Heraldo-Diario de Soria
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Alertaba hace unos días el Procurador del Común sobre el estado insalubre de muchos locales comerciales en desuso en nuestra capital. Este órgano informativo, y al que por norma general las administraciones le torean pasándose por el arco del triunfo sus recomendaciones, instaba a los ayuntamientos con poblaciones mayores de 20.000 habitantes a tomar cartas en el asunto sobre esta problemática. Y Soria no es ajena a ella. Cualquiera que se dé un paseo por las calles de nuestra ciudad se dará cuenta de ello. Locales que en su día dieron vida a nuestros barrios, albergando en su interior tiendas de comestibles, pescaderías, bares, peluquerías u otros gremios, se encuentran hoy vacíos y sin esperanza alguna de volver a abrir sus puertas. En la mayoría de los casos los propietarios sí cuidan de ellos con la esperanza de que un día suene el teléfono que lleva apuntado en la cristalera varios lustros y vuelvan a cobrar la vida comercial que un día tuvieron. Pero en otros casos, y por diversas razones, el Procurador del Común acierta en el diagnóstico del lamentable estado estético de algunos de ellos. Vaya por delante que la proliferación de negocios de poblaciones extranjeras —en su mayoría de comunidades hispanohablantes—, ha sacado del ostracismo a muchos de esos locales en los extrarradios de la ciudad, y ello, gracias a los bajos alquileres de estos por su situación alejada del centro —amén de su antigüedad—, y porque como digo yo siempre, mejor una renta baja que un local cerrado y con gastos inexorables. Pero esto no soluciona el problema. Entonces, ¿qué hacer? El ayuntamiento por un lado tiene potestad para vigilar la conservación de estos locales acorde a las normativas, pero, por otro lado, no es responsable del deficitario estado de conservación de algunos de ellos. Toda una paradoja. Lo que sí está claro es que la actividad comercial de la ciudad se ha centralizado en el centro y a estos locales hay que tratar de darles una nueva oportunidad analizando otros horizontes. Y se me ocurren dos a bote pronto; uno, flexibilizar la normativa urbanística para darles un uso como vivienda y como distintos propietarios vienen solicitando sin éxito porque algunos no cumplen los requisitos que aquí se solicitan para ese uso y que bien se podrían modificar igualándolos a otras provincias cercanas con menos trabas; y otro, darles un uso como garajes a pie de calle. El primero vendría a facilitar el acceso a la vivienda en estos barrios a iniciativa siempre de los particulares; el segundo, podría resolver un problema acuciante como lo es la ausencia de sitios para aparcar y máxime en algunos barrios de la capital con una particularísima sui géneris. Lo que está claro es que, si desde las administraciones con competencias para ello no se intentan buscar vías para revitalizar los barrios alejados del ágora de las ciudades, el deterioro de los mismos irá a peor. Quizás por una vez se podría hacer caso a lo que, de forma razonable, solicita el Procurador del Común. Pero ya saben, doctores tiene la iglesia; y en materia urbanística, ni les cuento…

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