Heraldo-Diario de Soria
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El drama de Losán es el drama de Soria y de este país: dirigentes desnortados, escasa productividad, falta de competencia, recurso a la deuda y… ruina total. Un drama cercano para que tomemos conciencia. Las malas decisiones, tienen siempre consecuencias malas, como esa deuda de 250M€. No obstante, el problema no es social –sociales son sus consecuencias-- sino mercantil. La empresa lo ha hecho mal y puede pagarlo con su destrucción, total o parcial. Sin embargo, ¿qué pasa con los sindicatos y los comités de empresa? A ellos nunca les pasa nada –son irresponsables, como los políticos—y ahora han escrito una carta a los Reyes Magos de la SEPI para que ‘exija’ un plan industrial que garantice la actividad, la carga de trabajo y los puestos de trabajo. Puestos a pedir, ¿por qué no piden que se garanticen también los beneficios?

Los sindicalistas saben señalar culpables –aunque no den detalles—y aquí ponen el foco en la falta de gestión, de planificación y de estrategia de la empresa, como los factores desencadenantes de su ruina. Ellos, por supuesto, se borran de la ecuación para apuntar que “no estamos ante un simple problema empresarial, sino ante un problema social que ya está teniendo consecuencias psicológicas y económicas muy graves en cientos de hogares … Los trabajadores no pedimos privilegios, pedimos trabajo, futuro y responsabilidad. No se puede permitir que la mala gestión de una dirección empresarial arrastre a 800 familias a la precariedad y a un problema social”.

Esas declaraciones lo único que demuestran es que ellos también adolecen de falta de gestión, de planificación y de estrategia. ¿O los 250M€ de deuda se han generado en 5 minutos? Claro que no. Los sindicatos hace años que son más parte del problema que de la solución. Les falta, sobre todo, la flexibilidad necesaria para que las empresas –no solo Losán—puedan adaptarse al mercado y mantenerse a flote. Tradicionalmente, apoyan a los partidos que se dedican a complicarles las cosas a las empresas con condiciones laborales inasumibles, impuestos disparatados y regulaciones asfixiantes. Condiciones desfavorables que también están detrás de este resultado ruinoso. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Fue antes, mucho antes, cuando los sindicatos tendrían que haber maniobrado a favor de la empresa porque, como pueden comprobar ahora, sin empresa no hay nada.

La empresa es del empresario y de los accionistas. Sin ellos no funciona. Los sindicatos no pintan nada en la dirección de la empresa. No son empresarios porque, si lo fueran, estarían aportando ideas y esfuerzos para reflotarla o pondrían dinero para adquirirla o financiarla. Sin embargo, solo se quejan. El empresario también quiere “trabajo, futuro y responsabilidad”, pero se lo tiene que buscar él solito. A veces, muchas, tiene que cerrar y empezar de nuevo. En este caso concreto, salvo que la empresa esté obsoleta y fuera del mercado, la solución pasa porque ese plan devuelva la competitividad necesaria --un convenio adaptado a ese fin también ayudaría—para convencer a los acreedores y que conviertan su deuda en capital. Sin embargo, los sindicatos no piden eso: piden una subvención a la SEPI, es decir, la mutualización de sus pérdidas. ¡No hija, no! Así no vamos a ninguna parte, porque la empresa tiene que ser viable por sí misma o tendrá que cerrar por mucho que nos duela a todos. Por eso, los médicos cortan por lo sano. La subvención nunca ha arreglado nada, todo lo más sirve para esconder el verdadero problema.

Independientemente de todo esto, la masa social de Losán sí puede hacer una cosa: votar a los partidos que defienden la libertad de mercado, los impuestos bajos y la regulación justa y necesaria, porque solo en ese ecosistema las empresas --y nosotros con ellas—pueden sobrevivir. Seguir votando a los partidos que apuestan por mayor regulación y mayores impuestos no le hace bien a nadie. No se lo hace a las empresas y sin ellas nos quedamos sin nada. En política como en economía, las malas decisiones, traen malas consecuencias. Ahora, quizá, este drama cercano nos permita reflexionar acerca de qué es lo que necesitamos realmente: credos políticos de otros siglos o un ecosistema económico que nos permita ganar, a todos, un futuro mejor. En los mercados globalizados, los que tienen las mejores condiciones ganan y venden. Los que no dan la talla, tienen que cerrar. Sin empresas no hay futuro que valga. ¡No os zancadilleéis a vosotros mismos!

Mario González Casado. Abogado. Maútiko Abogados

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