal y quedo, de modos suaves y maneras educadas, reposadas y clásicas, como su poesía, como sus queridos sonetos, ajustados a la preceptiva literaria clásica pero sonoros, audaces, resonantes y efectivos.
Aquel soneto y aquel viaje veraniego fue el inicio de la obra que aquí traemos hoy y que, poco a poco, se iría fraguando en el universo creativo de nuestro poeta. Al despedirnos, le profetizaba que no tardaría en volver a Soria. Nunca pensé que tan pronto. El 15 de octubre de 2023 volvíamos a encontrarnos en Almajano, cuando recibía el primer premio del I Certamen “El poeta de Almajano” por el soneto “Tregua del río”, en el que evocaba la figura del añorado poeta que daba justificación y nombre al certamen, el recordado José María Martínez Laseca (1955-2022), (¡Quién fuese aquel poeta afortunado/ que un día tuvo en ti su humilde fuente/ y un día en ti murió, terruño amado!).
El contacto breve pero intenso con las tierras, paisajes, gentes y poetas y escritores sorianos de aquellos días, fortaleció en el espíritu poético de Diego Caba una idea que se fue desarrollando hasta plasmarse con fuerza incontenible. ¿Por qué no dedicar a estos lugares, muchas veces detenidos en el tiempo, un poemario, una colección de algo tan clásico, tan atemporal y querido para él como los sonetos?
Dicho y hecho. Poco más de un año después abría yo con infinita emoción y curiosidad el manuscrito de “Soria en sonetos”, un exhaustivo recorrido poético por las tierras y circunstancias sorianas imbuido de clasicismo, cariño y minuciosa observación de estos lugares y sus circunstancias, escrito por alguien que se considera “soriano de adopción”, si no legal, sin duda, poética.
Es el "Soria en sonetos” de Diego Caba un completo compendio poético de impresiones y detalles sorianos, admirablemente recopilado en sus apresurados viajes y, después, complementado y desarrollado mediante una larga serie de lecturas de los poetas y autores que le han precedido, además de una exhaustiva e ilustrada búsqueda por el detalle y la imagen concreta, expresión del gusto por la exactitud de su autor, no extraña en alguien que se somete voluntariamente a la exigente disciplina del soneto en estructura, métrica y rima, cuando podría expresarse en formas más libres y, seguramente, menos trabajosas.
Sin embargo, es esta elección del soneto el gran acierto del poemario sobre Soria, puesto que le presta un ritmo uniforme, casi le otorga la armonía de una sinfonía poética, además de prestarle un clasicismo pautado y reposado, que casa muy bien con lo que se describe y con cómo se describe, además de acompasarse perfectamente con la idiosincrasia personal y la forma de ser y entender la poesía de su autor.
“Soria en sonetos” es, además, un recorrido por la geografía soriana en el más amplio sentido de la palabra. En primer lugar, por la geografía física, puesto que pocos rincones de la provincia escapan a la mirada poética de Caba.
Así, encontraremos en el poemario, entre otros muchos lugares, paisajes, monumentos, pueblos y curiosidades, -y por citar solamente algunos de los versos que, de forma más resonante, permanecen más tiempo en la mente- a Ágreda con sus “pardas iglesias y marfil convento”; al antiguo Árbol de la Música de Soria: “Tú usabas, más que copa, gran chistera,/ y allí la magia, el son y el embeleso”; a la fortaleza de Gormaz: “que, pues me veis caduco y achacoso,/ socavadas mis puertas califales,/ mermadas mis estancias señoriales/ y esclavo de tu brazo vigoroso,”; al misterioso castillo de Ucero: “Púdolo el parteluz, la crucería,/ la ménsula, la clave cincelada,/ la gárgola y la esquina en sillería.”; a la ermita de San Baudelio de Casillas de Berlanga: “A cuanto admira hace de cubierta/ la asombrosa palmera de la vida/ y el ave…allí se queda boquiabierta.”; a la iglesia románica de san Pedro de Caracena y su deslumbrante columna entrelazada: “De ser piernas de piedra ya os cansáis,/ ¡oh fustes dulcemente torsionados,/ que en vuestra sed de caminar, cruzados,/ como piernas de carne os contempláis!”; a la iglesia de san Juan de Rabanera de Soria: “Flor de piedra, remanso levantado,/ tallada mies, pradera vertical,/ cilla exiliada, plácido rodal,/ ¡bulliciosa hasta Soria es a tu lado!”; a la histórica localidad de Monteagudo de las Vicarias: “Pinta al este una raya. Labradores/ rezando en media ermita. Vicaría/ que escoltan dos castillos de utopía”; al serrano pueblo de Oncala: “Oncala, piedra, viento, nieve, enjambre/ de celliscas. Sólo decir tu nombre/ me envuelve de rudeza en densa urdiembre.”
Pero el poemario de Diego Caba puede leerse también como una geografía humana de personajes y sentimientos, con mención explícita e influencia implícita de Antonio Machado y, también, como una geografía temporal que desgrana el transcurrir del año y de la vida en las festividades y costumbres que marcan el devenir del calendario soriano.
Así, encontramos sonetos dedicados a la Bajada de Jesús en Almazán, “y pujan por tus banzos con tan sano/ fervor que a no encumbrarte no se pliegan,”; a las Danzas del paloteo en San Leonardo, “noble, esbelta,/ gira la adamascada chaquetilla,/ y el acebuche, de chocar, se astilla/ con la valiente cobertera celta.”; a las Fiestas de san Juan de Soria, “¡Qué requiebros del toro atolondrado/ qué halagos del corcel impetuoso,/ qué cortejos del vino lujurioso,/ qué promesas del fuego arrebatado!”; o al Paso del Fuego en San Pedro
Manrique, “Tú, cuyos pies al fuego han sometido/ y a quien astros y dioses obedecen./ Tú, a cuya voz las nubes comparecen/ y el ritmo de las siegas has regido”.
Todo ello en un poemario armónico, bien trazado y muy amplio en temática y referencias, aunque no demasiado extenso, sólo cincuenta sonetos; más que suficientes para conformar un retrato preciso e íntimo a la vez de la impresión poética que Soria ha producido en su autor, así como para mostrar el reflejo de una geografía de lugares y de tiempos, poética, personal, exacta, serena y mesurada, como su autor