CARTA ABIERTA

Abilio Martínez Varea

Obispo Administrador Diocesano de Osma-Soria. Obispo electo de Ciudad Real

El adiós del Obispo de Osma-Soria:"Con gratitud y esperanza"

El obispo administrador diocesano de Osma-Soria se despide de los sorianos ante la inminencia de su traslado a la diócesis de Ciudad Real, «con sentimientos encontrados»

Abilio Martínez VareaP.P.S.

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Mis queridos hermanos:

Con el corazón lleno de sentimientos encontrados, me dirijo a todos vosotros para comunicaros, como muchos de vosotros ya sabréis, que el Santo Padre León XIV ha tenido a bien confiarme un nuevo encargo pastoral como Obispo de la diócesis de Ciudad Real.

Recibo esta llamada con espíritu de obediencia y disponibilidad, consciente de que el Señor nos conduce por caminos que a veces no esperábamos, pero que siempre están enmarcados en su providencia amorosa. Al mismo tiempo, no puedo evitar sentir una verdadera y profunda emoción al tener que despedirme de esta querida diócesis de Osma-Soria que ha sido mi hogar y -también el de mis padres- durante estos últimos años.

Aquí he aprendido a ser pastor junto a vosotros. Hemos compartido alegrías y sufrimientos, retos y esperanzas. He sido testigo del compromiso de nuestros sacerdotes, de la entrega generosa de los consagrados y consagradas, y de la fe viva del pueblo de Dios que camina en estas tierras sorianas. Es una tierra en la que sufrimos la despoblación, pero con gentes luchadoras y recias. Me habéis hecho sentir verdaderamente en casa, no por mis méritos, sino por vuestra capacidad de acogida y afecto. Me llevo muchos nombres propios en el corazón que no podré olvidar jamás, porque formáis parte de estos ocho años de mi vida.

Durante este tiempo he compartido con vosotros momentos que han dejado una huella imborrable en mi corazón. He vivido con vosotros los durísimos momentos de la pandemia de la COVID-19 junto con el sufrimiento de aquellos días de confinamiento: las restricciones celebrativas, el dolor de la soledad y el temor a la enfermedad. También recordaré como una experiencia muy gratificante mi viaje a Camerún. Allí pude conocer vivencias nuevas que me acompañarán toda la vida: conocer la tarea de la misión de primera mano y la entrega de nuestro misionero soriano. Pude ver la alegría de quien, aun sin tener apenas nada material, vive feliz porque tiene a Cristo en su vida. Son vivencias que no olvidaré y que guardaré siempre en mi corazón: las romerías, las peregrinaciones, los encuentros y las celebraciones que he compartido con vosotros.

El Papa Benedicto XVI en su encíclica “Deus caritas est” reafirmó que los obispos tenemos la primera responsabilidad de edificar la Iglesia como familia de Dios y como lugar de ayuda recíproca y de disponibilidad (cf. n. 32). Espero haber sabido cumplir estas funciones durante mi presencia a lo largo de este tiempo en esta querida Diócesis de Osma-Soria y que hayamos sabido vivir como una auténtica familia: la familia de los hijos de Dios que peregrinan en esta tierra soriana.

Pido al Señor que bendiga abundantemente esta Iglesia particular de Osma-Soria, y que quien venga a sucederme sea recibido con el mismo cariño y colaboración que yo he experimentado. Sigamos caminando con esperanza, sabiendo que nuestra misión es sembrar el Evangelio allí donde el Señor nos envíe. No nos cansemos nunca de sembrar las semillas de la fe con nuestra palabra y nuestro testimonio. Solo se recoge lo que se siembra.

Me despido con estas bellas palabras de Antonio Machado:

¡Colinas plateadas, grises alcores, cárdenas roquedas por donde traza el Duero su curva de ballesta en torno a Soria, oscuros encinares, ariscos pedregales, calvas sierras, caminos blancos y álamos del río, tardes de Soria, mística y guerrera, hoy siento por vosotros, en el fondo del corazón, tristeza. ¡Tristeza que es amor! ¡Campos de Soria, donde parece que las rocas sueñan, conmigo vais! ¡Colinas plateadas, grises alcores, cárdenas roquedas!

Queridos sorianos, gracias por vuestro cariño durante estos años de mi vida, por vuestra colaboración y por hacer posible que esta Iglesia que peregrina en Soria sea una Iglesia viva y fructífera. Os pido que me acompañéis con vuestra oración en esta nueva etapa que comienzo, del mismo modo que yo seguiré orando por vosotros, llevándoos siempre en mi corazón. Me encomiendo a la Virgen del Carmen para que siga siendo la Estrella que me guía y no me suelte nunca de su mano amorosa.

Con afecto fraterno y mi bendición en el Señor.