Heraldo-Diario de Soria

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La semana pasada conocimos un nuevo varapalo judicial en forma de sentencia para los socialistas. Sepa el lector que no me refiero a la del Tribunal Supremo y que condenó, el día en que se cumplían los 50 años de la muerte del Generalísimo, al fiscal general del Estado inhabilitándolo `ipso facto´. Sánchez no lo olvidará. Yo me refería a la sentencia del Tribunal de lo Social y que ha condenado a los socialistas del consistorio capitalino soriano por realizar un cambio de forma unilateral en el convenio de los trabajadores del Palacio de la Audiencia. Las cosas en materia laboral continúan rematadamente mal por la llamada casa de todos. Y este nuevo revés judicial lo vuelve a poner de manifiesto. Al parecer, el concejal encargado de velar por los derechos de los trabajadores se pasó por el forro la preceptiva —o al menos necesaria—, negociación con los sindicatos y decidió, porque él lo vale y porque en conjunto se creen estar por encima del bien y del mal, excluir los sábados del cómputo de días festivos. Y claro, como los sindicatos están ya hasta los huevos de tanto ninguneo (que a menudos precios están, por cierto) —me refiero los huevos—, decidieron acudir a la justicia que ahora les ha dado la razón y que ha condenado al ayuntamiento, sin opción de recurso, a devolver a los trabajadores el dinero que les corresponde de los sábados trabajados y que ya habían sido excluidos como festivos por decretazo del referido concejal. Les aseguro que CC.OO, UGT Y USO (conocidos sindicatos de corte izquierdista), están haciéndole más oposición al equipo de gobierno municipal socialista en materia laboral que quienes en verdad deberían hacerla. Este nuevo varapalo judicial en materia de personal es solo la punta del iceberg de una situación anquilosada en el tiempo. Algunos con este tipo de actuaciones no durarían en una empresa privada ni cinco minutos. Pero es que, tratándose para más inri de la administración pública, el problema es aún más grave y como siempre, quien termina pagando el pato de un mal funcionamiento del ayuntamiento es el ciudadano de a pie que en estos tiempos lo que menos necesita es que quienes deberían de resolverle sus problemas se empeñen en agudizárselos. La falta de personal que arrastra el consistorio desde hace años en determinados departamentos, así como el desprecio sistemático a sus necesidades, no solo ha cargado las espaldas de los trabajadores hasta el extremo, sino que ha salpicado a la ciudadanía que ya percibe que bajar a hacer algún trámite al ayuntamiento es peor que la Odisea de Homero. Y esto no se soluciona con huevos, créanme, porque ya vemos qué tortilla se han hecho los sindicatos con los de algún concejal. El cómo tratas a tus trabajadores, y el cómo te perciben ellos a ti, es lo que define si eres o no un buen gestor. Menos soberbia, más dialogo, y mayor comprensión cuando se trata de personas y no de números, deberían de ser las señas de identidad. Pero me temo que ya es tarde. Quizás demasiado tarde.

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