Heraldo-Diario de Soria

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‘Los sindicatos se tiran a la piscina’. Créanme cuando les digo que sería un muy buen título para una obra de Franz Kafka. Ya saben, el autor alemán que hizo del esperpento, de la ansiedad, de los conflictos paterno-filiales o del absurdo, el `leitmotiv´ de su literatura universal. Y es que la situación entre el equipo de gobierno municipal socialista en el consistorio capitalino y sus trabajadores bien podría calificarse como kafkiana. Lejos de mejorar, y a tenor de las noticias de los últimos días, la situación ha ido a peor. La guerra abierta entre los sindicatos —la mayoría por cierto de marcada tendencia izquierdista—, y el equipo de gobierno de la rosa y el puño viene de lejos. Lo pude comprobar. Y es que en la legislatura pasada —siendo concejal hasta que la actual portavoz popular tirara de la cuerda que accionaba la guillotina política y mi cabeza rodara—, fui miembro tanto de la comisión de personal como de la paritaria donde nos reuníamos con los sindicatos. Allí pude ver y comprobar, como les decía, esa enemistad acérrima que les reconozco se ha recrudecido bastante. Ya escribí hace tiempo sobre este asunto. Y no me es fácil volver a hacerlo sin redundar en lo mismo. Por un lado, seguimos teniendo a una plantilla municipal encabronada y hastiada; por otro lado, a unos sindicatos enfurecidos que ladran pero no terminan por morder; y para despejar la ecuación, a un equipo de gobierno que presume de obrero pero que no es capaz de solucionar los problemas existentes. ¿Y quién paga el pato? Pues el de siempre, es decir, el ciudadano. Les reconozco que no me gustaría estar en el pellejo del actual concejal de personal. Todos estos asuntos relacionados con los trabajadores —tanto en la administración pública como en la empresa privada—, son inevitablemente complejos porque tras ellos, no hay números como algunos ven, sino personas con su sui generis particular. Pero aquí el problema lo han creado quienes llevan ya demasiados años gobernando, pero sin saber, o peor aún, sin querer atajar el problema. Les aseguro que algo sí que sé de estas cosas. Y les diría que la principal es que el fuego, y estos días lo estamos viendo desgraciadamente, no se apaga echando más gasolina a la llama. Quizás sea verdad como denunció el concejal de personal, que algún representante de los trabajadores y en sus horas sindicales, estaba dándose un chapuzón en una piscina. Pero decirlo públicamente y llevado seguramente por el enfado o la venganza, no soluciona nada, sino que más bien deja a la vista que el ayuntamiento se ha convertido en la casa de la `Charito´ donde el entendimiento, la mesura y la capacidad de liderazgo y diálogo, se quedaron pegadas en el felpudo de la puerta. ¿Controla alguien las horas laborales de los concejales liberados ya sean del equipo de gobierno o de la oposición? Mejor no entrar en esa dinámica suicida, porque quizás a más de uno no le pilláramos en la piscina, pero sí en otros lugares. `Los sindicatos se tiran a la piscina´. Créanme, sería un bestseller…

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