EDITORIAL
El camino de unos presupuestos prejuzgados por la cercanía electoral
Al PP de Mañueco no le queda más remedio que asistir, indisimuladamente, a una gestión de expectativas indolente ante la negociación de los presupuestos de Castilla y León para el próximo año. Vamos anticipando el resultado. No encontrará apoyo ni de VOX ni de PSOE, que son los que tienen la llave de la mayoría que precisan los populares. Ni siquiera la abstención de los socialistas, que sería suficiente para que el PP saque adelante las cuentas de la Junta. Con la abstención de VOX únicamente no le dan los votos al PP. Es decir, el gobierno de Mañueco se encontrará con la imposibilidad parlamentaria de aprobar sus cuentas. Esencialmente porque estamos a poco más de cuatro meses de las elecciones del 15 de marzo. Y ninguna formación, ni grande ni pequeña querrá quedar hipotecada por el apoyo directo o indirecto al PP. Será una travesía estéril, como todas las que surcan desde hace ya muchos años los integrantes de un hemiciclo cada día más distantes y ajenos a la realidad social de Castilla y León.
Las Cortes de Castilla y León han cosechado tanto desinterés entre los ciudadanos que el riesgo que corren todos los partidos en los próximos comicios es de ser golpeados por una creciente abstención. Una abstención a la que alimentará, seguramente, la ausencia de municipales, que son las que más motivan al electorado y al ciudadano, que ahí es donde nota la política cercana. La política de gestión y hecho, no la de dialéctica, retórica algaradas sin resultados prácticos ni consecuencias. VOX ha esgrimido ya doscientas excusas para votar en contra de las cuentas del gobierno, que no son tan distintas, en su espíritu a las que apoyó VOX cuando era gobierno, no hace tanto. Y seguramente alguna de esas doscientas o las contrarias le servirán para votar lo que tienen previsto votar: no, sin contemplaciones. Al PSOE le va a costar más esfuerzo. A su no tendrá que incorporar una enmienda a la totalidad. Al menos para hacer creíble que, a cuatro meses de unas elecciones que aspira a ganar, dispone de un proyecto político para Castilla y León. Y un proyecto político se sustancia fundamentalmente en unas cuentas con las que regir ese modelo ideológico, de desarrollo y de gestión que pretenden para la comunidad. Y eso lo tiene que saber mejor que nadie quien es mandatario de una de las nueve capitales de provincia de Castilla y León, la de Soria. Aunque todas estas expectativas no dejan de contener grandes dosis de ingenuidad a la vista de que la mediocridad se ha atrincherado en las Cortes de Castilla y León, al mismo tiempo que salieron corriendo las ganas de trabajar, el sentido común y la responsabilidad. De todos.